Irán causó “daños extensos” en el sitio de la mayor planta de gas natural licuado del mundo en Catar, después de haber prometido responder a un ataque previo contra su campo de gas South Pars.
La empresa estatal QatarEnergy informó que hubo ataques con misiles contra Ras Laffan, que ya había sido cerrado previamente tras un ataque con drones iraníes en la primera semana de la guerra de Estados Unidos e Israel contra la república islámica.
“Equipos de emergencia fueron desplegados de inmediato para contener los incendios resultantes, ya que se han producido daños extensos”, señaló QatarEnergy en una publicación en X el miércoles.
Irán había prometido represalias contra instalaciones de petróleo y gas en todo el Golfo tras el ataque a South Pars, parte del mayor yacimiento de gas del mundo y columna vertebral del sistema energético interno de la república islámica.
El asalto, que según funcionarios iraníes provocaría una escalada significativa del conflicto, fue el primero contra instalaciones de producción energética iraníes desde que Estados Unidos e Israel iniciaron la guerra el 28 de febrero, y también apuntó a plantas petroquímicas abastecidas por el yacimiento, según medios estatales iraníes.
Los precios del petróleo y el gas subieron más temprano el miércoles después de que la Guardia Revolucionaria iraní advirtiera que atacaría algunas de las mayores instalaciones energéticas de la región, incluidas Ras Laffan, así como instalaciones en Emiratos Árabes Unidos y la refinería Samref de Arabia Saudita en el mar Rojo.
El Ministerio de Defensa de Arabia Saudita informó que interceptó drones y misiles balísticos en su provincia oriental rica en petróleo, además de cuatro misiles balísticos lanzados hacia la capital, Riad.
El crudo Brent subió más de un 5%, alcanzando casi los u$s 109 por barril —su nivel más alto desde el 9 de marzo— antes de retroceder a alrededor de u$s 107, mientras que los precios del gas en Europa aumentaron un 5% hasta los 53 euros por MWh.
El ataque a South Pars marca la primera vez que la producción de gas de Irán es objetivo directo. Medios estatales habían señalado previamente que estas instalaciones proveen más de dos tercios del gas doméstico del país.
Irán atribuyó el ataque a “enemigos” y prometió responder contra objetivos energéticos vinculados a Estados Unidos. Ni Washington ni Israel se adjudicaron de inmediato la autoría del ataque y ambos países se negaron a hacer comentarios.
Un exfuncionario petrolero iraní afirmó que la guerra está entrando en el “inicio de una fase mucho más peligrosa” y advirtió que Irán “arrasará” las plataformas de gas de Catar “hasta dejarlas en el suelo” si sus principales refinerías son atacadas.
Funcionarios iraníes indicaron que cuatro secciones de las instalaciones de procesamiento de South Pars fueron alcanzadas y debieron ser desconectadas “para controlar y evitar la propagación del fuego”, aunque el alcance total de los daños no estaba claro de inmediato.
No se reportaron víctimas fatales.
Catar y Emiratos Árabes Unidos condenaron el ataque a South Pars. Doha lo calificó como “peligroso” e “irresponsable”, mientras que Emiratos subrayó “la necesidad de evitar atacar infraestructuras vitales bajo cualquier circunstancia”.
South Pars forma parte del mayor yacimiento de gas natural del mundo y es una extensión del North Field de Catar, que antes del conflicto había convertido a Doha en uno de los mayores proveedores globales de GNL. Catar ya había suspendido exportaciones tras un ataque previo con drones iraníes.
Torbjorn Soltvedt, director asociado en la consultora de riesgo Verisk Maplecroft, sostuvo que el ataque refuerza la idea de que la guerra “probablemente se extenderá hasta mayo, sin una salida clara en el corto plazo”.

Irak, que depende de las importaciones de gas iraní para generar electricidad, informó que los flujos desde Irán se detuvieron completamente el miércoles por la tarde y advirtió que esto “afectará a la red eléctrica”.
La guerra ya ha provocado una fuerte disrupción en los suministros energéticos, con el tránsito en el estrecho de Ormuz prácticamente paralizado tras ataques iraníes a varios buques.
Normalmente, cerca del 20% del petróleo y el GNL mundial pasa diariamente por este estrecho, y algunos países asiáticos ya enfrentan posibles escaseces o racionamientos.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, que había hecho de los precios bajos de la energía un eje central de su mensaje político, autorizó la liberación de reservas estratégicas de petróleo en coordinación con otros miembros de la Agencia Internacional de Energía para intentar contener los precios.
Sin embargo, el riesgo de una disrupción prolongada o de una ampliación de los ataques a la infraestructura energética podría impulsar aún más los precios del petróleo y el gas.
Richard Bronze, jefe de geopolítica en Energy Aspects, señaló que atacar la producción de gas podría ser un intento de desestabilizar internamente a Irán.
Agregó que este factor, junto con los bombardeos estadounidenses sobre la costa iraní el martes por la noche, “probablemente está haciendo que los operadores del mercado asuman que el conflicto puede durar más y que el riesgo de daños a la infraestructura está aumentando”.
El gobernador del polo gasífero y petroquímico de Assaluyeh, alimentado por South Pars, afirmó que los ataques implican que “el péndulo de la guerra ha girado” hacia una “guerra económica a gran escala”.
“La seguridad energética en la región ha llegado a cero”, dijo Eskandar Pasalar en declaraciones a medios estatales.
Durante la guerra, Irán ya ha atacado instalaciones energéticas en todo el Golfo, incluyendo refinerías en Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita, así como yacimientos de petróleo y gas en ambos países.

















