Un rally en los bonos corporativos redujo la prima por asumir riesgo crediticio adicional a mínimos históricos, lo que despertó advertencias de algunos inversores sobre un comportamiento “similar al de una burbuja” en partes del mercado.
Los bonos corporativos quedaron atrapados en una fuerte suba de los activos de riesgo desde comienzos del año pasado, que también impulsó a las bolsas a una serie de máximos históricos. El movimiento estuvo respaldado por expectativas de que la administración de Donald Trump mantenga a la economía estadounidense funcionando “recalentada” este año, favoreciendo el crecimiento global.
El costo promedio adicional de financiamiento —o spread— que pagan las empresas con alta calificación en EE.UU. y Europa frente a la deuda soberana cayó a su nivel más bajo desde antes de la crisis financiera global de 2008. Al mismo tiempo, el rendimiento extra que ofrece la deuda más riesgosa también se redujo de forma marcada.
Eso llevó a gigantes tecnológicos como Alphabet y Oracle a aprovechar las condiciones de mercado altamente favorables con grandes emisiones de bonos. Pero también está generando mayor cautela entre algunos inversores.
“Los mercados de crédito han mostrado un comportamiento cada vez más parecido al de una burbuja desde finales del verano pasado”, afirmó Nuwan Goonetilleke, responsable de mercados de capitales del asegurador Phoenix Group, integrante del FTSE 100 y gran comprador de deuda corporativa y soberana, al señalar la compresión de los rendimientos.
En respuesta, Phoenix vendió parte de sus posiciones en deuda corporativa y reasignó fondos hacia otras áreas de renta fija, como los gilts británicos. También optó por “subir en calidad, para asegurarnos de estar mejor posicionados ante cualquier revalorización”, explicó Goonetilleke.

Los spreads ajustados reflejan una demanda intensa de los inversores en bonos, atraídos por niveles generales de ingreso más altos que en los años posteriores a la crisis, ayudados por un fuerte aumento en los rendimientos de los bonos soberanos. Algunos prefieren comprar deuda corporativa, ya que muchas compañías han sido más prudentes en su endeudamiento que gobiernos con mayor gasto.
Eso ayudó a que el diferencial entre los índices globales de bonos corporativos con calificación A y doble A, elaborados por Ice BofA, cayera este año por debajo de 0,2 puntos porcentuales por primera vez desde que existen datos en 1997.
La brecha entre los rendimientos de la deuda corporativa global triple B y A se redujo a poco más de 0,3 puntos porcentuales, cerca de su nivel más bajo desde antes de la crisis financiera.
Alphabet, con calificación doble A plus según S&P, aprovechó esta semana la fuerte demanda y emitió un inusual bono a 100 años.
Oracle, calificada triple B por S&P, colocó u$s 25.000 millones la semana pasada, pese a la presión de una posible rebaja de calificación ante la preocupación de los inversores por el aumento de su deuda vinculado al gasto en inteligencia artificial.
“Fue inteligente de su parte emitir cuando los spreads están tan ajustados”, dijo un gestor estadounidense de carteras de grado de inversión. “Esta operación habría tenido dificultades si la gente no estuviera tomando cada pequeña oportunidad disponible”.
Mientras tanto, el fabricante de cemento Titan Cement, con calificación doble B, emitió la semana pasada un bono por 350 millones de euros a alrededor de 1,1 puntos porcentuales sobre los Bunds alemanes. La deuda de empresas con calificación similar se colocó el año pasado con un spread promedio superior a 1,9 puntos porcentuales.
El rendimiento total de los bonos corporativos estadounidenses de grado de inversión —la suma del rendimiento soberano más el spread corporativo— se acerca al 5% y se mantiene por encima de la mayor parte del período posterior a la crisis financiera. Esto se debe en gran parte al aumento de los rendimientos soberanos, luego de que los bancos centrales elevaran sus tasas tras la pandemia de Covid-19 y ante la creciente preocupación por la demanda de niveles récord de emisión de deuda por parte de las grandes economías.
Algunos inversores sostienen que estos rendimientos más altos están llevando a prestar menos atención a si el componente del spread compensa adecuadamente el riesgo asumido. Algunos gestores advierten que esta compresión entre distintas categorías de calificación deja a los inversores más expuestos ante una desaceleración económica.
“Hay personas que compran rendimiento y más rendimiento y no están siendo compensadas por el riesgo que están asumiendo”, señaló Ben Lord, gestor de fondos en M&G Investments.
Analistas de Citi afirmaron en una nota la semana pasada que “la compresión en la parte alta crea un riesgo asimétrico significativo; las consecuencias de un shock de mercado son ahora mucho mayores”.
Para algunos, esto implica que los inversores deben ser mucho más selectivos respecto de qué compran y qué evitan.
“Ahora es un mercado para seleccionar bonos”, concluyó Matthew Brill, responsable de crédito grado de inversión en Norteamérica en Invesco. “Habrá más ganadores y más perdedores este año. No se puede simplemente comprar muchas empresas triple B y esperar que la ola te impulse”.
¡Queremos conocerte!
Registrate sin cargo en El Cronista para una experiencia a tu medida.

















