El enorme plan de estímulo de Joe Biden afectará al mundo entero

El Congreso de Estados Unidos aprobó la semana pasada un paquete de alivio financiero de u$s 1,9 billones. A los países más pobres les resultará más difícil adaptarse a tasas de interés más altas y a un dólar fuerte.

Durante la década posterior a la crisis financiera de 2008/2009, muchos comentaristas señalaron que la política monetaria se había convertido en "la única alternativa".

Mientras los diferentes gobiernos se preocupaban por reparar sus propios balances a medida que los ingresos fiscales colapsaron tras la crisis financiera, los banqueros centrales asumieron la responsabilidad de tratar de estimular la economía a través del dinero barato y los programas de compra de activos no convencionales.

El gigantesco paquete de estímulo fiscal de u$s 1,9 billones que acaba de aprobar el Congreso de Estados Unidos pondrá fin a este régimen. El cambio tendrá importancia mucho más allá de las fronteras de EE.UU.

Las últimas perspectivas económicas de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) pronostican que el programa de gasto público del presidente estadounidense, Joe Biden, que representa el 8,5% del ingreso nacional estadounidense, junto con el rápido despliegue de los esfuerzos de vacunación, elevará los ingresos mundiales en un 1% este año.

El grupo de expertos con sede en la ciudad de París estima que la economía mundial se expandirá hasta un 5,6% este año desde su mínimo inducido por la pandemia, por encima de su pronóstico anterior, que fue del 4,2% en diciembre pasado.

Una economía estadounidense en auge significa que la demanda económica se extenderá al resto del mundo, particularmente a sus vecinos más cercanos y socios comerciales más importantes, México y Canadá, así como a las economías orientadas a la exportación en el este de Asia y Europa.

Para las economías avanzadas, que piden préstamos en sus propias monedas, las implicaciones de un crecimiento más rápido en EE.UU. son casi completamente positivas, ya que el potencial de exportación aumentará y se alentará el sentimiento de "pro riesgo" que impulsa la inversión.

Un sobrecalentamiento de EE.UU. -si la mayor demanda de bienes y servicios conduce a limitaciones de capacidad y provoca una mayor inflación- podría, sin embargo, desencadenar tasas de interés más altas a nivel mundial.

Los inversores están apostando a que la Reserva Federal se verá obligada a aumentar las tasas para limitar la presión inflacionaria o decidirá eliminar el estímulo a medida que la economía vuelva a algo cercano al pleno empleo.

Los miembros del directorio del Banco Central Europeo ya están preocupados de que esto pueda aumentar los costos de financiamiento, reduciendo la efectividad de sus esfuerzos de estímulo en una región donde la política monetaria sigue siendo, por mucho, la forma más importante de estímulo.

En tanto, los países más pobres que luchan por obtener préstamos en sus propias monedas tendrán más dificultades para adaptarse.

El aumento de las tasas revertirá algunos de los flujos de capital que han financiado a las economías frágiles y conducido a un dólar más fuerte, especialmente si la recuperación de EE.UU. difiere de la de otros países ricos.

Los países más expuestos se encuentran hoy en una mejor posición que durante el "taper tantrum" del año 2013, cuando la Reserva Federal sugirió que comenzaría a reducir el ritmo de compra de activos, y las monedas de los mercados emergentes se desplomaron.

Muchas naciones han pasado el período intermedio acumulando reservas para protegerse contra salidas similares y reducir su dependencia de la financiación externa denominada en dólares.

Sin embargo, el aumento de la carga de la deuda del sector público significa que para muchos países pobres el aumento de las tasas tendrán un impacto negativo, tanto a través de los déficits públicos como de los déficits en cuenta corriente.

Los costos de intereses más altos podrían significar que algunos gobiernos tendrán dificultades para pagar el servicio de la deuda.

El aumento de los precios de las materias primas, impulsado por los esfuerzos de estímulo de China y Estados Unidos, ayudará a los exportadores, pero se sumará a los problemas de los importadores.

Sin embargo, en última instancia, la combinación de políticas es una mejora con respecto a la dependencia de la política monetaria posterior a 2008.

Si la OCDE tiene razón sobre el impacto del programa de estímulo de Biden, y hay buenas razones para pensar que lo será, entonces una economía estadounidense más fuerte ayudará a impulsar una recuperación a nivel global.

Sería incluso mejor si el mundo ya no tuviera que depender de una sola fuente de estímulo y otros países ricos fueran igualmente ambiciosos.

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