El acuerdo de Argentina con el FMI es una advertencia sobre la deuda de los mercados emergentes

Con China el como mayor prestamista de los mercados emergentes, el antiguo enfoque occidental de la reestructuración ya no funciona.

La semana pasada, el gobierno de Argentina recibió un impulso muy necesario: el FMI aceptó finalmente reestructurar un préstamo de u$s 57.000 millones, evitando un inminente default. Es una buena noticia para Alberto Fernández, el presidente del país. También es un alivio para el personal del FMI, dada la historia de los embarazosos fracasos del Fondo en Argentina.

Sin embargo, para los inversores mundiales, el acuerdo debería ser una llamada de atención, y no sólo porque subraya la naturaleza intratable de los problemas estructurales de Argentina, que no se han abordado. También plantea una cuestión mucho más importante: ¿qué ocurrirá con la problemática deuda soberana del resto del mundo este año, especialmente entre los países más pobres que no pueden contar con esta escala de generosidad del FMI?

La cuestión es alarmante por tres razones. En primer lugar, los políticos y votantes occidentales han sido deprimentemente complacientes con la magnitud del dolor económico y humano que la pandemia ha infligido a los países pobres en los últimos dos años. Las noticias de Argentina, por ejemplo, apenas han sido objeto de titulares.

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En segundo lugar, aunque este dolor se ha ignorado en gran medida en Occidente, está empeorando. Tanto es así que David Malpass, presidente del Banco Mundial, advirtió el mes pasado que el mundo se dirige ahora a una racha de "defaults desordenados" entre las naciones más pobres.

Mientras tanto, el FMI calcula que el 60% de los países de bajos ingresos se enfrentan ahora a problemas de deuda. Esta cifra duplica la de 2015. Los inversores se preparan para posibles incumplimientos de países de bajos ingresos como Sri Lanka, Ghana, Túnez y El Salvador, así como de países de ingresos medios como Líbano, Turquía y Ucrania. El aumento de las tasas de interés en Estados Unidos agravará la presión sobre estos países.

El tercer gran problema, sin embargo, es que los procesos financieros para resolver y reestructurar estas deudas se están deshaciendo.

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Durante la segunda mitad del siglo XX, el mundo occidental organizó la reestructuración de la deuda de los países pobres utilizando el marco del Club de París. Esto le permitió a los países acreedores llegar a acuerdos respaldados por instituciones como el FMI y el Club de Londres, de prestamistas comerciales.

Este enfoque centrado en Occidente ya no funciona. Un sorprendente gráfico del FMI muestra por qué: hace una década, los países de bajos ingresos tenían unos u$s 80.000 millones de deuda externa bilateral (excluyendo los préstamos multilaterales y privados). Dos tercios procedían de prestamistas del Club de París.

Hoy en día, estas deudas superan los u$s 200.000 millones, y menos de un tercio es prestado por el Club de París. El resto se debe en su mayor parte a China, que ha ampliado sus embargos de forma tan frenética que ahora es "el mayor prestamista de los mercados emergentes", como señala un nuevo y contundente informe del comité Bretton Woods de luminarias financieras.

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Este cambio radical hace que el mecanismo del Club de París sea menos relevante, sobre todo porque la naturaleza y la escala de esos préstamos chinos es profundamente opaca. AidData, un grupo de investigación estadounidense, cree que los países de mercados emergentes tienen otros u$s 385.000 millones de deuda china oculta, que no se contabiliza en las estadísticas oficiales.

La situación de Zambia ilustra este problema. Hace dos años, los acreedores occidentales trataron de negociar un acuerdo para su deuda, pero como Zambia se negó a revelar sus deudas chinas, hubo "un nivel de desconfianza que hizo prácticamente imposible avanzar en la reestructuración del país", señala el informe de Bretton Woods.

Y lo que es peor, las exposiciones a las empresas del sector privado y a los fondos de cobertura son cada vez más numerosas y opacas. Muchos de esos prestamistas son cada vez más agresivos. Los esfuerzos por reestructurar la deuda de Chad, por ejemplo, se han visto complicados por los préstamos de Glencore, el grupo minero.

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¿Hay alguna solución? El informe de Bretton Woods sostiene que un paso crucial sería que los gobiernos crearan una base de datos unificada y transparente de sus deudas. Pide a las agencias de calificación, a los bancos multilaterales y a los inversores con mandatos de gobernanza medioambiental y social que presionen para conseguirlo.

También sostiene que el antiguo marco del Club de París debe ser revisado para dar a China un asiento adecuado en la mesa. Por último, pide que los prestamistas del sector privado se incorporen a las negociaciones en una fase mucho más temprana.

Esto es totalmente sensato. Además, estas ideas cuentan con el apoyo de organismos como el FMI, que en los últimos años ha intentado, y en gran medida no ha conseguido, crear un marco más racional. Pero la verdadera incertidumbre es saber si el G20 en general, y China en particular, se prestarán a ello.

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El FMI está ahora implorando al G20 que tome medidas. Kristalina Georgieva, directora del FMI, cree -o espera- que ese avance podría producirse este año, sobre todo porque Indonesia es el presidente entrante del G20. "Indonesia tiene más posibilidades de conseguir que los países de los mercados emergentes y China lleguen a un acuerdo", declaró esta semana al Financial Times.

Sin embargo, el gobierno de Beijing parece estar dividido internamente sobre la conveniencia de cooperar. Además, la historia del G20 sugiere que es un grupo tan reactivo que es poco probable que actúe hasta que tenga una crisis total de deuda en sus manos. Eso, por supuesto, es lo último que necesita un mundo afectado por una pandemia.

De ahí que los políticos occidentales, por no hablar de los inversores, deban prestar atención urgentemente al mensaje de Argentina. Aunque parezca tentador seguir tapando los problemas de deuda de los países pobres (y no tan pobres), esto no los arreglará mágicamente. Recemos para que Indonesia pueda hacer algo de magia.

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