ANÁLISIS

Conflicto Rusia y Ucrania: cómo Vladímir Putin llevó a Europa al borde de la guerra

Pero los estadounidenses creen que la tarea ahora es intentar convencer a Putin de que se retracte de una decisión que ya está tomada.

Angela Merkel describió una vez a Vladimir Putin como un líder que utilizaba métodos del siglo XIX en el siglo XXI. Lo que el excanciller alemana quiso decir es que el líder ruso es un hombre que cree en la guerra y el nacionalismo en una época supuestamente definida por leyes y globalización.

Merkel hizo el comentario después de que Rusia se anexara Crimea en 2014. Ahora, los gobiernos de Estados Unidos y Gran Bretaña advierten que Putin está listo para iniciar "la mayor guerra en Europa desde 1945" lanzando una invasión mucho más amplia de Ucrania, que incluiría un asalto directo a su capital, Kiev.

Este fin de semana, gran parte de la élite política y de seguridad occidental se reunió en Alemania para la Conferencia de Seguridad de Múnich. Junto a la tensión y la aprensión, una de las emociones dominantes fue simplemente incredulidad.

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Muchos diplomáticos y políticos, predominantemente europeos, seguían negándose a creer los informes basados en la inteligencia que salían de la anglosfera. La opinión de los escépticos era, en general, que los combates se limitarían al este de Ucrania. Especulan que el objetivo de Putin es ejercer presión política, económica y psicológica hasta el punto de que el gobierno ucraniano se desmorone: o que Occidente haga enormes concesiones diplomáticas.

Hay otro tipo de incredulidad entre quienes están convencidos de que Putin está a punto de "ir a lo grande" y lanzar una invasión sangrienta a gran escala, destinada a derrocar al gobierno ucraniano. Un alto responsable político dice que, en medio de una conversación con su homólogo estadounidense sobre la guerra inminente: "Ambos hicimos una pausa y dijimos: 'No puedo creer que estemos teniendo esta conversación'".

Esas conversaciones contienen, en efecto, escenarios asombrosos y angustiosos. Funcionarios occidentales creen que si los militares rusos atacan o rodean Kiev, es probable que utilicen las tácticas brutales que Putin ha desplegado en Chechenia y Siria. Esto involucraría un despliegue masivo de artillería y poderío aéreo, y la posibilidad de más de 50.000 muertes de militares y civiles en una semana. ¿Cómo llegamos a este punto?

Hay respuestas a corto y largo plazo a esta pregunta. A corto plazo, la Casa Blanca ha estado convencida de que la guerra era probable desde antes de Navidad. Desde entonces, los esfuerzos de la administración Biden se han dirigido a intentar desviar a Putin dejando claro que pagará un alto precio económico y diplomático por la guerra. Los estadounidenses siempre fueron pesimistas sobre sus posibilidades de éxito, pero estaban decididos a intentarlo.

Los gobiernos de Estados Unidos y el Reino Unido creen que la decisión de atacar se tomó la semana pasada. Han considerado la posibilidad de que los rusos estén creando deliberadamente un rastro de información falsa, como parte de una campaña de presión psicológica. Pero el gran volumen de preparación que están viendo y escuchando los ha convencido de lo contrario. La decisión de ir a la guerra tiene que estar difundida en todo el sistema ruso. No puede ocultarse. También se están vigilando conversaciones nerviosas entre las tropas rusas que creen que van a entrar en combate.

Esa creencia de que la guerra es inminente se ve reforzada por los acontecimientos que se están produciendo: el recrudecimiento de los combates en el este de Ucrania; el aumento de los ciberataques; el anuncio de que las tropas rusas se quedarán en Bielorrusia; y la noticia de que Rusia está realizando simulacros con armas nucleares, diseñados para intimidar a sus adversarios. Como me dijo un alto funcionario europeo, "es como ver el guion de una película representado con todo detalle". Los esfuerzos para evitar la guerra continúan. Pero los estadounidenses creen que la tarea ahora es intentar convencer a Putin de que se retracte de una decisión que ya está tomada.

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La pregunta a largo plazo sobre cómo hemos llegado hasta aquí se remonta a la conferencia de Múnich de 2007. Fue allí donde Putin pronunció un airado discurso en el que denunció el orden de la posguerra fría y el uso del poder estadounidense en Irak y en todo el mundo.

Al año siguiente, Rusia entró en guerra en la vecina Georgia. En 2014 se produjo el primer ataque a Ucrania y la anexión de Crimea. Los líderes occidentales amenazaron a Rusia con lo que Merkel calificó de "daño masivo, económico y político". Pero Rusia capeó las sanciones y en 2018 organizó una exitosa Copa Mundial, que terminó con el recibimiento por parte de Putin de los presidentes de dos países de la Unión Europea, Francia y Croacia, en el palco VIP.

Si Putin está ahora dispuesto a restarle importancia a las amenazas de sanciones occidentales, puede ser porque, literalmente, ya lo ha oído todo antes. Sin embargo, un ataque a gran escala a Ucrania representaría una escalada masiva en su voluntad de utilizar la fuerza y aceptar la confrontación con Occidente.

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Después de más de 20 años en el poder, a los 69 años de edad, es posible que ahora esté en el negocio del legado. Ha expresado un profundo deseo de "reunificar" el Russkiy Mir, o mundo ruso, que, según él, está ahora dividido. Devolver a Ucrania a la órbita de Moscú podría verse como la culminación de una tarea histórica.

Si Putin realmente piensa como un personaje del siglo XIX, entonces seguramente cree que el derramamiento masivo de sangre se justifica si tiene el propósito de unir la nación. Después de todo, el ejército de Abraham Lincoln quemó Atlanta en 1864 para preservar la unidad estadounidense. Otto von Bismarck libró tres guerras para unificar Alemania, y sigue siendo objeto de elogiosas biografías.

Sin embargo, muchos analistas, incluyendo los liberales rusos, creen que Putin se engaña peligrosamente si cree que ese tipo de guerra todavía es posible en Europa. Actualmente, cada atrocidad cometida por las fuerzas rusas será grabada en el smartphone de alguien y difundida en todo el mundo. Los jóvenes rusos disfrutan de las mismas libertades tecnológicas y sociales que sus contemporáneos de Europa occidental. ¿Aceptarán realmente los peligros, las privaciones y el oprobio moral que podría provocar Putin?

¿Puede Putin, entonces, seguir utilizando los métodos del siglo XIX en el siglo XXI? Quizás estemos a punto de averiguarlo.

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