FINANCIAL TIMES

Cautela de los inversores ante el riesgo político en América latina

Las décadas de bajo gasto en infraestructura y el avance de los populistas imprevisibles en la región aumentan la preocupación en el mercado

La evaluación del riesgo político en los proyectos de infraestructura en general implica un análisis de la letra chica de los cambios regulatorios o las modificaciones que sufren los manifiestos de los partidos políticos durante el período previo a las elecciones.

Sin embargo, el incendio que arrasó la sede chilena de Enel, la compañía energética italiana, durante los disturbios civiles de 2019 fue un vívido recordatorio de otros riesgos menos predecibles que enfrentan en Latinoamérica quienes invierten en infraestructura.

Las protestas en Santiago se desencadenaron a raíz de un aumento de tres centavos en el boleto del metro y provocaron ese incendio y vandalismo en decenas de estaciones de la capital. Resultó ser el catalizador de una ola de ira contenida contra lo que muchos chilenos consideraban servicios públicos caros y de mala calidad.

Los acontecimientos escandalizaron a los inversores porque se produjeron en un país asociado a la estabilidad y el crecimiento constante a largo plazo.

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Sin embargo, el gasto público de emergencia y la promesa de una nueva constitución desarticularon las protestas en Chile y los inversores en infraestructura se ven seducidos de nuevo por el país sudamericano, atraídos por proyectos como el hidrógeno verde y la construcción de rutas.

Henrique Martins, CEO en Brasil de Brookfield, la gestora de activos canadiense, insiste en que América latina sigue siendo "una de las mejores oportunidades del mundo" por su enorme necesidad de infraestructura y la limitada capacidad de los gobiernos para financiarlas.

Brookfield tiene u$s 30.000 millones invertidos en Sudamérica, principalmente en Brasil, donde la empresa administra autopistas, puertos, ferrocarriles, agua y distribución de gas.

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Sin embargo, los inversores de la región todavía tienen que lidiar con los riesgos, y con las oportunidades. América latina ocupa el segundo lugar del mundo en cuanto a riesgo político, después de África subsahariana, según Fitch Ratings, pero no necesariamente compensa a los inversores con mayores beneficios debido a que muchos mercados son chicos y las perspectivas de crecimiento, limitadas.

"Los mercados de infraestructura de Latinoamérica se caracterizan, en general, por su elevado riesgo y limitadas recompensas, lo que debilita el atractivo general de la región", concluye el informe de Fitch de este año, aunque señala que los niveles de riesgo varían según el país.

Colombia, Chile y Perú, que en la última década han sido algunos de los países más atractivos para los inversores en infraestructura, tienen elecciones presidenciales en el próximo año y medio, y las encuestas muestran un aumento de las probabilidades de que los imprevisibles populistas desplacen a los actuales mandatarios que buscan condiciones favorables para los inversores.

Al mismo tiempo, tras décadas de bajo gasto, la inversión en caminos, puertos, generación de electricidad, agua, alcantarillado y telecomunicaciones es muy necesaria.

La inversión total en infraestructura en América latina y Caribe alcanzó un promedio del 2,8% del PBI anual entre 2008 y 2017, muy por debajo de las economías emergentes rivales. Fue de 5,7% en Asia Oriental y el Pacífico, de 4,8% en Medio Oriente y el norte de África, y de 4,3% en el sur de Asia, según el informe Desarrollo en las Américas 2020 elaborado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

Brasil, Colombia, Chile y Perú lideran ahora los esfuerzos por recuperar el terreno perdido, con la esperanza de atraer capital privado a una serie de proyectos de transporte, saneamiento y energía.

Adi Blum, director gerente del equipo global de infraestructura energética y eléctrica de BlackRock, una gestora de activos que ha invertido más de u$s 2400 millones en proyectos de energía, transporte e infraestructura social en toda América latina, afirma: "Nos centramos primero en la energía. Hubo una enorme inversión en todo Latinoamérica en energías renovables".

El año pasado se invirtieron u$s16.400 millones en energías renovables en América latina, y la mayor parte -unos u$s 9000 millones- la recibió Brasil, según datos de Bloomberg citados por el BID. Si bien México retrocedió al promover legislación que favorece a la generadora eléctrica estatal, que mayormente emplea combustibles fósiles, Colombia es otro país que ha impulsado activamente las energías renovables.

"Colombia es un caso extraordinariamente positivo", contó Ariel Yepez, jefe de la división de energía del BID. "Han aprobado reformas para promover una mayor adopción de las energías renovables .. hace dos años hicieron una nueva licitación muy innovadora para la energía renovable y que fue muy exitosa".

Latinoamérica enseguida tomó la delantera en el área de energías renovables debido a sus enormes recursos hídricos, lo que condujo a la construcción de numerosas represas hidroeléctricas. Yepez también cree que la región puede ser una de las primeras en sustituir los combustibles fósiles por renovables debido al potencial eólico y solar de los países andinos, y de México en particular.

Mientras tanto, sin embargo, hay incertidumbres políticas.

Blum, de BlackRock, dice que la empresa adopta un "enfoque de asociación" para mitigar este riesgo. "Una inversión tiene que funcionar en 360 grados", dice. "Si estamos evaluando una oportunidad de inversión, y hemos visto banderas rojas en términos del potencial impacto negativo que podía tener en una circunscripción en particular, entonces definitivamente va a ser parte de nuestra consideración".

Aun así, como señaló el BID en su informe sobre inversión en infraestructura del año pasado, para cerrar la brecha de calidad con otros países, la región debe hacer algo más que invertir en estructuras nuevas.

"No basta con tener acceso a un ómnibus moderno si llega tarde, está abarrotado de pasajeros y el precio del boleto en el mes equivale al 10% del salario mínimo", concluyó el banco. "Tampoco es suficiente con estar conectado a la red eléctrica si todos las semanas hay cortes de luz".

Traducción: Mariana Oriolo

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