La fragilidad del régimen ruso

Alexei Navalny, el archienemigo de Putin, es una verdadera amenaza para su poder

Se trata de la provocación más peligrosa que enfrenta el líder ruso en las dos décadas que lleva en el poder.

Hace dos años, un amigo ruso me dijo que creía que Alexei Navalny representaba un serio peligro para Vladimir Putin. Yo era escéptico. Rusia había superado la condena internacional y las sanciones económicas impuestas tras la anexión de Crimea en 2014. El país acababa de organizar un exitoso Mundial de fútbol. El presidente Putin estaba bien afianzado en el Kremlin.

Pero mi amigo tenía razón. Gracias a su valentía, determinación y capacidad de investigación, Navalny ha galvanizado a la oposición rusa. Sobrevivió a un intento de asesinato y volvió a Rusia para enfrentarse a la detención, la cárcel y, posiblemente, la muerte. Su ejemplo inspiró protestas masivas en todo el país durante el fin de semana. Tenga éxito o fracase, Navalny representa ahora la amenaza más peligrosa que enfrenta Putin en las dos décadas que lleva en el poder.

Ya ha habido grandes manifestaciones contra Putin. Estuve en Moscú a principios de 2012, cuando miles de personas salieron a las calles para protestar contra el regreso del líder ruso a la presidencia. Estuve allí de nuevo, el verano pasado, cuando hubo nuevas manifestaciones anti-Putin debido a la manipulación de las elecciones locales.

Pero esta vez parece diferente. Hubo protestas en más de 100 ciudades de toda Rusia, desde Vladivostok, en la costa del Pacífico, hasta Irkutsk, en Siberia, y Kazán, en Tatarstán. Observadores experimentados afirman que el nivel de violencia utilizado contra los manifestantes está aumentando: la policía mueve sus garrotes con más desenfreno, y algunos manifestantes se defienden. En 2012, la oposición no tenía un líder claro. Ahora lo tiene.

"Navalny representa ahora la amenaza más peligrosa que enfrenta Putin en las dos décadas que lleva en el poder" 

Navalny y su organización provocaron gran enojo en la gente con una extraordinaria investigación sobre una residencia palaciega, aparentemente construida para Putin junto al Mar Negro. Una película y un ensayo con imágenes, publicados para coincidir con el regreso de Navalny a Rusia, destacan la extraordinaria opulencia del palacio. Las maquetas computarizadas, que supuestamente se armaron en base a datos filtrados por obreros descontentos, muestran un casino, una sala para baile del caño, un anfiteatro y lo que parece una pista de hockey sobre hielo subterránea. El lugar hace que el Mar-a-Lago de Donald Trump parezca una choza. La superficie total del complejo, que fue filmada por un avión no tripulado, es 39 veces el tamaño de Mónaco.

"En 2012, la oposición no tenía un líder claro. Ahora lo tiene" 

Dmitry Peskov, el vocero del Kremlin, dice que si bien el palacio parece existir, no pertenece a Putin. Lo que plantea la pregunta obvia: ¿de quién es?

El Kremlin sigue diciendo que Navalny es una figura de poca importancia, y hasta hace poco se negaba a pronunciar su nombre en público. Los partidarios de Putin señalan que los sondeos de opinión sugieren que Navalny recibe poco apoyo de la gente, mientras que Putin sigue siendo relativamente popular. Pero el régimen no está dispuesto a poner eso a prueba permitiendo que Navalny se presente a las elecciones.

Putin se sentirá desconcertado, avergonzado y alarmado por la aparición de un oponente más joven, más guapo y más valiente. Pero el aparato represivo del Estado ruso sigue siendo formidable. Los anteriores líderes de la oposición terminaron en la cárcel, en el exilio o muertos, como Boris Nemtsov, asesinado cerca del Kremlin en 2015.

No hay duda de que Navalny estará en la cárcel varios años. Puede que muera en prisión. Tras su encarcelamiento a su regreso a Rusia, Navalny anunció, a través de las redes sociales, que no tenía intención de suicidarse. Eso fue algo más que humor negro. Fue un intento de darle forma a la narrativa antes de que las autoridades puedan anunciar que se quitó la vida o que tuvo un lamentable accidente.

"Una de las razones por las que el líder ruso detestaba a Hillary Clinton era el apoyo que ella expresó a los manifestantes anti-Putin" 

Lo más probable es que se produzcan nuevas y mayores manifestaciones. Putin y su aparato de apoyo esperan que las repetidas detenciones, saqueos, palizas y asesinatos acaben por desgastar a la oposición.

Otra cuestión es si la imagen cuidadosamente pulida del líder ruso como defensor de los ciudadanos de a pie puede sobrevivir a este proceso de represión masiva. Como buen conocedor de la historia del país, Putin sabrá que el régimen zarista se vio sacudido por repetidos ciclos de protesta y represión antes de ser finalmente derrocado.

Lo que ocurra a continuación en Rusia será observado en todo el mundo, especialmente en China. Juntos, Putin y el presidente Xi Jinping han formado un eje de reacción para hacer frente a los movimientos prodemocráticos en todo el mundo. Las recientes revueltas en Hong Kong y Bielorrusia son especialmente amenazadoras, porque se produjeron muy cerca de los centros de poder de Beijing y Moscú, y podrían servir para inspirar a las fuerzas de oposición chinas o rusas.

En Washington, el presidente Joe Biden rompió con la estudiada indiferencia que mostraba su predecesor, Donald Trump, ante el destino de la democracia y de los derechos humanos en Rusia. La Casa Blanca de Biden pidió la liberación inmediata de  Navalny y sus seguidores.

El Kremlin no escucha. Pero las expresiones de apoyo de Estados Unidos a Navalny y a las protestas enfurecerán a Putin. Una de las razones por las que el líder ruso detestaba a Hillary Clinton -y trabajaba para derrotarla- era el apoyo que ella expresó a los manifestantes anti-Putin en 2012.

La maquinaria represiva del Estado ruso está entrando en acción. Pero debajo de la dureza exterior, la fragilidad subyacente del régimen del presidente Putin vuelve a ser evidente.

Traducción: Mariana Oriolo

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