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Viajar por España siempre reserva sorpresas para quienes se animan a salir de las rutas más transitadas.

Entre montañas, pueblos de piedra y rincones que parecen detenidos en el tiempo, la provincia de Teurel esconde algunos de los destinos más auténticos del territorio aragonés, ideales para quienes buscan desconectar y descubrir historias a cada paso.

Uno de esos lugares es Linares de Mora, un municipio enclavado en la Sierra de Gúdar, en la comarca de Gúdar-Javalambre. Con apenas 242 habitantes, este pequeño pueblo reúne un casco histórico declarado Bien de Interés Cultural, un castillo medieval en ruinas y paisajes que lo convierten en parada obligatoria para quienes visitan Teruel.

Un pueblo declarado Bien de Interés Cultural

Linares de Mora se levanta en las faldas de una montaña y conserva un conjunto urbano que el Gobierno de Aragón reconoció como Bien de Interés Cultural.

Las casas encaladas y los tejados de teja roja definen la imagen tradicional del pueblo. (Fuente: Wikipedia).
Las casas encaladas y los tejados de teja roja definen la imagen tradicional del pueblo. (Fuente: Wikipedia).

Uno de sus rasgos más llamativos es el contraste entre el color claro de las casas encaladas y los tejados de teja roja de estilo árabe, que le dan al pueblo una fisonomía muy particular dentro de la Sierra de Gúdar.

El pueblo tiene orígenes medievales, fundado en la época de dominio árabe y luego incorporado a los dominios cristianos tras la Reconquista, en el siglo XII. Ese pasado histórico todavía se percibe en el trazado urbano, en sus calles empedradas y en las casas de piedra y madera que se adaptan a la topografía montañosa.

El acceso al casco histórico conserva parte de su antigua muralla, con tres portales originales: el Portal Alto, el Portal Bajo o de la Fuente, y el Portalico. Este último daba entrada a la villa y la conectaba con las principales vías comerciales de la zona.

El castillo medieval que corona a Linares de Mora

El gran protagonista de Linares de Mora es su castillo, una fortaleza cuya existencia se remonta al año 1202, cuando fue donado al obispado de Zaragoza por el rey Pedro II.

Según Los Pueblos Más Bonitos de España, la edificación data del siglo XIII y se alza sobre una enorme roca en la parte más alta del pueblo, desde donde vigiló durante siglos todo el valle.

Aunque el paso del tiempo lo dejó en ruinas, todavía se adivina su planta irregular, adaptada al terreno, junto con la torre y varios lienzos de muralla. Subir hasta sus pies es una parada obligatoria para cualquier visitante, ya que desde allí se obtienen las mejores vistas panorámicas de los tejados de teja roja de Linares de Mora y del paisaje boscoso de la Sierra de Gúdar.

Iglesias y ermitas con siglos de historia

El otro gran edificio del pueblo es la Iglesia de la Inmaculada Concepción, un templo barroco del siglo XVIII declarado Monumento Nacional. Su exterior resulta llamativo porque el campanario se encuentra separado del cuerpo principal de la iglesia, mientras que su interior de tres naves sorprende por su amplitud.

El Alto Mayor estaba cubierto originalmente por un baldaquino de mármol, destruido durante la Guerra Civil al igual que el órgano, aunque todavía se conserva la Cruz Procesional, una pieza de principios del siglo XV.

A pocos minutos del casco urbano, junto al río Linares, se encuentra además la Emita de Nuestra Señora de Loreto, construida en 1719 por encargo de la familia Valero.

En su interior conserva frescos de estilo popular que representan el milagro del traslado de la casa de la Virgen de Nazaret a Loreto, y cuenta con un atrio sostenido por seis columnas que mantiene su pavimento original. Cerca de allí se llega también a la Emita de Santa Ana, un rincón de gran calma rodeado de naturaleza.

Naturaleza, gastronomía y tradiciones de la Sierra de Gúdar

Imagen ilustrativa de un castillo medieval.
Imagen ilustrativa de un castillo medieval.Magnific

El municipio de Linares de Mora es extenso y su entorno natural, rico y diverso. El pueblo invita a recorrer senderos señalizados, visitar árboles monumentales y acercarse a Castelvispal, el otro núcleo de población del territorio.

En otoño, los bosques de la Sierra de Gúdar se tiñen de tonos cálidos, mientras que en invierno la cercanía con estaciones de esquí como Valdelinares atrae a los amantes de los deportes de nieve.

La gastronomía local es un fiel reflejo de la cocina tradicional aragonesa, con guisos, migas y carnes a la brasa, además de embutidos y quesos de la Sierra de Gúdar. Entre los postres caseros destacan las tortas de manteca y los rosquillos.

En agosto, el pueblo celebra sus fiestas patronales en honor a San Roque y la Virgen de los Ángeles, con música, danzas tradicionales y actos religiosos que reúnen a vecinos y visitantes.