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La cuestión de la competitividad industrial está siempre presente en la conversación económica argentina. Tras más de un año de desaceleración inflacionaria, una de las preguntas que atraviesa a empresas, economistas y funcionarios es cuánto logró corregirse el llamado “costo argentino” y si la estabilización macroeconómica ya comenzó a reflejarse en los precios que enfrentan quienes producen bienes y servicios.
Mientras el Gobierno sostiene que la normalización de la economía permitirá acomodar gradualmente los precios relativos, desde distintos sectores industriales advierten que persisten brechas que dificultan competir con otros países.
En ese contexto, un relevamiento del IERAL de la Fundación Mediterránea aporta nuevos elementos para esa discusión. El estudio muestra que durante el último año continuó el proceso de acercamiento entre los precios locales y los de otros mercados de referencia.
Sin embargo, también concluye que la producción argentina sigue enfrentando desventajas relevantes frente a buena parte de la región y que la mejora observada todavía no alcanza para modificar de manera sustancial la competitividad.
El trabajo, elaborado por Marcos Cohen Arazi, compara 17 bienes y servicios utilizados por la industria, la construcción, la producción de alimentos y las actividades tecnológicas. La muestra incluye insumos generales, combustibles, energía, salarios, servicios tecnológicos, materiales de construcción y productos industriales, con relevamientos realizados en Argentina, Brasil, Chile, Paraguay, Uruguay y Estados Unidos.

Cómo se hizo el estudio
El estudio se apoya en una metodología que combina fuentes oficiales y privadas según el tipo de insumo.
En el caso de combustibles y energía eléctrica se recurrió a bases internacionales como Global Prices y a estadísticas de la EIA estadounidense, mientras que para productos industriales y alimenticios se realizaron búsquedas individuales de modelos estandarizados —por ejemplo, neumáticos 265/65 R17 o bolsas de azúcar y harina de 25 kilos— con el fin de garantizar comparabilidad.
Los salarios industriales se relevaron a partir de organismos oficiales como el OEDE en Argentina, el IPEA en Brasil y el INE en Chile, complementados con estimaciones de Glassdoor en Uruguay. En tecnología, los sueldos de desarrolladores Full Stack se obtuvieron de registros locales y de plataformas internacionales.
Según el informe, el 49% de las comparaciones realizadas arrojó que los insumos relevados son más baratos en los demás países que en Argentina. La proporción aumentó cinco puntos porcentuales respecto de la medición previa, cuando había alcanzado el 44%.
“Argentina sigue resultando un país caro para la producción”, resume el documento.
Brasil, Chile y Paraguay aparecen con menores costos
El estudio ubica a Brasil como el país con menores costos relativos dentro de la comparación. Allí, los insumos relevados presentan precios inferiores a los argentinos en el 65% de los casos analizados.
Chile aparece muy cerca, con ventajas en el 64% de los productos relevados, especialmente en insumos para la industria manufacturera y la construcción. Paraguay, por su parte, muestra precios más bajos en el 56% de los casos y también integra el grupo de países de menores costos de la muestra.
En el otro extremo aparecen Uruguay y Estados Unidos. Aun así, incluso en esos mercados hay productos y servicios más económicos que en Argentina. En Uruguay ocurre en el 40% de las comparaciones y en Estados Unidos en el 24%.
De acuerdo con el relevamiento, el ordenamiento general de costos, desde el país más caro al más económico, queda conformado por Estados Unidos, Uruguay, Chile, Argentina, Paraguay y Brasil.
Los rubros que muestran mayores diferencias
El análisis sector por sector arroja resultados heterogéneos.
Entre los insumos generales, la energía eléctrica aparece como uno de los pocos factores donde Argentina conserva una posición favorable. El informe señala que resulta más barata que en cuatro de los cinco países comparados.
La situación cambia en combustibles. Tanto el gasoil como la nafta presentan precios superiores a los observados en tres de los cinco países analizados.
También aparecen diferencias en bienes tecnológicos. El valor de una notebook comparable supera al registrado en todos los países incluidos en la muestra, mientras que el servicio de internet sólo resulta más caro en Uruguay y Estados Unidos.
Entre los productos alimenticios, el azúcar figura entre los bienes donde Argentina presenta ventajas de costos frente a todos los mercados relevados. La harina muestra el comportamiento opuesto: resulta más cara que en cuatro de los cinco países comparados.
En tecnología, el informe identifica otro punto sensible. Los salarios de desarrolladores Full Stack y los espacios de coworking son más económicos que en Argentina en cuatro de los cinco países considerados.

Una convergencia que avanza lentamente
El trabajo detecta una reducción de las diferencias promedio respecto de los países más competitivos.
Cuando la comparación se realiza con Brasil, Chile y Paraguay, la distancia promedio de precios pasó de 5,8% en julio de 2025 a 2,2% en julio de este año.
También se redujo la brecha frente a Uruguay y Estados Unidos. En este caso, la diferencia promedio pasó de 42,5% a 36,4% durante el mismo período.
Para el IERAL, estos movimientos reflejan la combinación de múltiples factores: cambios en los precios internacionales, variaciones cambiarias y ajustes de precios internos. También influyó el encarecimiento en dólares observado en numerosos bienes a nivel global, especialmente aquellos vinculados con la energía.
Sin embargo, el informe advierte que el proceso sigue siendo gradual. “Si bien la distancia promedio respecto de los países de menores costos (Brasil, Chile y Paraguay) volvió a reducirse, también aumentó la proporción de bienes y servicios que presentan precios inferiores a los de Argentina, pasando del 44% al 49% del total de comparaciones. Esto indica que la producción local continúa enfrentando desventajas de costos relevantes frente a buena parte de la región”.
La conclusión dialoga con varios de los planteos que vienen realizando las cámaras industriales. En medio de los recientes cruces con el Gobierno, el presidente de la UIA, Martín Rappallini, sostuvo que los problemas de competitividad exceden al tipo de cambio y mencionó factores como presión impositiva, infraestructura, financiamiento y costos laborales. “No defendemos privilegios, queremos competir en igualdad de condiciones”, afirmó.
La actividad manufacturera mostró señales mixtas en los últimos meses. En junio, el Índice de Producción Industrial Manufacturero (IPI) registró una suba interanual de 2% y un avance mensual desestacionalizado de 0,9%, aunque el acumulado del primer semestre todavía exhibió una caída de 2,2%.
Sobre ese escenario se monta la lectura del IERAL. El informe concluye que existe una tendencia hacia una mayor convergencia internacional de precios, aunque el recorrido todavía es largo. “Si bien se aprecia un proceso gradual de normalización de precios relativos, éste avanza lentamente y todavía no modifica de manera sustancial la posición competitiva de Argentina”.













