Hay seis indicadores que el Gobierno empezó a mirar con especial atención. No alcanzan todavía para decretar que la economía entró en una etapa de recuperación sostenida y tal vez más generalizada. Tampoco para dar por terminado el “miniserrucho” de los últimos meses. Pero juntos empiezan a dibujar una fotografía bastante más alentadora que la de hace unos meses.

Actividad, consumo, inflación, morosidad y confianza muestran, con matices, que la economía consiguió estabilizarse y que algunas variables incluso empezaron a mejorar.

La gran pregunta es si esta vez el rebote puede ser algo más que eso: un rebote.

El primer dato que llamó la atención fue el Índice de Confianza en el Gobierno (ICG) de la Universidad Torcuato Di Tella. En agosto saltó 6,4% contra julio. La comparación contra agosto de 2025 todavía da negativa, con una caída de 2,8%, pero el movimiento mensual es significativo.

Fernando Marull le asigna al indicador una importancia adicional porque funciona como un buen termómetro político. “El número es un buen proxy de cuánto sacaría el Gobierno en una elección”, señala. Para el economista, hay dos factores que pueden explicar el rebote: “La menor inflación y el dólar tranquilo puede ser un driver”.

Wall Street (Imagen ilustrativa El Cronista - generada con inteligencia art
Wall Street (Imagen ilustrativa El Cronista - generada con inteligencia art

El dato llega, además, en un momento en que los mercados comenzaron a mostrar algo de recuperación. “Este dato puede afirmar el rebote que se ve en el mercado; hoy es el segundo día que rebotan bonos y acciones”, dice Marull. Pero hay una condición: que el movimiento se confirme. El economista advierte que habrá que mirar otras encuestas, como Atlas Intel y Udesa, y recuerda que la confianza viene moviéndose en forma de “serrucho”.

El segundo indicador es probablemente el más contundente de los seis: la actividad.

El EMAE mostró en junio una suba de 2,7% respecto de un año atrás y de 0,8% contra mayo. Es decir, la economía no sólo creció en la comparación interanual, sino que además consiguió avanzar en el margen. Es una diferencia importante respecto de los meses en los que la recuperación parecía quedar siempre a mitad de camino.

El problema es que todavía hay señales contradictorias cuando se mira la información más reciente. Por eso los economistas siguen hablando de “serrucho”: meses buenos que son seguidos por otros más flojos, sin que todavía aparezca una tendencia claramente consolidada.

Martín Tetaz pone el foco justamente en eso. “El EMAE, hay muchos indicadores de agosto, de demanda de energía eléctrica, de julio, que muestran que sigue el serrucho”, explica. “No está consolidada la recuperación de la economía todavía”.

El tercer dato es la inflación. Para agosto, las estimaciones apuntan a una suba de precios de alrededor de 1,7%, por debajo del 2,1% registrado en julio. Si se confirma, sería otra señal favorable para la economía. La desaceleración de la inflación permite estabilizar el poder adquisitivo y, con algo más de tiempo, puede empezar a darle aire al consumo.

Pero acá aparece uno de los principales límites de la recuperación: los ingresos. Tetaz advierte que todavía no hay una mejora significativa de los salarios reales. “No hay mejora de los salarios reales, se estabilizó. No pierden, tampoco ganan por mucho”, explica. La frase es importante porque permite entender la diferencia entre una economía que dejó de caer y otra que efectivamente empieza a crecer con fuerza.

El cuarto indicador es el consumo masivo. Los datos de Scentia muestran que en julio el consumo creció 4,2% contra junio. Es un rebote importante después de meses difíciles. Pero todavía está 2,6% por debajo de julio de 2025. Otra vez aparece el mismo patrón: una mejora fuerte en el margen, pero todavía una recuperación incompleta cuando se compara con un año atrás.

Sebastián Menescaldi pide no entusiasmarse demasiado con ese tipo de números. “La verdad que todavía creo que parte de lo que estás viendo ahí, lo de consumo masivo, lo de 15%, son rebotes. Volvés a la situación previa”, sostiene. “Todavía no veo que tengas algo sostenido y me cuesta ver un motor”, agrega.

Y esa es probablemente la pregunta central que enfrenta la economía argentina: ¿cuál será el motor de la próxima etapa? Las exportaciones ya están funcionando. El sector exportador viene creciendo con fuerza y genera un importante ingreso de dólares. Pero ese impulso todavía no consigue trasladarse de manera clara al resto de la economía. “Vienen muy bien las exportaciones, el motor exportador está, pero no lográs traccionar ese crecimiento al resto de la economía”, explica Menescaldi.

El mecanismo por el cual las exportaciones deberían terminar empujando al mercado interno tampoco está funcionando plenamente. Los dólares ingresan, se monetizan, se generan pesos y depósitos, pero esos depósitos todavía no se transforman con suficiente fuerza en crédito para consumo e inversión.

Hay dos razones. Para las empresas, dice Menescaldi, el horizonte todavía no está despejado. La elección agrega incertidumbre y dificulta las decisiones de largo plazo. “Entonces, no voy a invertir, no voy a consumir a largo plazo”, resume.

Para las familias, el problema es otro: el endeudamiento. La recuperación del consumo tuvo en los últimos meses una ayuda importante del crédito. Pero esa herramienta tiene un límite. “Veo que todavía la carga de la deuda sigue siendo muy alta en términos sociales”, advierte.

Deudas con tarjeta.
Deudas con tarjeta.

Y acá aparece el quinto indicador que el Gobierno empieza a mirar con otros ojos: la morosidad. La tasa de morosidad de los créditos bajó de 7,7% a 7,6%. Parece apenas una décima, pero la importancia está en que se quebró la tendencia ascendente.

Tetaz considera que el dato es especialmente relevante porque muestra que empiezan a aparecer menos nuevos morosos. “Dejó de crecer la cantidad de gente que pasa de situación 1 y 2, un pequeño atraso en el banco, a situación 3, 4, 5, que son los más de 90 días de mora”, explica. “Son los morosos nuevos. Entonces el stock de morosos nuevos sí empezó a caer, o sea que no nos están generando morosos nuevos. Ese es un buen dato.”

El sexto indicador es la confianza del consumidor. En agosto cayó 1,1% respecto de julio. Pero, al mismo tiempo, quedó 0,7% por encima de agosto de 2025. No es una señal contundente de recuperación. Pero tampoco muestra un deterioro respecto de un año atrás.

Esta podría ser la fotografía completa. Hay razones para que el Gobierno empiece a ilusionarse. La actividad crece 2,7% interanual y 0,8% mensual. El consumo masivo rebotó 4,2% en julio. La inflación podría bajar de 2,1% a 1,7%. La morosidad dejó de subir. La confianza en el Gobierno pegó un salto y la confianza del consumidor, aunque cayó en agosto, todavía está por encima del nivel de un año atrás.

No es poco. Pero tampoco alcanza todavía para afirmar que comenzó un ciclo de crecimiento generalizado. Porque hay una diferencia entre recuperar lo perdido y crecer.

Tetaz lo resume así: “No hay ningún indicador que muestre claramente una recuperación. Sí hay muchos indicadores que muestran que se estabilizó y que las variables que eran problemáticas, por ejemplo este caso de la mora, empezaron a aflojar”. Menescaldi, en cambio, todavía no encuentra un motor capaz de sostener el proceso. Y Marull pone el foco en otra cuestión: si el rebote de la confianza y de los mercados logra consolidarse.

Otra vez la economía enfrenta un escenario ambiguo: ¿serrucho o despegue?