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El plan económico del Gobierno de Javier Milei comenzó a mostrar durante agosto algunas señales de diferenciación respecto del camino que lo trajo desde diciembre de 2023 hasta la actualidad.
La estabilidad cambiaria y la desaceleración de la inflación siguen ocupando un lugar central, pero la actividad, las tasas de interés y el acceso al crédito empiezan a ganar terreno entre las prioridades.
La lectura aparece, con matices, en informes económicos conocidos durante los últimos días que no responden a usinas liberales y que ponderan -disimuladamente- el cambio.
El Banco Provincia sintetiza el movimiento con una definición contundente: “la estabilidad cambiaria dejó de ser ‘el único objetivo’ del equipo económico”, al que ahora se suma la búsqueda por reactivar la demanda interna.
Suramericana Visión, consultora fundada por el exministro Martín Guzmán, llega desde otra perspectiva a una conclusión similar: sostiene que el Gobierno empezó a poner mayor foco en la actividad económica ante una demanda social cada vez más vinculada con los ingresos.
No se trata, según los análisis, de un abandono del esquema cambiario ni de un giro completo de la política económica.
Lo que aparece es un intento de evitar que la estabilidad termine conviviendo con tasas demasiado elevadas y un mayor enfriamiento de una actividad que no logra despegar.
Menos dólares, menos pesos y tasas más altas
Banco Provincia reconstruye el mecanismo que llevó al Gobierno hasta ese punto.
Las compras de dólares del Banco Central se desaceleraron desde un promedio de u$s 100 millones diarios en julio a unos u$s 30 millones durante agosto.
Como el BCRA emite pesos cuando compra esas divisas, la expansión monetaria generada por esa vía también se redujo y pasó de $3,2 billones en julio a menos de $1 billón durante agosto. El resultado fue una menor disponibilidad relativa de pesos y un encarecimiento del dinero.
La tasa de caución —un financiamiento de muy corto plazo utilizado en el mercado— pasó de un promedio de 20,5% nominal anual en julio hasta 28% el 20 de agosto.
En paralelo, los adelantos en cuenta corriente, utilizados por las empresas para cubrir necesidades de liquidez, aumentaron desde aproximadamente 25% hasta 33%. El problema para la actividad aparece rápidamente.
Una empresa que enfrenta ventas estancadas y, además, debe financiar capital de trabajo a una tasa mayor tiene menos incentivos para endeudarse, invertir o ampliar producción.
Para Banco Provincia, una continuidad de esa dinámica probablemente habría provocado una contracción del crédito.
La reacción del Gobierno de Milei para volver a bajar las tasas en Agosto
El 19 de agosto apareció un movimiento en sentido contrario.
Según reconstruye el informe, el Ministerio de Economía canjeó $1,4 billones de LECAP en manos del Banco Central.
Ese mismo día, los depósitos del sector público dentro del sistema financiero aumentaron $2,3 billones y alcanzaron un máximo anual. El Banco Nación incrementó su participación en el mercado monetario ofreciendo cauciones a tasas inferiores.
El resultado fue una relajación de las condiciones financieras: la caución volvió hacia la zona de 22% y los adelantos de cuenta corriente para empresas bajaron hacia 28%.
Es a partir de esa secuencia que el informe habla de un cambio de prioridades, que incluirían mantener controlado el frente cambiario, pero sin permitir que la falta de liquidez empuje las tasas a niveles capaces de profundizar el estancamiento.
El crédito aparece como otra herramienta para mover la actividad
Durante las últimas semanas, el Gobierno tomó otras dos decisiones que los economistas ubican dentro de la misma lógica.
Por un lado, flexibilizó el acceso de empresas no exportadoras al crédito en dólares y anunció $2 billones del Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) para fondear nuevos préstamos hipotecarios.
La primera medida permite ampliar las fuentes de financiamiento empresarial y, al mismo tiempo, puede aumentar la oferta de divisas porque los dólares prestados deben liquidarse en el mercado cambiario.
Sin embargo, también incorpora el riesgo de que una compañía se endeude en una moneda diferente de aquella en la que genera sus ingresos.
El segundo instrumento busca ampliar la oferta hipotecaria mediante fondos públicos de largo plazo y generar un efecto sobre vivienda, construcción y demanda.
Y es en este punto donde aparecen algunos elogios poco habituales, aunque acompañados por reparos importantes.
Los créditos son una medida “en la dirección correcta” pero ¿no alcanza?
Banco Provincia considera que utilizar fondos públicos de largo plazo para ampliar el mercado hipotecario “puede ser una política en la dirección correcta” y señala que existen experiencias de este tipo en otros países de la región.
La objeción está en la magnitud. Los $2 billones representan alrededor de 0,2% del PBI, por lo que el informe considera que sería necesario aumentar la escala para conseguir un impacto significativo sobre la economía real.
Suramericana llega a una conclusión parecida desde otro ángulo. La consultora considera que los hipotecarios y las nuevas posibilidades de financiamiento empresarial “pueden tener un impacto positivo en la actividad inmobiliaria y de construcción en segmentos específicos”, aunque también califica como “muy limitado” su potencial impacto macroeconómico.
Los cuestionamientos no están necesariamente concentrados en la dirección de algunas de las nuevas herramientas, sino en si su tamaño alcanza para modificar el escenario general.
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