Inflación y ajuste de tarifas, el dilema que enfrenta el Gobierno

La aceleración del IPC de diciembre, en especial de la medición core, podría disuadir al Ejecutivo de aumentar el costo de los servicios públicos, congelados desde abril de 2019 para no sumar presión inflacionaria. Pero advierten que no hacerlo podría generar un efecto similar.

La aceleración de la inflación en el trimestre final, que concluyó con el 4% de diciembre y un salto de la medición núcleo de 4,9%, encendió las alarmas tanto del Gobierno como de los analistas en torno a la escalada de los precios.

Es que si bien el 36,1% de 2020 terminó por debajo de las cifras anuales de 2018 y de 2019, la dinámica de los precios estuvo condicionada por el paráte de la actividad económica debido a la cuarentena, que disminuyó significativamente la velocidad de circulación del dinero, a pesar de la enorme inyección monetaria, y por el atraso de muchos precios de bienes y servicios.

Por un lado, un importante segmento de la economía, cada vez menor a medida que se flexibilizó la cuarentena, se mantuvo sin oferta de bienes y servicios por las restricciones sanitarias, mientras que los controles de precios y el congelamiento de tarifas de servicios públicos anestesiaron una buena parte del índice.

La aceleración de la inflación núcleo, que agrupa los precios 'libres', en diciembre a un 4,9% constituye un indicio de un verano agitado en materia inflacionaria, dado que en los primeros meses del año estaba previsto un ajuste tarifario, uno de los componentes más atrasados del índice, para bajar los subsidios económicos y el consiguiente déficit fiscal primario

No obstante, este sendero creciente podría disuadir al Gobierno de aplicar los aumentos, dado que sumarían una presión adicional a los precios en plena aceleración y elevarían los niveles de pobreza en un año en el que la economía recuperará solamente un tercio de lo que cayó en 2020, si es que no hay nuevas complicaciones con el coronavirus que conduzcan al Gobierno a adoptar otro cierre de la actividad.

"Creo que el ideal de liberar tarifas va a empezar a cuestionarse en el seno del Gobierno. Un nuevo aumento de las tasas de electricidad, gas, etcétera, puede desatar una nueva ola inflacionaria en el primer trimestre de 2021", señaló el economista Joel Lupieri, de la consultora EPyCA.

Pero, paradójicamente, la postergación de las subas podría contribuir a aumentar la incertidumbre en el plano fiscal y traducirse en nuevas tensiones en el mercado cambiario que sumen presión a la inflación.

"Uno de los precios que quedaron atrasados fueron las tarifas, cuyo congelamiento insume un costo fiscal significativo. Pero al mismo tiempo es muy importante que el Gobierno dé una señal para bajar la brecha cambiaria y reducir las tensiones en el mercado de cambios, y para eso hace falta dar una señal fiscal muy contundente", explicó el economista Martín Vauthier, de Eco Go

El analista señaló que si no se corrigen las tarifas y la reducción del déficit fiscal es menor a la que estaba prevista, podría generar una mayor tasa de inflación, dado que la monetización del rojo que no se disminuyó generaría un mayor excedente de pesos y agitaría nuevos temblores en el mercado de cambios.

"La tasa de interés en pesos quedó muy rezagada respecto al crawling peg (depreciación gradual del tipo de cambio) y a la inflación. Un crawling peg del tipo de cambio en la zona del 4,2% como se tiene ahora le pone un piso a la inflación en los próximos meses", destacó Vauthier, que afirmó que el dólar en general es el principal mecanismo de transmisión de inflación en la Argentina. 

Así, el Gobierno parece estar en una encrucijada. Si corrige las tarifas alimentará la tendencia alcista de la inflación que tiene lugar desde el final del aislamiento, que incrementará los niveles de pobreza y de malestar social. 

Pero el mismo efecto podría ocurrir si no las ajusta, dado que el Ejecutivo no habrá enviado la señal fiscal esperada que contribuya a reducir la incertidumbre, lo que puede traducirse en nuevas tensiones cambiarias que sumen presión a la inflación a través del dólar.

"Por eso es importante que aparezca un programa macroeconómico consistente, señales de la política que bajen la presión cambiaria y asegurar que la inflación, el tipo de cambio oficial y la tasa remunerada en pesos mantengan la consistencia que perdieron hacia el último trimestre a medida que se empezó a abrir la actividad", concluyó Vauthier.

Hasta el momento, desde el Gobierno afirman que todavía no hay novedades sobre el ajuste de tarifas, ni en los plazos ni en la magnitud del aumento. No incrementarlas en el primer trimestre podría sumar un desequilibrio a las cuentas públicas de 0,3 puntos porcentuales del PBI, en un año en el que hay expectativa que el rojo primario termine en torno a 3,5% del producto, por debajo de la previsión oficial de 4,5%.

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