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"ExpoWado" y el community manager de La Cámpora

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"Esto parece ExpoWado". Con esa frase, un empresario que estuvo en la tradicional feria del campo ExpoAgro trataba de contar el asombro que causó la activa participación del ministro del Interior, Wado de Pedro, entre los stands de San Nicolás.

En un video de prensa oficial que difundió tras la recorrida se incluyó a un ruralista que le dice que su visita es "una buena señal".

Que uno de los referentes de La Cámpora se muestre tan cerca del agro cuando en plena crisis alimentaria por la invasión rusa a Ucrania se empieza a discutir si hacen falta o no retenciones para evitar que se disparen hasta los huevos, podría ser un indicio de que algo está reconfigurándose fuerte en el oficialismo.

De Pedro venía de bancar el acuerdo con el FMI en una entrevista en España. Ahora, dijo presente nada más y nada menos que en la muestra que organiza lo que el kirchnerismo consideraría "el mal", los medios Clarín y La Nación, en una edición que además contó con el patrocinio de YPF.

Tal vez las proyecciones y las metas del pacto con el organismo dentro de tres meses no sirvan más, porque el mundo está en ebullición con los precios de la energía y los granos por las nubes en medio de un conflicto bélico y sanciones que sacuden todo. Pero aún si se transforma en papel picado en un par de semanas, el arreglo con el FMI puede dejar marcas mucho más duraderas en el ordenamiento de la política argentina, diríamos en un seminario bien pago.

¿Qué está dividiendo la línea entre el apoyo o el rechazo al FMI? ¿Nacen las facciones de las internas 2023, con cálculos de cuánto me perjudica o cuánto me beneficia "quedar pegado", como si se pudiera haber designado a un presidente y ahora poner cara de yo no fui, o como si se pudiera haber traído de vuelta al organismo al país y ahora decir no tengo nada que ver con la renegociación?

¿O se están dirimiendo visiones del mundo dentro del oficialismo y la oposición, pero no sólo de cuánto estado o cuánto mercado necesita un modelo de crecimiento, sino de cuánto acuerdo y cuánta confrontación hacen falta para tomar medidas y gobernar este quilombo cíclico llamado la Argentina?

ELEFANTE EN LA HABITACIÓN

En tanto, guarda con lo que dijo ayer el presidente del Banco Central, Miguel Pesce. Ya lo pensaban muchos otros funcionarios del Gobierno y lo callaban: "Si no estuviera el Fondo, estas cosas que dice el acuerdo las debíamos hacer igual". En diálogo con Roberto Navarro en radio El Destape, el titular de la entidad monetaria y uno de los parroquianos amigos de años del presidente Alberto Fernández iluminó el elefante en la habitación del Frente de Todos.

Porque hasta acá la gran discusión a cielo abierto que surgió por la necesidad refinanciar u$s 45.000 millones venía incluyendo otros argumentos. Que se negoció mal y blando, como había dicho el ahora diputado raso Máximo Kirchner.

Que no se pidió anular la deuda por odiosa e ilegítima, como dijo ayer Juan Grabois, al expresar la posición del Frente Patria Grande. O una diagonal como que no se hizo otra cosa porque no había "correlación de fuerzas", como le dio a entender el ministro de Seguridad, Aníbal Fernández, al periodista Daniel Tognetti que le reprochaba la austeridad de las metas: "¿Y qué querés que hagamos con dos escarbadientes?".

Pero nadie había dicho con todas las letras lo que ayer planteó Pesce, que mete el dedo en la llaga en las diferencias económicas que laten cada vez más fuerte en el oficialismo mientras se espera el debate en el Congreso de algún tipo de proyecto que le dé a la Casa Rosada un certificado de consenso institucional para conformar al directorio del FMI.

Postal: a los miembros del Frente que no apoyan el acuerdo, por estas horas en algunas áreas oficiales los nombran como "compañeros"; pero a los que sí bancan el plan del Presidente los identifican como "compañeros-compañeros".

La afirmación de Pesce es una bomba en el campo nacional y popular. De ahí se desprendería que no es que el Fondo nos impone medidas porque estamos débiles, porque es una herramienta de la dominación geopolítica, porque juega para la vuelta de la derecha o porque nuestro ministro de Economía es un pecho frío de una universidad ortodoxa que encima pronuncia demasiado bien el inglés.

Lo que queda expuesto es que una parte de la alianza peronista conformada para ganarle las elecciones al Mauricio Macri que se endeudó con el FMI, revela que lo que pide el FMI es lo que habría que hacer.

O sea, bajar los subsidios, reducir el déficit fiscal, emitir menos moneda, subir las tasas de interés y priorizar la acumulación de reservas por sobre el crecimiento sería objetivos loables más allá de que los pida Washington. Now we are talking.

GIRANDO EN FALSO

Eso debe ser en el fondo lo que saca de quicio a la dupla Máximo-Cristina Fernández, accionistas originarios de una fuerza política que creció al calor de una abundancia de recursos que hoy no existe y los obliga -ante la falta de botones mágicos y salidas épicas- a esconderse detrás del community manager de La Cámpora.

Con música de La Delio Valdez, Metallica o Imagine Dragons, les arma editados con memorabilia Kirchner para discutir desde la comodidad del archivo cada paso que da en el equipo económico.

Pero al mismo tiempo, los que más locos se vuelven ante el giro al centro de la Casa Rosada de la mano del FMI son las líneas más duras de Juntos por el Cambio. Toda una vida advirtiendo que íbamos a Venezuela y no va que el programa económico del peronismo con el Fondo incluye una orientación muy Cambiemos 2015.

Hasta se lo dijo el ahora diputado opositor Ricardo López Murphy al propio Guzmán, al marcarle que su anuncio se parecía mucho al "gradualismo fiscal" que él le había criticado a Macri.

Como sea, el PRO pide votar por un lado la refinanciación y mostrar que no vota el plan económico, en una contorsión tribunera que -atenti- tiene el apoyo del presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa, y la resistencia de Economía. Final abierto.

La oposición -es cierto- tiene un punto cuando le marca al Gobierno que está poniendo en los fundamentos de la ley que le pide que apoye que no bajará la querella contra los funcionarios que tomaron el crédito. Es una especie de "eh delincuente te voy a meter preso pero votame a favor".

Difícil de entender. Pero por lo demás, las críticas de que faltan reformas profundas en el acuerdo o de que se acumula mucha deuda para dentro de cuatro años es bastante cara de piedra porque está a la vista lo que eran los vencimientos de este año y el que viene que habían quedado del stand by 2018. ¿O no?

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