La economía que viene

El Presupuesto 2023 llega al Congreso: cómo no ajustar más de la cuenta en un año electoral

Crecimiento moderado, compromiso fiscal y monetario y una fuerte apuesta a bajar la inflación signan el proyecto que entra al Congreso, a contramano de la tendencia en años impares.

El ministro de Economía, Sergio Massa, presentaba esta noche el proyecto de ley de Presupuesto 2023, estructurado alrededor de las metas fiscal (déficit del 1,9%), monetaria (emisión no mayor al 0,6% del PBI) y de acumulación de reservas (u$s 4000 millones) acordadas por su antecesor Martín Guzmán con el Fondo Monetario Internacional (FMI)

Tres proyecciones se suman a esas variables que se conocen desde comienzos de año: una estimación de crecimiento del PBI moderada para el Gobierno y ambiciosa para los economistas, del 2%, y una ambición de bajar la inflación a casi la mitad y llegar a diciembre del año próximo con un 60% anual. El dólar ($ 270 promedio) debería ajustar a ese ritmo. La combinación de estos factores anticipa que el ajuste fiscal continuará. Ahora, en año electoral.

El Frente de Todos se alineó alrededor del ajuste de Massa. Según Cifra, el centro de investigación es de la CTA, el gasto deberá caer 6,9% interanual en el segundo semestre para cumplir con la meta de déficit fiscal de este año. También deberá contraerse en comparación con la primera mitad del año. Algo que, recuerda el jefe de Research de Ecolatina Santiago Manoukian, pasó apenas dos veces en los últimos treinta años: 2001 y 2002.

A ajustarse

Para 2023, una cuenta simple supone que la segmentación de tarifas energéticas hará gran parte del trabajo para que el déficit baje al 1,9%. Si se cumple la meta de este año, los $ 500.000 millones de "ahorro" pautado para 2023 serán suficientes para no ajustar más de la cuenta. Pero a eso debería sumarse un nuevo aumento en el costo de los servicios, más allá de los subsidios -para que no queden más rezagados respecto del dólar y la inflación.

Sergio Massa ratificó ante Kristalina Georgieva las metas del acuerdo con el FMI.

Y esto en un contexto doblemente complicado. Primero, por la aceleración inflacionaria que acerca el número final del 2022 al 100%, hace que los salarios corran detrás de los precio e impactará en la indexación del gasto futuro: el 40% de las erogaciones corrientes están atadas, de una manera u otra, a la inflación. En un año electoral, suena inviable restringir jubilaciones, salarios y prestaciones sociales.

Segundo, la desaceleración de la actividad económica aportará menores ingresos, por lo que -más allá de lo que puedan arrimar el anticipo extraordinario del impuesto a las Ganancias y alguna acción antievasión- el esfuerzo debería venir principalmente por el lado del gasto. Señal amarilla: en agosto, primer mes de la gestión Massa, la recaudación cayó en términos reales por primera vez en casi dos años. El objetivo de crecimiento, de apenas 2% -incluso menos, para consultores- también marcará un tope a las importaciones. Otra meta de ajuste: la prioridad no será crecer, sino acumular reservas.

¿Puede bajar la inflación?

El foco, en este difícil escenario, está puesto en la baja de la inflación. El 60% previsto para dentro de un año y tres meses suena inalcanzable para economistas como Marina Dal Poggetto, directora de Eco Go, y Emmanuel Álvarez Agis, de PxQ. 

Según el REM del Banco Central, la inflación de 2023 superará el 80%.

"Al programa que estamos viendo le falta la baja de la inflación, un plan de estabilización", dijo Álvarez Agis en Radio Con Vos. Martín Rapetti, de Equilibra, estudió los planes de estabilización y consideró que el Gobierno no tiene fortaleza política para encarar una política de este tipo que suponga alinear tarifas, dólar, salarios y precios.

El 60% previsto puede servir para alinear expectativas. Si la estimación oficial era similar a la de las consultoras (82% a diciembre de 2023, según el Relevamiento de Expectativas de Mercado), ¿qué horizonte de baja de precios habría?

Por lo pronto, las proyecciones de ingresos (78%) y gastos (71,2%) previstas en el proyecto de ley están por arriba del objetivo de inflación. Los gastos de capital, pautaron, aumentarán 85,1%; las erogaciones corrientes subirían 70,1%.

Sin anclas

Pero Massa no tiene anclas para alcanzar ese objetivo: no lo ayudarán ni el dólar, que acelera y debe seguir a los precios, ni las tarifas, que se encarecerán para ajustar el gasto, ni los salarios, que no pueden bajar más en un año electoral. El Gobierno sigue convalidando que la medicina prepaga, el combustible y otros servicios regulados suban en línea con el IPC.

Para alinear expectativas debería haber cierto consenso político. Pero el contexto no es auspicioso. Con parte de la oposición que se resiste a prorrogar Bienes Personales, impuesto al Cheque y otros tributos en el Congreso, ¿qué futuro le espera al Presupuesto 2023?

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