La economía real transita una paradoja. Se suceden en simultáneo noticias de cierres de empresas de distintos rubros fabriles mientras al mismo tiempo llegan a la Argentina cadenas de comercio minorista internacionales con amplia gama de oferta de bienes importados.
En un punto es un reflejo micro de la evolución “serrucho” que muestran los indicadores agregados de producción y consumo, pero además se podría estar reflejando una nueva apuesta de algunas empresas y de parte del equipo económico que se entusiasma con un arranque más pronunciado de la actividad.
“Nadie viene a abrir a la Argentina decenas de tiendas si no tiene perspectivas de venta”, dicen las autoridades de un shopping donde hay varios locales en preparativos para apertura para los próximos meses. Todos son de cadenas de nombre conocido en el exterior que están empezando a desembarcar en el país y ganan lugar en las páginas de negocios. La incógnita es la proyección de ventas en un contexto de merma del ingreso disponible y problemas con el empleo registrado.

Antes, la falta de acceso a divisas y las trabas para importar hacían inviable aterrizar primero en Buenos Aires y luego expandirse al interior. Pero ahora, la libertad cambiaria y la flexibilización del comercio exterior son una invitación y por eso ya se ven aperturas de distintos rubros.
Decathlon, con indumentaria deportiva. Miniso, con regalería y productos bajo licencia desde China. Magic, un licenciatario de Disney. Tina&Co, tienda multipropósito que ya está operativa. Todas superficies locales donde se despliegan ropa, calzado, muebles, accesorios directos desde fundamentalmente Asia. Los títulos incorporan además marcas como H&M, Mango o Indian que se suman a la tendencia.
Pero la pregunta obligada es: ¿hay mercado? Si se deteriora el ingreso, el trabajo formal se reemplaza por otro más precario y de menor paga, ¿tiene lógica semejante apuesta de compañías internacionales por el consumo doméstico, en algunos casos con planes de expansión con nuevos locales durante varios años?
“En relación al peso que tienen las marcas nacionales respecto de las internacionales es un mercado casi virgen”, dice Pablo Peralta Ramos, Gerente General de Fortín Maure, firma de bienes raíces ligada al comercio con firmas como El Solar Shopping y referente de la actividad desde hace dos décadas.
En un punto, hay un efecto rezago del consumo después de mucho tiempo de falta de oferta de bienes en el mercado interno -productos que sólo compraban quienes podían viajar- lo que puede potenciar la expansión de la demanda en los próximos años. Pero, dice, es “incipiente”.
Es como si fuera una reducción a escala del interrogante que genera el plan en marcha con dólar bajo producto del boom exportador de Vaca Muerta y salarios que según el rubro le pelean o pierden con la inflación y además sufren porque se destina más ingresos al pago de servicios públicos y queda menos para gastar.
El Gobierno mira a la población como consumidores y no como productores, por eso privilegia el ingreso de productos más baratos, pero por ahora esa combinación deteriora el empleo y hay interrogantes sobre la sostenibilidad social de ese proceso.
“Me parece importante remarcar que es un proceso incipiente, porque no veo una llegada masiva ni indiscriminada de marcas”, agrega Peralta Ramos. “Las compañías internacionales están mirando nuevamente la Argentina, pero están entrando de manera muy selectiva”, apunta. Abren en barrios muy específicos para ver que pasa. Vicente López. Florida. Belgrano. De a poco.

Es que “la oferta se está abriendo en un momento en el que el consumidor argentino sigue siendo extremadamente cuidadoso con su dinero”, dice. “Hoy hay más productos, más marcas y más tentaciones, pero el bolsillo sigue teniendo restricciones”, agrega.
Para Fernando Moiguer, CEO de la consultora homónima, hay un proceso muy particular en marcha, que implica una sed muy fuerte de consumo pero que rápidamente choca con la realidad. Cuando abre una firma como las mencionadas, dice, “se produce un agolpamiento, un efecto muy potente de largas colas de marcas deseadas, los comercios venden por encima de lo que calculaban inicialmente, pero luego, a las pocas semanas, venden por debajo de su estimado”.
“El mercado argentino tiene una sed de consumo muy alta y una realidad de consumo mucho más baja”, sintetiza. Todo, en un país con mucha demanda histórica de marcas internacionales en un contexto donde siempre la globalización opera. “Hay que ver cómo evoluciona”, señala.
“El mercado argentino tiene una sed de consumo muy alta y una realidad de consumo mucho más baja”
La apertura de cadenas internacionales de importados, que en su mayoría ya operaban en la región y no tenían en su radar la Argentina, es otra de las banderas que plantea el oficialismo para discutir la crisis del consumo que reflejan estadísticas como las de la firma Scentia, con retracción en los supermercados, o caída en lo que va del año según la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), que de hecho generó un cruce con Marcos Galperin, fundador de Mercado Libre.
“Algo me dice que el volumen de Mercado Libre es mayor a todo lo que mide la CAME y nadie parece tenerlo en cuenta al anunciar el estado del consumo”, objetó el empresario que reside en Uruguay tras la publicación de cifras que reflejaban una caída del 2,7% entre enero y julio según una encuesta que se realiza en más de 1100 locales en todo el país. “Es un termómetro de la pyme comercial argentina, no del e-commerce ni de la facturación agregada de una plataforma”, explicaron, desde la entidad.











