OPINIÓN

El G20 avanza con los DEGs y otras medidas para impulsar la economía global

La presidencia italiana del G20 está resultando muy fructífera.

La ausencia de Trump ha facilitado los consensos y puede rescatar al G20 del letargo en el que estaba y del cual la presidencia argentina constituyó el momento más profundo del mismo. Varios temas claves han ganado dinamismo.

En primer lugar, en lo que atañe a la respuesta económica y sanitaria frente a la pandemia, se han manifestado preocupaciones respecto al problema del acceso equitativo y del financiamiento de las vacunas, así como a la necesidad de que todos los países hagan el máximo esfuerzo expansivo posible.

Hay también párrafos en el Communiqué del G20 con fuertes definiciones sobre la Arquitectura Financiera Global, el rol de la flotación cambiaria, la necesidad de prevenir ajustes desordenados, el potencial efecto disruptivo de los flujos de capitales y el rechazo a las devaluaciones competitivas.

Estos son mensajes claves tanto en la relación entre las economías principales como respecto al comportamiento de los emergentes.

Por otro lado, respecto a medidas concretas y urgentes, la suspensión de los pagos de los servicios de deuda bilateral oficial para los países de ingresos bajos es otro avance importante.

Este ítem es particularmente sensible, porque enfrenta en cierta forma a China, en su rol como gran acreedor bilateral, con los socios tradicionales del Club de Paris.

Vale destacar que en ciertas circunstancias es difícil definir cuál es deuda bilateral oficial y cuál es comercial o privada. Lo concreto es que entre 2020 y 2021 se suspenderían pagos por casi U$ 13.000 millones.

A un nivel más global, más importante aún ha sido el fuerte apoyo tanto a la emisión de U$ 650.000 M de DEGs del FMI a distribuir entre los miembros para consolidar reservas y pagos internacionales, como a la iniciativa de estudiar mecanismos de préstamos voluntarios de DEGs entre los miembros.

Sin duda este anuncio superó las expectativas de los analistas y es un pequeño avance en el uso de instrumentos multilaterales no discrecionales para problemas globales. Sera la cuarta emisión de DEGs desde 1945 y sobre todo la más grande.

En este contexto de innovación el mensaje de Argentina y México es un poderoso llamado de atención sobre potenciar el rol de los DEGs.

Como se sabe la parte sustantiva de los DEGs van a ir a miembros del Fondo que no los necesitan ya que ellos mismos tienen monedas de reserva. La idea es generar mecanismos formales que permitan movilizar eficientemente esos fondos a un costo razonable.

La propuesta de México y Argentina también llama la atención sobre el acceso a liquidez internacional de los países de ingreso medio, que no tienen moneda de reserva, pero tampoco son pequeño o de bajos ingresos como para participar en los programas ad hoc ya implementados.

Otro tema en el que se ha avanzado es la discusión del problema de la deuda global y la creación del "G20 Operational Guidelines for Sustainable Financing", un avance positivo que busca optimizar los balances de los bancos multilaterales para mejorar su capacidad de préstamo muy atada a rigideces burocráticas (salvo casos excepcionales).

Asimismo, se promueve el aumento de la capacidad prestable del FMI y una nueva revisión de sus cuotas.

También ha ganado fuerza el pedido de EE. UU., y que previamente impulsaban otros países europeos continentales, de implementar limitaciones a la "erosión de base tributaria" que realizan algunos países a costa de otros, mediante la atracción de empresas y personas con alícuotas impositivas más bajas.

La maniobra de aquellos países, no sólo los considerados guaridas fiscales sino también otros medianos importantes, consiste en incentivar la declaración de residencia en sus países a pesar de que los negocios de esas empresas estén centrados y tengan su ganancia principal en los países que cobran tasas más altas.

Esta iniciativa es una de las más disruptivas en términos de regular un bache fiscal que limita la política fiscal y ha llevado a una carrera hacia la baja de los impuestos progresivos y al desfinanciamiento del sector público.

La solución de Trump en este punto era disruptiva y unilateral. Se basaba en el poder sancionatorio del líder global limitando el acceso a un mercado gigante.

El desafío del G20 debería ser lograr una solución cooperativa basada en un piso impositivo mínimo que sea cumplible, y que no beneficie sólo a unos pocos países.

Respecto a los temas financieros, como es habitual los tonos del G20 son más moderados y no se avanzó tanto en promover la regulación de los fondos globales de inversión que hoy son un foco de inestabilidad potencial muy potente.

De esta forma, hoy la Arquitectura Financiera Global presenta un desequilibrio entre bancos tradicionales con regulaciones específicas (Basilea III y G20) y estos jugadores globales de grandes dimensiones (que a pesar de ser más riesgosos) no tienen casi ninguna regulación. de hecho, muchas veces tienen mayor influencia que los propios bancos de los que, incluso, son accionistas.

Las crisis siempre fueron el mejor momento para mostrar la efectividad de iniciativas multilaterales, como lo es el G20. Esperemos que en esta ocasión pueda satisfacer las expectativas que ha generado.

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