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Mi carta de presentación es justamente lo que yo hago. A veces digo, un poco en broma, que yo no hago campaña porque mi campaña es mi trabajo“, señala ante El Cronista el actual presidente del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), Rafael Grossi, en un alto de su participación en el Foro de Davos. “Soy el único titular de un organismo internacional que habla con las dos partes beligerantes. Y creo que existe una convicción bastante grande que la OIEA es uno de aquellos organismos que funciona bastante bien, remarca

El 26 de noviembre pasado, con una carta dirigida a la Presidencia de la Asamblea General y la Presidencia del Consejo de Seguridad por el Representante Permanente de la Argentina ante las Naciones Unidas, el embajador argentino ante la ONU, Francisco Tropepi, presentó formalmente la candidatura de Grossi para el proceso de selección de un nuevo secretario general. El gobierno de la Argentina oficializaba así con su postulación lo que era un secreto a voces en los meses previos: la intención de este diplomático de 64 años y una extensa carrera nacional e internacional de ir por la máxima posición en el universo de la ONU.

Desde 2019, Grossi dirige el organismo que regula la carrera nuclear en el mundo, razón por la cual fue protagonista de los últimos grandes conflictos globales, buscando contribuir a su pacificación. En 2024 renovó su mandato. “Nada es perfecto en el mundo y seguramente podía ser mejor, pero creo que honestamente se puede decir que la OIEA hace un buen trabajo y nadie cuestiona su existencia. Más que un papel o una visión, mi mejor carta es lo que yo he hecho y eso es lo que yo les ofrezco a los países. A partir de ahí, tomen una decisión", desliza en diálogo con este medio.

-¿Cuál fue el tema principal en las reuniones que mantuvo en Davos?

-Naturalmente mi presencia en Davos tiene una dimensión clara referida a mi trabajo como director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA). Tanto en los aspectos relativos a la energía nuclear, que tiene un gran renacimiento en el mundo, como en los temas políticos clásicos que me tocan considerar por mi rol, como lo que está sucediendo en Ucrania, la situación con la central de Zaporiyia e incluso temas como Irán o Siria. Es decir, hay todo un arco de temas que hacen que mi presencia acá sea siempre muy intensa.

-¿Hubo diálogos por su candidatura en Naciones Unidas?

-Este año es distinto porque a todos esos temas de la coyuntura se agrega el hecho de que soy candidato a la Secretaría General y esto lo he palpado en todos los contactos que he tenido, en los que naturalmente en adición a los temas específicos de la agencia surge obviamente esta cuestión. Puedo decir que en esos contactos lo que percibo es una muy buena recepción de la candidatura, de la claridad de mi mensaje.

-¿Cuál piensa que debería ser la posición de Naciones Unidas ante los conflictos actuales?

-Todo lo que está sucediendo en el mundo valida mi aproximación y mi punto central de campaña o de plataforma, si quieren ponerlo en términos políticos tradicionales. Las Naciones Unidas deben volver a concentrarse en la solución de conflictos y en la paz y la seguridad internacional, que es, en mi opinión, el área donde esa vacancia, esa ausencia de las Naciones Unidas se da con bastante claridad. En todos los conflictos actuales hay un común denominador que no debemos celebrar: la ausencia de las Naciones Unidas.

-¿Cómo ve la resolución que tomó Estados Unidos con Venezuela, salteando el aval de la ONU?

-Es otra muestra de que los conflictos internacionales se previenen con diplomacia, consultas e interacción. Nadie garantiza el éxito o que uno pueda prevenir o evitar los conflictos. Pero también es obvio que hay toda una labor diplomática que no se está ejerciendo en este momento. Esta es la realidad y es esto lo que ha generado también, en mi opinión, una crisis de credibilidad de la organización al punto tal que se habla de otros esquemas, como el Consejo de Paz. Ello es un reflejo, es un síntoma más que otra cosa. Un síntoma de esa ausencia, de esa vacancia de una instancia de resolución de conflictos, que es la natural, obviamente. Nadie se opondría a esto. Para eso fueron creadas las Naciones Unidas al fin y al cabo y es por esto que hay que hacer un trabajo enorme para volverlas a colocar en ese centro.

-¿Piensa que tal como se plantean hoy las disputas globales aún hay margen para el multilateralismo?

-He tenido experiencia en estos conflictos en Ucrania, entre Ucrania y Rusia, hablando con (Vlaidimir) Putin, hablando con Zelenski, con los norteamericanos, con Macron y con los grandes líderes del mundo para tratar de evitar un accidente nuclear. También en la cuestión de Irán, por ejemplo. En Siria, donde estamos teniendo un trabajo importante ahora para tratar de clarificar toda la situación nuclear. Existe un espacio para el multilateralismo, un espacio para aportar soluciones desde este lugar y esto es lo que quiero hacer.

-Una instancia como el Consejo de Paz, que definió como un síntoma, ¿puede coexistir con una ONU que tenga una diplomacia fuerte?

-El Consejo de la Paz emana de una resolución del Consejo de Seguridad originalmente y que recepta el Plan de Paz del presidente (Donald) Trump sobre Gaza, que fue adoptado por el Consejo de Seguridad. El Consejo de Paz es un instrumento operativo. Posteriormente surgen estas ideas de hacer de este Consejo una herramienta más amplia. Pero también es importante destacar que el propio presidente Trump ha dicho que esto no es no es incompatible con la labor de las Naciones Unidas. Y en última instancia, más que manifestar una frustración porque surjan este tipo de iniciativas, lo que tiene que hacer las Naciones Unidas es hacer lo suyo, con convicción y proactividad. Luego veremos si un Consejo así puede tener una actuación o no en la solución de otros problemas.

-Quizás la principal crítica es que podría confundirse con el vehículo de proyección personal de un mandatario y sus aliados en vez de tener una representación pluralista de la comunidad internacional en su conjunto...

-Nadie puede enojarse ni ofenderse porque se creen instancias de paz. Algunos dirán “No me gusta porque la preside un presidente de un país o porque hay que pagar unos dineros.” A mí no me compete porque yo soy un funcionario internacional y aspiro a ser el secretario general de las Naciones Unidas. Y creo que es importante que el presidente Trump haya dicho que las Naciones Unidas tiene su razón de ser y sobre todo ha dicho algo que a mí me parece muy importante, ha hablado del potencial de las Naciones Unidas. Hay un potencial inexplotado o vacante. Y entonces hay que hacer ese intento de volver a esa inspiración primigenia esta organización internacional

-¿Preocupa, en ese contexto, que Trump esté dando pasos para salir de los organismos internacionales?

-De vuelta, yo diría que lo que hay que lograr es restablecer el diálogo y la confianza con todos los gobiernos, en particular con Estados Unidos. Es el contribuyente número uno de las Naciones Unidas, e históricamente aporta entre el 22 y el 25% del Presupuesto. No me pronuncio sobre la posición de Estados Unidos, pero encuentro legítimo que el país que paga más se pregunte qué se está haciendo con los fondos, dónde se está poniendo el énfasis. Está justamente en la Secretaría General y en particular en el secretario general poder restablecer ese diálogo de manera tal que la confianza vuelva a aparecer. Y que ese país vuelva a los organismos que ha dejado, si así lo desean, lo cual creo que no es imposible. Esto es el resultado también de una frustración de este país acerca de hacia dónde están yendo las Naciones Unidas. Por eso hay que tomar el toro por las astas: no para hacer lo que Estados Unidos quiere, sino para volver a poner a las Naciones Unidas en el lugar de relevancia que debe tener.

Milei y Trump en Davos
Milei y Trump en Davos

-La discusión en el Foro de Davos estuvo muy dominada por el tema Groenlandia, ¿qué aporte podría hacer Naciones Unidas para frenar esa escalada?

-Esto se ha canalizado a través de un diálogo bilateral entre Estados Unidos y Dinamarca, lo cual creo que es lógico. Existe una divergencia de opiniones, pero creo que se encaminó el proceso en la dirección correcta. No me pronuncio con relación a la resolución final que depende de ellos, sino en el sentido de que no haya un uso de la fuerza para dirimir este conflicto. El apoyo de Europa a Dinamarca también tiene que ver con el propio posicionamiento de los países, quizás más como miembros de la Alianza Atlántica en la cual también se encuentran. Todavía no sabemos cuáles serán las características de ese acuerdo, pero creo que es muy importante que se haya abandonado el camino del uso de la fuerza. Y Naciones Unidas en ese sentido no tendría, hablando de manera hipotética, nada que objetar a eso.

-¿Y en el caso de Ucrania? Estamos a punto de alcanzar los cuatro años de ese conflicto que sacudió a Europa y a todo el mundo y todavía no hay un horizonte claro de resolución a la vista...

-Existe un proceso, un proceso dificultoso, evidentemente, porque se da con el telón de fondo de la guerra. En este momento el conflicto sigue y eso siempre hace que los negociadores traten de posicionarse en la mejor forma posible, como se dice usualmente, en una posición de fuerza. El trasfondo militar de la situación evoluciona día a día pero existe un plan originalmente de 24 puntos, ahora reducido a 20, que ha sido negociado por el enviado especial (de EE.UU. Steve) Witkoff y el señor (Jared) Kushner con el enviado especial de Ucrania y también ha habido consultas importantes con los principales socios europeos. Se está en un grado de detalle acerca de los puntos centrales, la cuestión territorial, las garantías de seguridad que es fundamental y la membresía futura de Ucrania en ciertas instancias internacionales. Estos son los puntos que se están negociando en este momento. Lamentablemente las acciones militares continúan.

-El presidente Santiago Peña de Paraguay, que dijo que apoyaba su candidatura, se sumó al Consejo de Paz, y marcó que les gustaría participar de la reconstrucción de Venezuela. ¿Cuáles podrían ser los pasos a seguir desde la ONU en relación a esa cuestión y que margen tienen para mediar estas organizaciones?

-Esto dependerá de cómo evolucione la presente transición, que es muy delicada y en la cual el gobierno de los Estados Unidos y el gobierno de Venezuela, con las caracterizaciones que se saben acerca de la legitimidad o no del gobierno, pero que es el interlocutor que está en este momento. Dependerá mucho de esa evolución. Es importante y es urgente que Venezuela encuentre un camino de normalización. Es un país con 8 millones de desplazados, con una situación económica muy deteriorada, que no debería ser así y lo iremos siguiendo con mucho detalle.

<div class="migrated-promo-image__description"><div class="migrated-promo-image__source">Fuente: EFE</div></div>
Fuente: EFE
Fuente: EFE

Candidatura de Rafael Grossi para la ONU: el respaldo de Milei y los próximos pasos

-La Argentina lo presentó como su candidato, naturalmente, pero Javier Milei suele mostrarse muy crítico de Naciones Unidas. ¿Cómo juega eso en sus posibilidades?

-Es lo que es. Yo soy argentino y como argentino no podría sino ser presentado por mi país y por mi Presidente. Ahora hay una consideración importante que hacer al respecto. El presidente Milei no eligió un funcionario argentino o un representante de su gobierno como candidato a las Naciones Unidas. El presidente Milei y el Gobierno de la Nación le dieron su confianza a un funcionario internacional que dirige un organismo internacional hace seis años. Para mí esto es una diferenciación bastante clara. La política exterior argentina es la que fija el presidente Milei y la que instrumenta el canciller Pablo Quirno. Rafael Grossi es otra cosa. No quiere decir que esté en acuerdo ni desacuerdo, es el jefe de un organismo internacional.

-¿No lo ve como una contradicción?

-Creo que es muy revelador y positivo que justamente Javier Milei, que tiene una visión crítica de las Naciones Unidas, muy clara, apueste a un cambio en las Naciones Unidas. Y que para hacerlo no elige una persona que tiene una idéntica identificación política, sino que es un funcionario argentino que dirige un organismo internacional muy importante. Dicho esto, la Cancillería argentina está llevando a adelante un trabajo profesional, realmente muy notable. El canciller Quirno y todo el cuerpo diplomático profesional argentino está movilizado en todo el mundo. Creo que el trabajo va a rendir sus frutos.

-¿Cómo sigue el proceso de elección?

Estuve con la presidenta de la Asamblea General, que está aquí en Davos también, Annalena Baerbock. Y ella ya ha fijado la fecha del 20 de abril para iniciar las audiencias públicas. Como parte de un proceso para fortalecer la transparencia del proceso de elección que se hace dentro del Consejo de Seguridad, y como hay una aspiración de mayor apertura, existen diálogos interactivos, tanto con la Asamblea General en sí misma como con la sociedad civil. Y después creo que los plazos se van a acelerar bastante porque ya el proceso electivo dentro del Consejo de Seguridad se iniciará en el verano boreal, en junio, julio.

-¿Se siente optimista respecto a su candidatura o puede surgir un tapado que la haga peligrar?

-La elección del secretario general es un poco como los cónclaves papales, porque es una elección que se va dando por aproximación. Hay un proceso dentro del Consejo de Seguridad, se van descartando aquellos candidatos que parecen contar con menos consenso y se van acomodando los apoyos. Me siento muy optimista. Lo que escucho acerca de mi mensaje es muy alentador. Obviamente por razones de prudencia diplomática, creo que no es bueno que yo diga tengo el apoyo de A, B, C, o D. Vamos caminando con bastante solidez.

El titular de la OIEA, el argentino Rafael Grossi
El titular de la OIEA, el argentino Rafael Grossi

-Se viven días de mucha tensión geopolítica en varios frentes, ¿cree que es uno de los momentos más desafiantes para hacerse cargo de Naciones Unidas?

-Esta elección del secretario general es una de las más delicadas que ha habido en la historia del organismo. Porque hay una convergencia de dos factores que hasta ahora nunca se habían presentado. Por un lado, toda esta fragilidad y altísima conflictividad de la que hablamos en todo el mundo, en el Indo-Pacífico, China, Japón, Camboya, Tailandia, Armenia, Uzbekistán, Ruanda, el Congo, Ucrania, Rusia que de lo de Venezuela, o sea, vemos una multiplicación de los conflictos y el retorno de la guerra. Y eso se da en paralelo con un fuerte cuestionamiento de las Naciones Unidas al mismo tiempo, como una herramienta de dudosa eficacia. Es un momento donde yo espero que exista una conciencia muy clara en los países acerca de cuál es el tipo de liderazgo que el organismo mismo necesita y qué ellos quieren para este momento tan delicado. En mi opinión, más de lo mismo aceleraría el camino hacia la irrelevancia de las Naciones Unidas y creo que eso es algo que no nos podemos permitir.