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El Gobierno logró, en un lapso relativamente corto, una secuencia de hitos que en otros momentos de la historia económica argentina habrían funcionado como disparadores automáticos de una mejora en la percepción de riesgo.

Ganó con holgura las elecciones de octubre, consolidó una bancada oficialista con peso propio en ambas cámaras del Congreso, aprobó el Presupuesto sin sobresaltos y comenzó, como reclamaba el mercado desde el primer día, a comprar dólares para fortalecer las reservas del Banco Central. A eso se sumaron cambios en el régimen monetario y cambiario, orientados a ordenar expectativas y reducir la volatilidad. Sin embargo…

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Fuente: Shutterstock
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Sin embargo, el riesgo país permanece obstinadamente alto, sin convalidar el optimismo que el oficialismo esperaba tras ese combo de señales. Está más cerca de los 600 puntos que de los 561 puntos alcanzados el 7 de enero de 2025, nivel mínimo, por ahora, registrado durante este Gobierno. Un nivel que obligaría al Gobierno a pagar una tasa de interés inaceptable si hoy mismo buscara salir al mercado de deuda internacional.

El interrogante se repite en mesas locales y en despachos del exterior: ¿por qué el mercado no termina de premiar a la Argentina con una baja más abrupta del riesgo país, o lo que es lo mismo, con una suba de las cotizaciones de los bonos de la deuda emitida en dólares?

Para Leonardo Chialva, de Delphos Investment, la respuesta tiene menos que ver con el presente que con la historia. Con el indicador en torno a los 580 puntos básicos —que, corregido por la estructura de los bonos, equivale a un riesgo inferior a 500—, el país se mueve en una zona ambigua, “el límite entre el bien y el mal”. El problema es que la Argentina carga con un pasado que pesa más que cualquier mejora coyuntural. “Somos el mayor defaulteador serial de la historia”, sintetiza. “Y en los mercados, el pasado no se borra de un plumazo.”

Ese daño reputacional tiene capítulos recientes. Wall Street se entusiasmó de más durante la presidencia de Mauricio Macri y luego castigó con dureza a la Argentina en el ciclo posterior, especialmente durante la renegociación de la deuda bajo la gestión de Martín Guzmán. Ambas experiencias dejaron huellas profundas. “Los fundamentos hoy dan mejor, pero acá todo puede cambiar en diez minutos”, advierte Chialva. “En un país con volatilidad política crónica, el mercado exige más que datos: exige continuidad.”

En el plano macroeconómico, las señales son positivas pero incompletas. La inflación de diciembre, del 2,8%, confirmó la desaceleración en términos anuales, pero van seis meses consecutivos de un IPC en alza.

Para Miguel Kiguel, no se trata solo de un número interanual más bajo, sino de la validación de un esquema basado en el ancla fiscal y una política monetaria restrictiva. Eso ayuda a ordenar expectativas, una condición clave para que la inflación siga bajando.

Los obstáculos

Pero el alivio no se siente de manera homogénea. “Los salarios vienen muy rezagados frente a la inflación acumulada del último año y la recuperación del poder adquisitivo es, por ahora, incipiente. Además, el desafío hacia adelante será sostener la desaceleración sin que el costo en términos de actividad y empleo resulte excesivo. La estabilidad, advierten los economistas, todavía es frágil” redondea.

El frente cambiario tampoco está cerrado. “El salto del dólar de $1150 a $1500 tuvo impacto en precios, aun cuando el passthrough haya sido menor al esperado. Subir 30% el tipo de cambio con una inflación acumulada cercana al 15% puede leerse como un éxito técnico, pero también expone la delicadeza del equilibrio”. La acumulación de reservas aparece como un objetivo imprescindible, aunque no exento de tensiones: comprar dólares implica emitir o absorber pesos y recalibrar permanentemente la política monetaria.

Desde una mirada más crítica, Enrique Szewach sostiene que el mercado nunca le “corrió el arco” al Gobierno. “El acuerdo con el Fondo Monetario Internacional exigía acumular reservas, y durante meses ese punto fue postergado. Al mismo tiempo, aumentó la deuda con acreedores privilegiados y se mantuvo una política cambiaria y monetaria confusa, que alimentó la cautela de los inversores.”

A eso se suma un calendario exigente de vencimientos. El año próximo se concentran pagos significativos, incluidos compromisos netos con el FMI que rondarían los u$s 27.000 millones. En ese contexto, el debate sobre el régimen de bandas genera más dudas que certezas. Para Szewach, no existe un verdadero sistema de bandas cuando solo opera un techo indexado al que el Banco Central se compromete a vender. Sin un piso creíble, la señal queda incompleta y el esquema pierde potencia como ancla de expectativas.

Vuelve Chialva: “La pulseada con los mercados ayuda también a explicar la resistencia del riesgo país. El ministro Luis Caputo busca volver al financiamiento externo sin convalidar tasas que comprometan la sustentabilidad de la deuda. Defiende una salida en torno al 8,5%, mientras Wall Street presiona por algunos puntos básicos más. La diferencia parece marginal, pero no lo es: endeudarse por encima del crecimiento nominal del PBI reaviva fantasmas conocidos en un país con memoria traumática.”

Así, el riesgo país no baja porque el mercado todavía pide algo más que elecciones ganadas y datos alentadores. Pide tiempo, consistencia y pruebas de que esta vez el rumbo no se alterará en la próxima curva política. En la Argentina, el problema nunca fue arrancar. El verdadero desafío sigue siendo sostener.

En el equipo económico le bajan el precio a la ansiedad que genera el nivel del riesgo país. Saben que si no se coloca deuda están los dólares del Tesoro de los Estados Unidos para hacer frente a los vencimientos.

Dicen en Economía, cerca del ministro Luis Caputo: “Estamos casi en los mínimos de los últimos siete años. Desde donde veníamos es una compresión de spreads enorme. Y por otro lado, la estructura de los bonos no es atractiva y el track récord crediticio de Argentina es de los peores, y además ya nadie duda duda de nuestra disciplina fiscal… Es cuestión de tener paciencia.”