Gasto

Aun con un déficit menor a 4,5% en 2021, descartan que haya margen para repetir el 'gasto Covid'

Para los analistas el rojo primario puede quedar debajo de las proyecciones oficiales de nuevo, pero sin espacio suficiente para sostener la asistencia otorgada durante 2020, que rondó el 3% del PBI

El déficit fiscal primario finalizó el año en 6,5% del PBI, empujado por un deterioro en los ingresos por el parate económico y la expansión del gasto que exigió la cuarentena por el coronavirus por 3,4% del producto y que, ante un rojo menor al de las proyecciones oficiales, podría replicarse parcialmente en 2021.

Dado que el Gobierno terminó con un rojo primario menor al previsto en el Presupuesto y a las últimas estimaciones oficiales, el equipo económico estudia prolongar el apoyo social como el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) y el  Programa de Asistencia al Trabajo y a la Producción (ATP)

En línea con esta visión, en Economía prefieren la cautela y no reducen el déficit primario proyectado para 2021 de 4,5% del producto, dados los gastos imprevistos que pueden surgir. 

Es que sin gasto Covid el rojo habría sido de 3,1%, según estimaciones de la consultora LCG, a lo que hay que agregarle el impacto que tuvo la crisis en la recaudación. De todas maneras, el informe es prudente en cuanto a las posibilidades de que el desequilibrio primario en 2021 sea menor al de las proyecciones oficiales.

"Resulta una meta atendible, pero que incluye algunos puntos no definidos aún. Por un lado, no prevé nuevos gastos para atender las consecuencias de nuevos confinamientos a partir de un eventual rebrote, pero, por otro, tampoco considera ingresos derivados del impuesto a la riqueza (aproximadamente 0,8% PBI)", resaltó la consultora.

No obstante, los analistas tampoco vislumbran que haya un margen claro para sostener la asistencia otro año más, más allá de que el rojo fiscal sí puede quedar debajo de la proyección presupuestaria, en un contexto en el que el mercado demanda señales de ajuste fiscal que permitan un rápido camino a la convergencia.

Esteban Domecq, de la consultora Invecq, remarcó que en las condiciones actuales no hay espacio fiscal ni monetario para replicar el gasto Covid y que la macroeconomía está muy desequilibrada como para meterse en otra cuarentena y aumentar los gastos asociados.

"Espacio fiscal y monetario no hay, dependerá de como se conjugue con el gasto electoral, qué pasa con la renegociación con el FMI y cómo viene el roll over de la deuda en pesos. Sin acuerdo con el Fondo y sin mercados para financiar más déficit con deuda, todo peso que se emite para IFE o demás gasto Covid termina en el dólar y en la inflación", explicó Domecq a El Cronista.

Matías Rajnerman, de Ecolatina, señaló que el resultado fiscal de este año podría ser inferior a 4,5% del PBI, teniendo en cuenta la cifra de 2020, pero aún así mantiene sus dudas sobre el margen que puede haber, dado que un rebrote, además de exigir un gasto extraordinario, provocaría una caída de la recaudación. 

"El año pasado el Gobierno decía que iba a ser de cero en 2021, lo cual en septiembre parecía 'lógico'. Creo que, entre comillas, no hay mucho margen. El resultado fiscal del año pasado fue mucho mejor y este año también podría ser mejor que 4,5% lo que daría algo de espacio para gastos extra, pero un rebrote haría caer el nivel de recaudación. Depende mucho del tema sanitario porque no es sólo aumento del gasto", dijo Rajnerman.

En tanto, Juan Ignacio Paolicchi, de la consultora Empiria, ligó esta cuestión con la ocurrencia de un eventual ajuste de tarifas que reduzca los subsidios económicos. "Si hay algún gasto de Covid, con una suba de tarifas algo consistente, en torno al 30%, podría reducirse el déficit primario abajo de 4,5%, en torno a 3,5% o 3,75% del PBI", estimó.

Según estimaciones de analistas, sin ajuste de los servicios públicos el primer trimestre aumentaría el gasto un tercio de 1 punto porcentual del PBI, algo más de $ 100.000 millones de 2021.

El equipo económico trabaja en aumentos segmentados según el nivel de ingreso, pero no hay fecha de cuándo y de qué magnitud serán los incrementos, aunque las necesidades políticas presionan para que el congelamiento, vigente desde abril de 2019, se mantenga hasta las elecciones legislativas de este año.

Las erogaciones por el gasto de asistencia extraordinaria por el Covid totalizaron $ 917.793 millones, más del 14% del gasto primario total que alcanzó los $ 6,37 billones, según cálculos de la Oficina del Presupuesto del Congreso (OPC).

Entre las medidas fiscales adoptadas por el Covid en 2020, las partidas más destacadas pertenecen al IFE, que en sus cuatro ediciones insumió $ 262.281 millones, y al salario complementario del ATP, que en sus diversas modalidades trepó a $ 226.853 millones. Entre ambas explican el 53% del gasto adicional por la cuarentena.

Además, el Fondo de Garantías Argentino (Fogar) representó un gasto de $ 93.913 millones, utilizados para respaldar los créditos subsidiados a las empresas que los requerían para pagar los salarios desde el comienzo de la cuarentena, mientras que el Fondo Nacional de Desarrollo Productivo (Fondep), reunió $ 32.348 millones. 

En tanto, los aportes del Tesoro Nacional (ATN) totalizaron $ 65.731 millones y la asistencia financiera a provincias rondó los $ 54.011 millones.

Además, también se expandieron un 31% los subsidios económicos debido al sostenimiento del congelamiento de tarifas que todavía no tiene fecha. 

Los gastos subieron un 17% en contraste con una inflación de más de 36%, pero si se excluyen las erogaciones de asistencia que realizó el Ejecutivo durante la cuarentena el incremento real es de 0,2%. La intención es que el gasto este año, sin contar el apoyo extraordinario, se mantenga o incluso crezca en términos reales.

Derrumbe de ingresos

Por otro lado, los ingresos totalizaron $ 4,37 billones, lo que significa una caída real de 16,7%. Se vieron severamente afectados por la caída de la actividad, la imposibilidad de muchos sectores de afrontar los vencimientos impositivos y algunas medidas de resignación de recursos que tomó el Gobierno en las etapas más álgidas de la cuarentena.

Un ejemplo de esto es el de las bonificaciones al pago de contribuciones patronales para las empresas beneficiadas por el ATP, que hicieron que los recursos de la Seguridad Social totalizaran $ 1,31 billones y cayeran un 12,1% respecto a 2019 en términos reales, aunque también influyó el deterioro de los salarios imponibles y el incremento del desempleo.

Por otro lado, los recursos tributarios alcanzaron los $ 2,67 billones y, si bien fueron la principal fuente de financiamiento, la asistencia monetaria del BCRA en forma de utilidades del Tesoro representó el 60% de los ingresos impositivos, cuando en los últimos años esta proporción oscilaba entre el 10% y el 20%.

Gran parte del déficit fiscal primario fue cubierto por el giro de utilidades del Banco Central (BCRA) por $ 1,6 billones, mientras que casi todo el resto fue financiado en el mercado local, en el que el Tesoro obtuvo un financiamiento neto de $ 386.000 millones.

Este aluvión de pesos sumó fuertes presiones a la inflación en las últimas semanas a medida que la actividad económica se fue abriendo luego de la cuarentena de más de 200 días y la velocidad de circulación del dinero se fue recomponiendo.

Por ello la recuperación parcial de lo perdido en 2020 traerá aparejada una mayor tasa de inflación que podría a su vez disuadir al Gobierno de ajustar las tarifas de servicios públicos y ampliar las erogaciones de subsidios, con el consecuente deterioro fiscal que significa.

En otro orden el pago de intereses de la deuda representaron 2,2% del PBI y llevaron el déficit financiero a 9,7% del producto. Si bien estas obligaciones se contrajeron a casi la mitad en comparación con 2019, el desequilibrio acumulado lleva al déficit total casi al doble del 5% de ese año. 

Si bien para 2021 se espera una baja del rojo los analistas coinciden en que no hay mucho margen para repetir la trayectoria fiscal en 2021 y enfatizan la necesidad de una señal de ajuste fiscal para que mejoren las frágiles variables macroeconómicas y financieras.

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