El Gobierno vive un período de tranquilidad financiera y política, pero no le sobra nada en materia de opinión pública. La calma cambiaria, estimada especialmente por los argentinos en época de vacaciones, se conjuga con un programa de acumulación de reservas más robusto y una baja del riesgo país a la zona de los 500 puntos básicos.

En medio de la confusión y la fragmentación que impera en el amplio espectro opositor, el oficialismo avanza con su temario de sesiones extraordinarias y, si no acelera temerariamente en las curvas, se encuentra con la posibilidad de consolidar un arranque promisorio del año en materia legislativa.

Ante este panorama de relativa armonía en ciertas variables que en otros momentos generaron gran preocupación, como la consistencia del programa macroeconómico y la pericia política de La Libertad Avanza (LLA), uno esperaría encontrarse con una opinión pública optimista respecto del accionar gubernamental y del rumbo económico.

Los datos del Humor Social y Político de D’Alessio IROL/Berensztein ofrecen una visión algo más matizada: un 46% aprueba la gestión del Gobierno nacional y un 53% la rechaza, mientras que un 41% evalúa positivamente la situación económica actual y un 57% la percibe con negatividad.

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El entusiasmo crece hasta el 46% en relación con la economía futura. Así, se presenta una escena en la que emergen guarismos mejorados tras la elección de octubre, pero que ya no se acercan a las valoraciones positivas de las que gozaba la administración Milei a principios de 2025, en torno al 55%.

Estamos en un año político clave, propicio para la discusión de reformas estructurales, pero ante todo muy relevante para empezar a dilucidar el nuevo mapa de actores, alianzas partidarias y coaliciones sociales que aspirarán a funcionar como contrapeso del proyecto libertario. La foto de hoy muestra un Gobierno fuerte y un escenario bastante auspicioso para las posibilidades de LLA a corto y a mediano plazo, en donde el test fundamental serán las elecciones presidenciales de 2027.

Al posar la mirada sobre la evaluación ciudadana respecto de distintos líderes políticos locales, nos encontramos con Patricia Bullrich, Javier Milei y Diego Santilli liderando el ranking de imagen positiva, todas ellas figuras del oficialismo. No obstante, lo que asoma como un emergente revelador es la imagen negativa de los dirigentes que, en todos los casos, supera a sus respectivos apoyos. Esto nos habla de una insatisfacción importante en segmentos amplios de la ciudadanía que no encuentra, hasta ahora, una contraparte que lo complazca.

En este contexto, se empiezan a percibir ciertas fisuras de acompañamiento, sobre todo en torno a ciertas temáticas de política pública y determinados segmentos sociales, a las que los estrategas cercanos al Ejecutivo deberían prestar atención. En especial porque si bien hoy puede existir un vacío y una crisis de representación de estas insatisfacciones subyacentes, esos lugares suelen ser llenados más temprano que tarde.

Así, el Gobierno sufre un déficit en términos del abordaje de las nuevas demandas de la ciudadanía. Anclado en las viejas demandas de la lucha contra la inflación y la inseguridad, para las cuales ha tenido respuestas concluyentes, y con algún resultado inicial en ambas dimensiones, desestima una aproximación honesta hacia reclamos que cobran una visibilidad creciente.

El aumento de la preocupación por la estabilidad laboral, en un momento de destrucción del empleo asalariado formal desde junio del 2025, según los datos del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA), aparece como una cuestión insoslayable. Uno de los sectores más afectados es la industria, que había encontrado un esquema de funcionamiento adaptado a una economía más cerrada y, con la apertura comercial, se enfrenta a situaciones de conflictividad laboral que se replican en distintos centros urbanos del país.

Por otra parte, aparecen ciertos interrogantes en torno a la integración sociodemográfica de la base de sustentación de LLA, tal lo que se desprende del Informe de Indicadores de Preferencias Políticas que elaboramos mensualmente D´Alessio IROL y Berensztein. La brecha de género en la percepción de Milei, su gobierno y el rumbo de la economía ópera muy nítidamente, con las mujeres desaprobando de forma mucho más contundente que los hombres.

Lo mismo sucede al consultar por las preferencias partidarias, con las mujeres abiertamente menos dispuestas a acompañar a los libertarios y más volcadas a expresiones que van del centro hacia la izquierda del espectro político. Esta tendencia de mujeres que adoptan posiciones crecientemente más de izquierda que los varones, en particular entre la Generación Z (16-29 años), es un fenómeno que se viene sosteniendo en distintas democracias europeas y en EE.UU. y que será interesante ver cómo evoluciona en Argentina.

Finalmente, las diferencias de apoyo según género también se verifican en los distintos rangos de edad. Al comienzo del fenómeno Milei parecía haber una potencia especial entre los jóvenes. Sin embargo, lo que sucede ahora es que la satisfacción con los resultados de la gestión crece a medida que nos trasladamos a los rangos etarios más altos. La gran pregunta aquí es si pueden surgir nuevas narrativas que interpelen las inquietudes de los jóvenes, muy enfocadas en la inserción en el mercado laboral y la proyección de un horizonte de desarrollo tanto personal como material.

Frente a lo que emerge como una relativa estabilidad política y financiera, se empiezan a instalar nuevas demandas que buscan ser atendidas por la dirigencia política. Los costos de corto plazo de la transformación económica que encara el Presidente de la Nación, en términos de empleo y salario, le pueden generar a la oposición una oportunidad de reinventarse. Esto podrá lograrlo si es capaz de presentar figuras y espacios que interpreten a amplios sectores de la ciudadanía que anhelan cosas algo distintas. El camino de cara a las elecciones de 2027 está en plena construcción.