Si todos esperan un Plan Bonex, lo más probable sería una corrida al dólar

Twitteaba días atrás la posibilidad de concebir a un partido de fútbol como un evento probabilístico generando un inesperado revuelo en torno a la noción de que a la Argentina le costaría mucho mantener su invicto porque "no perder" 7 partidos al hilo era un evento de muy baja probabilidad de ocurrencia.

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Si bien llevó menos de 24 horas demostrar el punto, me sorprendió lo poco internalizado que la mayoría de mis compatriotas argentinos tiene al concepto de "evento aleatorio". Mi sorpresa proviene del hecho de que a pesar de vivir en el país más riesgoso del planeta en donde virtualmente todo acontecimiento por más descabellado que suene puede eventualmente ocurrir, los argentinos mayoritariamente no comprendieron el concepto de no saber qué puede acontecer en el próximo segundo lo cual se lo asocia a la clásica definición de "incertidumbre"

Argentina es la tierra de los cisnes negros pero a pesar de ello plantear a un evento futbolero como algo con contenido aleatorio es rechazado mayoritariamente.

Uno podría extrapolar este concepto aún más a la vida misma, la vida como noción es también un sendero con alto contenido de aleatoriedad por una sencilla razón: nadie sabe, por más poderoso que sea, por más informado que esté, lo que nos va a acontecer individualmente en el próximo instante de tiempo. 

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De manera tal que la "aleatoriedad" es un concepto tan estadístico como humano y nos acompaña desde el primer segundo en el que nacemos, no importa la actividad a la que nos dediquemos, ni el deporte que nos guste. La mayoría y hasta me animo a decir la totalidad de eventos que enfrentamos en nuestras vidas pueden modelarse como situaciones ex ante probabilísticas. La vida misma entonces puede concebirse como un proceso aleatorio. Y en este frente, la Argentina electoral que se nos viene en 2023 será sin dudas una bomba de eventos inciertos.

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Extrapolando entonces el concepto de incertidumbre y yendo a la coyuntura de la Argentina 2023/2024, se está haciendo bastante común escuchar personajes de distintas extracciones políticas que presagian libremente un plan Bonex en algún futuro relativamente inmediato. 

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Para un país con tanta experiencia en "empomes financieros de toda dimensión posible", la psicología probabilística del argentino se ve amenazada esquizofrénicamente por el concepto de que "una mano invisible" vaya por sus ahorros y le crispa la cabeza a una nación que vive en permanente estado de estrés.

Argentina hace mucho tiempo que se convirtió en una isla de alto componente psiquiátrico en donde los escenarios probabilísticos que pululan consciente o inconscientemente en la cabeza de mis compatriotas mutan vertiginosamente al ritmo de una macroeconomía que desde 1810 se viene deteriorando a niveles muy preocupantes, sin pausa y sin respiro.

La Argentina de hoy exhibe una coyuntura fiscal y monetaria tan complicada que denota preocupantemente algunos perfiles parecidos al 2001 (evento de default) y otros más cercanos a 1989 (evento de hiperinflación). 

En países normales no esquizofrénicos, ambos eventos probabilísticos, default e hiperinflación, serían considerados como cisnes negros o sea, eventos de muy baja probabilidad de ocurrencia pero con consecuencias dramáticamente nefastas. Pero en Argentina dichos eventos tienen una probabilidad de ocurrencia muy superior al promedio de la humanidad toda.

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El problema con el concepto asociado a un potencial Plan Bonex como evento "con cierta probabilidad de ocurrencia" es que si esta amenaza comienza a ser creíble va a tener un severo impacto en los depósitos que los argentinos mantendrían en los bancos y en definitiva en la demanda de dinero. 

Es importante resaltar en este marco que todo proceso hiperinflacionario no se genera por emisión monetaria sino por un drástico y súbito colapso en la demanda de dinero. De esta forma, si en la psiquis de un argentino que está permanentemente al borde de la locura, el evento Bonex se torna en más probable, las chances de que eventualmente no renueve sus depósitos y recurra al dólar como refugio tradicional y extremo, crecen en la medida que la amenaza se torna en más creíble

Me pregunto entre otras cosas: ¿cuál será el mensaje de la oposición en este frente de caras al 2023? ¿O la van a seguir jugando calladitos como si no fuera también su problema?

De esta forma y aunque gran parte de los argentinos no lo perciban, la Argentina del 2023 y 2024 será una que describa a un país muy probabilístico con eventos que todavía se desconocen pero que tarde o temprano ocasionarán una cirugía que a esta altura del deterioro que tenemos sería tan innegable como impostergable. 

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No todas las cirugías generan los mismos costos, no todas las cirugías imponen sus cargas a los mismos actores de la sociedad, por lo tanto se nos vienen largos meses en donde un evento probabilísticamente crítico se olfatea sin entender todavía ni su naturaleza ni el sector que deberá pagarlo. 

La Argentina de hoy se nos ha convertido en una gigantesca ruleta rusa, un conjunto explosivo de loterías posibles todas ellas potencialmente muy crueles a quien le toque pagarla y la pregunta del millón: ¿quién seleccionará el evento definitivo de esta ruleta, el gobierno actual o el que sigue? Yo me animo a asignar una probabilidad mucho mayor a que la cirugía le tocará al próximo presidente y por lo tanto, me sorprende ampliamente el silencio de tanto muñeco opositor a presidente. ¿Estrategia electoral o simplemente una monumental ingenuidad?

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