Opinión

Lecciones para aprender de la crisis norteamericana

Lady Gaga entonando el himno de los Estados Unidos al estilo de una final del Superbowl, busca transmitir, entre otros signos, la sensación de una vuelta a la normalidad en la principal potencia económica del mundo occidental. Sin embargo, el inicio de la Presidencia Biden, no debe hacernos olvidar que aquel país se encuentra sumido en una crisis de características inéditas y de la que aún desconocemos su alcance.

La toma del Congreso en Washington por parte de un grupo variopinto, conformado, entre otros, por supremacistas blancos, ha sido la muestra más notoria de aquella crisis. El continuo déficit comercial y fiscal, la deslocalización de industrias hacia otras zonas del mundo más competitivas, la ampliación de la brecha entre ricos y pobres, todo en el marco de la emergencia de China como potencia desafiante, son algunos otros de los problemas que atraviesan a la sociedad americana.

Quienes conocen la política estadounidense señalan que: 

1) Siempre existieron grupos extremistas que comparten la impugnación al poder del estado federal con sede en Washington, pero,

 2) Siempre fueron marginales al sistema político. En las últimas décadas, estos grupos se han fortalecido a la luz de movimientos como el "Tea Party", o de las cada vez mas populares corrientes religiosas evangélicas. Finalmente, fueron expresados en la presidencia de Donald Trump, que acaba de finalizar. Pero la polarización requiere su contraparte. En el otro lado de la grieta, el principal competidor del actual mandatario, Bernie Sanders, se autodenomina socialista, con la connotación que tiene esa palabra en el país del norte.

Más allá de las peculiares características de la política norteamericana, nos interesa resaltar posibles aprendizajes para nuestro país.

Primera lección

Muchos argentinos se sorprendieron al ver que la grieta no es un fenómeno exclusivo de nuestro país. Sociedades que admiramos por el funcionamiento de sus instituciones y por su estabilidad económica, hoy se encuentran atravesadas por tensiones internas parecidas a las nuestras. No todo lo que brilla es oro.

Si bien la verborragia trumpista era conocida, muchos la reducían a un ejercicio de oratoria. Hoy nos damos cuenta, que el problema es más profundo. Un porcentaje relevante de los votantes del ex presidente, no creen en el resultado de las elecciones. Incluso varios legisladores republicanos votaron en contra de aceptar el triunfo demócrata. Los consensos han muerto. ¡¡¡Novedad!!! Ya no estamos solos en eso de pelearnos por las reglas del juego. ¿O acaso estaremos frente a un cambio más profundo?

Segunda Lección

¿Cuántas veces oímos hablar de la necesidad de construir políticas de estado, o un pacto de la Moncloa versión argentina? Algo así parecían haber alcanzado los Estados Unidos. Muchos ironizaban que demócratas y republicanos eran la izquierda y la derecha de un mismo partido político. 

Sin embargo, desde finales de los 70', acompañando el proceso de globalización, las tensiones sobre la orientación de la política económica, de la salud, y de medio ambiente se fueron acrecentando. Hace poco más de 40 años, los Estados Unidos tenían un coeficiente de gini que mide la desigualdad de 0,34. Según el Banco Mundial ese índice ya era de 0,41 en el año 2016, similar al de Bolivia como para poner un ejemplo de un país latinoamericano. En Dinamarca ese índice es de 0,28. ¿Estos cambios explicarán las rupturas de algunos consensos básicos? ¿Cuánta desigualdad tolera la democracia sin que los propios ciudadanos comiencen a cuestionarla?

Tercera lección

Tendemos a creer, que resolver la dirección hacia donde va un país, en términos económicos, está exenta de disputas políticas. Que el mundo va todo hacia el mismo lugar, y que nosotros somos un rara avis. Puede ser que el hombre vestido con pieles y cuernos tomando el Capitolio nos abra los ojos al respecto. 

La democracia es un orden que promueve la igualdad, cada ciudadano vale un voto. La economía de mercado está basada en la libertad. Los consensos sociales y políticos buscan equilibrar aquellos dos aspectos. Cuando no hay equilibrio, aparecen las disfuncionalidades. Buscar, como argentinos, cerrar la grieta implica que todos estemos dispuestos a ceder. ¿Estamos dispuestos a ceder? ¿El actual contexto global favorece escenarios de búsqueda de consensos?

Cuarta lección

Existen hoy diversos fenómenos que atentan contra la búsqueda de diálogos y consensos. Mientras que la economía se desarrolla a escala planetaria, la democracia sigue jugando a escala local. Demasiado simple mover ahorros e inversiones de un país a otro, como para someterse a regímenes impositivos, que buscan distribuir riqueza. 

Por otro lado, el nuevo contexto comunicacional, tampoco favorece el diálogo, por el contrario, incentiva la escucha de aquellos que piensan como uno, e incluso, promueve la proliferación de fake news, sumamente eficaces, para confirmar todos nuestros prejuicios. Y esto sucede a uno u otro lado de la grieta. Una vuelta por las redes alcanza para darse cuenta.

Lección Final

Desde el retorno de la democracia, el sistema político argentino se demostró eficaz para procesar conflictos y diferencias en forma institucionalizada. Incluso conteniendo aquellas posiciones extremas que fomentan el odio y la estigmatización de aquel que piensa diferente. Sin embargo, la principal deuda pendiente es retomar una senda de crecimiento y desarrollo para inyectar a la democracia de legitimidad ciudadana. 

De lo contrario, corremos el riesgo de que se transforme en una cáscara vacía cuyo devenir se convertirá en incertidumbre. Trump afirmó al despedirse: ¨Volveremos, de alguna u otra forma¨. Lo que suceda dependerá de las capacidades del sistema político americano para procesar las demandas de la sociedad. Esa es la gran lección para los argentinos y su democracia.

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