La inminente firma del acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea promete sumar una nueva escena a la película del comercio multilateral internacional, en la que China y Estados Unidos se disputan el protagonismo con resultados dispares.
El gigante asiático anunció que, por primera vez en su historia, alcanzó en 2025 un superávit comercial superior al billón de dólares, una cifra cercana al rojo comercial que registraba EE.UU. a fines del año anterior y que impulsó a Donald Trump a implementar una controvertida política arancelaria, cuya legalidad hoy depende de la decisión que adopte la Corte Suprema de su país. El fallo, postergado en las últimas jornadas, podría resultar decisivo en una disputa que mantiene en vilo al mundo, en la que se inscriben acuerdos como el anunciado por el canciller argentino Pablo Quirno, que aún espera la firma de los presidentes.
Lo concreto es que China logró un saldo favorable de u$s 1,2 billones en su balanza comercial, pese a que sus exportaciones a Estados Unidos cayeron 20%. El impacto fue compensado por el desvío de envíos hacia otros mercados, lo que se tradujo en un fuerte crecimiento de las ventas a África (25,8%) y al sudeste asiático (13,4%), así como también a la Unión Europea (8,4%) y a América latina (7,4%).
La situación genera preocupación en los países europeos que, mientras reclaman al gobierno de Xi Jinping que reduzca barreras a las importaciones, buscan resolver sus diferencias internas para mejorar el acceso a mercados como el Mercosur, a través de un acuerdo planteado a fines de los años 90 que todavía debe recorrer un largo camino.
En ese contexto, la Unión Europea dio un paso adelante en la carrera con Trump y China al anunciar un entendimiento preliminar con el bloque sudamericano, que implicaría la eliminación del 92% de los aranceles que los europeos aplican a las exportaciones de la región y otorgaría preferencias adicionales para productos que representan otro 7,5%.
Sin embargo, el acuerdo que se firmará el próximo sábado en Asunción, con la presencia de Javier Milei, aún deberá ser ratificado por los parlamentos de los países que integran ambos bloques. Los más optimistas estiman que, por la resistencia de algunas naciones europeas, las aprobaciones podrían lograrse recién hacia fines de 2026, a 27 años del inicio de las negociaciones. Y aún faltarán varios años más para empezar a ver resultados concretos, un período necesario para la adaptación a las normas y exigencias del mercado europeo.
Cumplir con esos requisitos abrirá la posibilidad de competir en el mundo a partir de ventajas que exhibe la región, como el bajo costo de la energía, el acceso a minerales raros —cuyo principal productor es China, que exportó más de 62.000 toneladas el año pasado, un récord desde 2014—, la abundancia de alimentos y también los servicios basados en el conocimiento.
Para ello, advierten los especialistas, será clave estar preparados en materia de infraestructura, condiciones laborales e impositivas, estabilidad macroeconómica, reglas de juego claras y marcos regulatorios que se cumplan en el tiempo, además de una mayor integración al mundo para atraer inversiones. El acuerdo abre una ventana de oportunidades con economías que representan el 30% del PBI mundial, el desafío será saber aprovecharla.
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