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La inflación ayudó a hacer entender al FMI la onda expansiva de la sequía

La inflación de marzo, con su fatídico 7,7%, fue la más alta en 20 años. Que llegara a más de 7,5% era una alternativa que Sergio Massa asumía como altamente probable antes de embarcar rumbo a Washington. El efecto de la sequía en productos frescos y alimentos, los ajustes de tarifas, el salto estacional de los precios de la educación (rubro que se incrementó 29%), componían un combo mortal. Sin contabilizar el incremento de la carne, para la consultora ACM la variación hubiera sido de 6,7%. Para Economía, el impacto de los casos de gripe aviar le agregó casi otro punto extra.

¿Habrá sido marzo el pico del año? La expectativa del equipo económico es que sí. Los analistas, sin embargo, miran con preocupación la curva de variación anual, que está instalada hoy en 104%, porque puede estimular un reacomodamiento peligroso de otras variables financieras, como ser el dólar futuro. El FMI tomó como dato una variación promedio anual de 88%, una cifra prudente que parte de la base de que hacia adelante el índice debe descender.

Aunque el número de marzo en sí es negativo, a Massa le sirvió para que Washington asumiera de manera más contundente el daño que la sequía causó en la economía, y no solo en las metas monetarias y fiscales. Por eso el saldo más relevante de su visita fue el entendimiento que demostraron las autoridades del organismo, de que habrá que hacer una nueva recalibración de metas.

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Más fondos contra la sequía: el BID también brindará asistencia financiera a productores afectados

Economía avanzó con los pedidos que le hizo el staff de mejorar las cuentas fiscales a través de la baja de los subsidios. Y si bien la teoría clásica acepta que bajar el gasto y el financiamiento monetario ayuda a contener la inflación, el caso argentino demuestra lo difícil que resulta que ese esfuerzo tenga el resultado deseado.

El IPC de marzo mostró que hay una inercia que será difícil de quebrar. Ni siquiera el enfriamiento de la economía ha conseguido convertirse en una barrera, ya que los indicadores privados mostrarán esta semana que el consumo masivo tuvo ese mes una retracción cercana a 1,5% frente al año pasado. La perfomance no es igual para todos: el freno se está sintiendo sobre todo en almacenes y autoservicios, donde la brecha de precios con los supermercados oscila entre 25% y 30%.

De todos modos, lo que se percibe es que la enorme cantidad de pesos en circulación permite convalidar precios más allá de su aumento, como se verifica en rubros como calzado, indumentaria o restaurantes.

Massa tratará de que el FMI modere sus objetivos para que la coyuntura no derrape ni complique el frente social.


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