La importancia de entender a China

En diferentes artículos publicados sobre el nacimiento de un nuevo orden mundial, se describió el creciente enfrentamiento entre China y Estados Unidos como un nuevo período de tensión ideológica y geopolítica provocado por China que podría desencadenar el riesgo de una nueva guerra fría. 

En este artículo, trataré de explicar cuales son las bases de la política exterior de China bajo Xi Jinping y examinaré si la suposición hecha por los países occidentales, incluido EE. UU., de que detrás de cualquier estrategia política, los objetivos de China son el expansionismo y dominio mundial es acertada. 

Resolver este dilema es de gran importancia porque tal suposición impide la adopción de cualquier política de compromiso constructivo ("constructive engagement") como fue la política Americana existente desde Nixon-Kissinger. Para entender la política actual de China nada mejor que repasar sin prejuicios datos históricos recientes e interpretar su verdadero significado. 

En 2017, Xi Jinping se convirtió en el primer Primer Ministro de la República Popular China (RPC) en asistir a la Reunión Anual del Foro Económico Mundial en Davos (WEF en sus siglas en ingles). En esta cumbre, que ejemplifica el orden internacional liberal (político y económico), el presidente Xi en la sesión plenaria de apertura abordó los próximos desafíos que el mundo estaba por enfrentar en relación a la entonces nueva política exterior estadounidense bajo la Administración de Donald Trump de creciente confrontación hacia China. 

Cuatro años después, Xi Jinping volvió a pronunciar un discurso en el WEF 2021, solo unos días después de que el presidente Joe Biden de EE. UU. asumiera el cargo. Xi Jinping, también en Davos 2022 pidió a los países que se alejen de una "mentalidad de Guerra Fría", y dijo que la historia ha demostrado repetidamente que la confrontación solo invita a repercusiones desastrosas. En efecto en el foro de Davos de este ano 2022, Xi volvió a reafirmar un objetivo de integración global formalizado por la activa participación de China en organismos internacionales y el Belt Road Initiative.

La participación constante de China en WEF 2021 indica que China ha decidido desempeñar un papel en pie de igualdad con los países desarrollados en los asuntos internacionales y exponer las ideas de China sobre el orden mundial frente a una audiencia global. 

También implica un esfuerzo por mejor explicar la voluntad de China de abordar los desafíos actuales dentro de un marco institucional. Algo no típico de las autocracias totalitarias. Eso sí, podría interpretarse que China usa el WEF u otros organismos como pantalla y que, de hecho, solo muestra el deseo de China de enfrentarse a Estados Unidos en su propio terreno en lugar de considerar que los esfuerzos de Xi buscan cambiar la percepción de su país y dar forma a una nueva imagen de poder global dentro del diálogo que proporciona una institución internacional. 

China afirma constantemente que su papel en el orden internacional será diferente de las prácticas habituales que las potencias occidentales han acusado a China de tener. Este rol fue ratificado por Xi Jinping en otro foro mundial: el Foro de Boao para Asia. Este foro se formó en 2001 como la versión asiática del Foro Económico Mundial de Davos. 

El Foro de Boao fue iniciado por 25 países asiáticos y Australia. Es una organización sin fines de lucro que organiza eventos a los que asisten líderes gubernamentales, empresariales y académicos de Asia y otros continentes para compartir su visión sobre los problemas más apremiantes de la región y del mundo en general. Cada vez más empresas de países occidentales participan en este Foro, lo que demuestra la creciente importancia del sector privado en la economía, el comercio y las finanzas de China. Un factor de gran importancia. 

La visión de Xi sobre el papel global de China es el tercer gran ajuste de la gran estrategia geopolítica de China después de Mao y es importante que se interprete correctamente. Para lograr ese objetivo y comprender lo que quiere China, primero debemos entender cómo Beijing se ha autoasignado un papel protagónico dentro de ese orden internacional. 

El desarrollo constante y estable de China durante los últimos veinte años ha convencido a los líderes chinos de que tienen derecho a tener una posición relevante en la política y economía mundial al mismo nivel que las potencias mundiales tradicionales. 

China quiere desempeñar un papel protagónico de liderazgo y establecer ciertos principios. Uno de estos principios, y una advertencia, es que las guerras comerciales y la confrontación de poder serían un grave error geopolítico. Es un ejercicio de poder de política exterior asertiva que muchos consideran que oculta una amenaza para los países occidentales. En esencia, muchos no confían en las intenciones de China de una estrategia defensiva activa, pacífica, pragmática, sólo orientada a la consolidación de su desarrollo como país dentro del concierto mundial. 

Lo cierto es que bajo Xi Jinping, el énfasis no se limita a los principios de respeto mutuo, sino también al principio de no injerencia en sus asuntos internos. Este principio de no injerencia en sus asuntos internos es asertivo y no negociable para China y proporciona una comprensión de la importancia que China otorga a su frontera y seguridad interna. Ahí radica la razón de la "expansión" de China en el sur de Asia, Hong Kong y Taiwán, los rígidos controles de los medios y el desarrollo de su infraestructura regional a través de la Iniciativa Belt and Road (BRI). 

China considera estos principios como una parte fundamental de cualquier orden internacional que reconozca el lugar de China en el mundo pero regido por el derecho y las normas internacionales. 

China parece haber dejado atrás cualquier agenda global revisionista y revolucionaria típica de Mao para convertirse en una potencia razonable, de statu quo, integrada en la comunidad internacional sobre la base del respeto mutuo. 

Sin embargo, muchos políticos y académicos creen que existe una contradicción en el papel de China bajo Xi Jinping. Por un lado, existe una fuerte tradición que se centra en el desarrollo, el éxito económico y la diplomacia. Por otro lado, existe recelo hacia esta narrativa, en cuanto a si Xi Jinping promueve el BRI y la diplomacia pacífica solo para afirmar los reclamos territoriales/marítimos de China. 

En 2017, el enfoque del discurso de Xi fue defender la posición de China en un mundo globalizado frente a la próxima confrontación de la administración Trump. En su discurso de 2021, podemos ver una extensión de tal confrontación unilateral pero planteada dentro de un frente pluralista como se refleja en el multilateralismo, la consulta amplia y la construcción de consensos, en nombre de un "futuro mejor para toda la humanidad". 

El actual líder chino ha caracterizado a China como un líder mundial responsable que evita confrontaciones internacionales innecesarias y asegura que China está comprometida con sus problemas internos y con mejorar el bienestar de su propio pueblo antes de interferir en los asuntos mundiales. 

El mensaje de Xi a la comunidad mundial internacional proclama que "los fuertes no deben intimidar a los débiles" y posiciona a China como líder mundial en la preservación de las leyes y normas internacionales, la apertura, la unidad y el multilateralismo en lugar de la supremacía. 

La estrategia internacional de China bajo Xi Jinping está dirigida a competir por el dominio tecnológico, de comunicaciones y comercial, en una dirección más asertiva. Y al competir nadie quiere perder. Por tanto, es cierto que las políticas asertivas tienden a volverse agresivas. Sobre todo cuando se refieren a defensas territoriales (Crimea y Rusia por ejemplo). 

La asertividad como estrategia y estilo de comunicación se sitúa en un punto intermedio entre dos comportamientos opuestos: la pasividad, que consiste en dejar que terceros decidan por nosotros, o ignoren nuestros derechos; y por otro lado tenemos la agresividad, que se da cuando no somos capaces de ser objetivos y respetar las ideas de los demás. 

China parece más orientada a competir dentro de las reglas económicas del mercado y a promover su sistema como más eficiente a la hora de encontrar soluciones al desarrollo económico frente a las democracias occidentales y la supuesta pérdida de liderazgo de Estados Unidos en el concierto de naciones. Busca ser un actor relevante. 

Una competencia que EE.UU. debería estar está dispuesto a dar por la naturaleza de los principios sobre los que se fundó el país y que ha sido ratificado por el presidente Biden en su discurso inaugural ("Estate of the Union") del pasado 28 de abril, 2021. 

Si el mundo acepta la visión de China de "desarrollo pacífico" o adopta una visión más dura de una "amenaza de China", determinará cómo reaccionara y se relacionara China con las demás naciones del mundo. De hecho, China, como potencia emergente, puede a su vez temer que sus rivales (principalmente EE. UU.) intenten frenar su crecimiento en comunicaciones, tecnología y finanzas antes de que sea demasiado tarde y reaccione de forma exagerada. 

Si bien la confrontación en estos términos parecería inevitable, las iniciativas sobre el cambio climático pueden decidir si Estados Unidos y China caen en una nueva Guerra Fría o en una competencia mutua respetuosa y constructiva. 

El enviado especial presidencial de EE. UU. para el clima, John Kerry, y el enviado especial de China para el cambio climático, Xie Zhenhua, se reunieron en Shanghai el 15 y 16 de abril de 2021 para discutir aspectos de la crisis climática. Al concluir la discusión, los dos Enviados Especiales emitieron una declaración conjunta en la que coinciden principalmente en que Estados Unidos y China están comprometidos a cooperar entre sí y con otros países para enfrentar la crisis climática, incluida la cooperación en procesos multilaterales, la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático y la implementación del Acuerdo de París. Este es otro indicio positivo del camino a seguir.

Si malinterpretamos la intención de China y vemos el riesgo en lugar de la oportunidad, podemos estar consumando una profecía autocumplida, un término sociológico utilizado para describir una predicción que la hace realidad. 

O en términos históricos caer en la "trampa de Tucídides", término popularizado por Graham T. Allison para describir la tendencia a provocar enfrentamientos cuando una potencia emergente amenaza con desplazar a una gran potencia hegemónica y que ha sido utilizado para describir las relaciones entre Estados Unidos y China por el propio Xi Jinping cuando participó en la cumbre de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) de 2015 en Manila. 

Por lo tanto, no interpretar adecuadamente los objetivos de China puede crear expectativas equivocadas que conduzcan a una escalada de medidas preventivas por parte de China y Estados Unidos de la que no se pueda dar marcha atrás y provocar una nueva guerra fría con consecuencias impredecibles. 

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