CASHTAG

Esperando la mexicaneada de un tal Manzur

Antes que nada, solidaridad con Antoni Gutiérrez-Rubí. El flamante asesor estrella catalán de la campaña del oficialismo, que seguramente se la llevará en pala cuando todo esto termine, se merece un poco de empatía por su faena cuando falta un mes para las elecciones generales en las que el Gobierno aspira a dar vuelta la contundente derrota de las primarias.

Por lo que se vio hasta ahora, su recomendación central no es muy sofisticada, pero a priori pareciera un simple intento de poner orden en una coalición de poder laberíntico y campos minados. La cosa sería algo así: a todo lo que hacemos nosotros y creemos que está bien, agreguemos un "sí"; y a todo lo que hacen ellos y queremos marcar que está mal, le clavamos un "no". Fin de la cuestión.

Pobre Gutiérrez-Rubí. Habrá visto tal quilombo en la alianza con la que le toca trabajar que trató de tirar una mínima idea básica. Imaginate que el ñato llega a trabajar con unos tipos a los que su primera pregunta habrá sido: "¿Pero ustedes no estaban todos peleados?". Porque allá en su anterior incursión en el país en 2017 muchos transitaban caminos diferentes, por decirlo de algún modo.

La Sagrada Familia

De yapa, cuando mira el inventario se debe agarrar la cabeza. -"Joder, ¿cómo está la cosa?", habrá preguntado el hombre de la tierra de Gaudí. Alguno le habrá resumido: -Mirá, tras el palazo en las urnas, hubo una semana de internas crudas a la vista de todos. Y le habrán dicho que el Presidente no quería cambiar el gabinete porque era "su gente", pero lo terminó modificando porque se le plantaron de prepo unos ministros que no controla.

Al indagar un poco, habrá descubierto que la líder del espacio, Cristina Kirchner, mandó a echar gente por carta y vapuleó a su propio gobierno por la gestión económica, diciendo que están haciendo un ajuste en el gasto público. Pero a todo esto, el ministro de Economía, Martín Guzmán, la salió a cruzar en público para decirle que está equivocada, que no hay ningún recorte, todo mientras está negociando con el Fondo Monetario Internacional una deuda que si se paga así como viene, deja al país sin reservas en el Banco Central.

Encima había coincidido con su llegada aquél momento en que el segundo candidato en la provincia de Buenos Aires, un tal Daniel Gollán, había puesto en su boca palabras de una ciudadana al responder en radio sobre el impacto en los votantes de la fiesta de cumpleaños de la primera dama en pleno confinamiento: "Te lo voy a decir como me dijo una señora, con platita la foto de Olivos se siente menos".

Ante semejante desmadre y sobre todo ante tanta falta de conducción, el catalán fue a las fuentes. "Sí" y "no". Y punto. Por eso en el acto de la unidad con las organizaciones sociales el jueves pasado empezó a despuntar ese mínimo hilo conductor del mensaje que ya no dice más "la vida que queremos".

El jefe del bloque de diputados e hijo de la vicepresidenta, Máximo Kirchner, fue uno de los primeros en jugar a Carlitos Balá y su "qué gusto tiene la sal" preguntándole a la multitud si querían que volvieran Mauricio Macri y los tarifazos a lo que la gente respondió "no", antes de luego inquirir si querían que "Alberto, Cristina y Kicillof pelearan contra los formadores de precios" a lo que el público devolvió un "sí".

Este lunes pasado ya en Tucumán, una pantalla azul tenía sobreimpreso un "sí" gigante en letras blancas como fondo de la exposición del jefe de Estado, que insistió con prolijidad y obediencia que "a la deuda le decimos no" y que "al desendeudamiento le decimos sí", en tanto que a "la especulación le decimos no" pero a "las pymes que producen les decimos sí". Todo en simultáneo con la aparición de spots sin las caras de los candidatos donde aparece gente formando el monosílabo "sí" y enfatizando "sí a la vuelta a las canchas", "sí a la baja del impuesto a las ganancias" o "sí a la baja de la inflación" y otras similares.

Pero ni un respiro le dan al catalán, que empezó a ver cómo se desteñían los "sí" enunciados ante la catarata de "no" que generan con los horrores propios. El Gobierno armó bastante a las apuradas un protocolo para la vuelta del público a los estadios de fútbol y en el comienzo nadie lo cumplió, pero bueh, vaya y pase, se le echó la culpa a los clubes. 

El tema es que a los pocos días, el propio oficialismo hizo un acto que se pasó tan por el traste los aforos que terminó con la cancha donde había hablado el Presidente clausurada. Además, el acto dejó frases contra "la democracia de alternancia" a las que nadie se le animaría a ponerle un optimista "sí" para seducir votantes indecisos.

Y así llegamos al episodio con Aníbal Fernández, el ministro de Seguridad que cuando todo debía ser repercusión positiva del fin de semana largo XXL, se le dio por contestarle a un humorista gráfico que había hecho una crítica en Twitter con una mención al colegio al que van las hijas, en un tono intimidatorio. 

Que alguien abrace a Antoni, que habrá quedado en posición fetal diciendo "no" con la cabeza. Hubo condena de todo el mundo y la oposición salió a pedirle la renuncia al funcionario que había llegado por lo del volumen político y por su peso "en el campo mediático". Además hubo quienes marcaron posible antisemitismo porque se trataba de una escuela emblemática de la comunidad judía. Un RCP urgente para el catalán.

¿Una jugada tucumana?

Será ese reino del caos creativo en el que algunos ven un clima de que todo puede ir peor para el Frente de Todos en las urnas dentro de un mes. Igual, nadie se anima a pronosticar nada. En la City, algunos recuerdan cafés previos al 12 de septiembre donde entendidos de ese cruce entre finanzas y política de distintos palos, como pueden ser Javier Timerman o Luis "Toto" Caputo, no estuvieron ni cerca de imaginar este escenario de derrota oficialista y desbande. Por eso también, ahora son cautos para extrapolar lo que pasó en unas primarias posteriores a una pandemia al resultado definitivo de las generales.

Entonces, ante la falta de guías claras, todos trazan escenarios. El más llamativo de estas horas es el que se pregunta si Juan Manzur completará su "mexicaneada". Así llaman en algunas charlas del círculo rojo a la posibilidad de que el gobernador tucumano y jefe de Gabinete, que entró por la ventana para frenar una sangría de poder sin límites en la administración nacional, termine su "jugada increíble".

"Puede armar un acuerdo con el peronismo tradicional, sumar a los empresarios, meter a los sindicatos y correr a La Cámpora", reflexiona un importante inversor en el país. Las reuniones del "menemcito", como le puso Jorge Asís y a muchos les encanta, con gobernadores, más los mensajes amistosos hacia la CGT y este viaje a enviar señales a Washington en plena discusión con el Fondo, no hacen más que alimentar las especulaciones de los que quieren creer que está tejiendo, como quién no quiere la cosa, quedarse con el botín de otro -el manejo del Gobierno- que en definitiva eso es una mexicaneada.

Tal vez sea demasiado entusiasmo corporativo en medio de la desorientación, mientras en las filas de La Cámpora al menos expresan dos mantras: hay que volver al territorio y dejar de ser "rehenes de las pantallas", una frase que sus dirigentes repiten desde hace al menos diez días tras ver un informe propio que marca "la influencia de los celulares como replicadores de la agenda de los medios hegemónicos"; y por otro lado, no hay que dejar de meter mano en el Presupuesto 2022 que mandó Guzmán al Congreso, a quien con desdén le bajan el precio de su roce internacional con frases hirientes, como que "sólo le llevaba el latte" a los Joseph Stiglitz que hoy lo bancan en el exterior. 

En ese punto, el ministro tiene ahora otro crítico cerca: el flamante secretario de Comercio Interior, Roberto Feletti, cuestionaba en sus informes de coyuntura la falta de estímulos fiscales al consumo interno.

El último punto de crítica desde la organización que fundó Máximo Kirchner son los fondos para la educación superior, tanto porque -dicen- no se incorporaron fondos para pagar la paritaria docente como porque en el reparto interfacultades la Universidad de Buenos Aires habría salido perdiendo. Economía responde que hay una partida extra para los salarios en caso de que haga falta, que se aumentaron los fondos especiales para obras y que en todo caso si la UBA salió perdiendo es porque vino mal la fórmula de distribución desde el Ministerio de Educación, que ahora conduce Jaime Perczyk, que antes era nada menos que el Secretario de Políticas Universitarias, el encargado de hacer esos números.

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Comentarios

  • CC

    Claudio Cristaldo

    Hace 7 segundos

    7:00 minutos tirados a la basura, lo malo si breve, menos malo, cuando las notas se escriben más con los deseos que con la cabeza, son guiones de teatro más que obras de periodismo.

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