Zoom Editorial

El plan deberá empezar con las condiciones del Fondo sobre la mesa

Para Alberto Fernández, el superávit fiscal es bueno y virtuoso si es hijo del crecimiento y no del ajuste. Nadie puede rechazar esa afirmación, pero para ubicarla en el contexto actual de la Argentina, habría que preguntarse cómo cree el Gobierno que va a conseguir crecimiento con déficit fiscal creciente y sin financiamiento.

Los enunciados del discurso del Presidente son razonables y seguramente compartidos por toda la sociedad. Lo que no queda claro de su promesa de "nueva etapa" es qué parte de su política cree que no funcionó. ¿El problema fue solo la pandemia, o también le va a echar la culpa al crédito del FMI, que al menos sirvió para evitar el default?

Para obtener resultados distintos, hay que apelar a fórmulas distintas. Esa premisa básica del management debería estar sobre la mesa de diálogo que prometió abrir el Poder Ejecutivo. Y un dato que habrá que evaluar una vez que empiece a funcionar esa instancia es qué parte de lo hecho hasta ahora están dispuestos a hacer diferente. Si solo se trata de repetir las recetas de estos dos años, con la esperanza de que sean compartidas por el resto de los actores políticos, entonces el sentido del consenso desaparece.

La siguiente pregunta es qué usina interna podría aportar ideas frescas para los siguientes dos años. Alberto Fernández dejó en claro su respaldo a Martin Guzmán (fue el único integrante del gobierno mencionado con nombre y apellido en el discurso presidencial del domingo). Y el propio ministro se encargó de aumentar su base de apoyo durante una charla con la vicepresidenta Cristina Kirchner el día previo a la elección.

De acuerdo a lo que anunció el Presidente, el programa plurianual que enviará al Congreso a comienzos de diciembre recogerá puntos ya conversados con el FMI, o por acordar en las próximas dos semanas, lo cual implica que el punto de partida para lo que viene en los hechos lo pondrá el Fondo. La Argentina tendrá que hacer los deberes necesarios para conseguir la refinanciación del organismo, y en esa lista sobresalen dos cuestiones delicadas: la brecha cambiaria y la convergencia fiscal.

El Gobierno debe aclarar aún el mecanismo con el que espera llevar adelante el diálogo. Pero luce poco probable que haya una negociación a tres bandas con el Fondo y la oposición. Con lo cual lo que queda por delante como camino más probable es un pedido de acompañamiento, para que los gobernadores y legisladores de todos los partidos respalden las bases de un acuerdo. Algo más parecido a un apoyo patriótico que a políticas consensuadas.

Los inversores desconfían de toda esta retórica. Vale recordar que Guzmán sostuvo en su contrapunto con Cristina que el ahorro fiscal no fue producto de un ajuste, sino de gastar a un ritmo inferior a la inflación. Más vale que la Casa Rosada haga aparecer pronto algunos hechos que permitan anclar tanta palabra.

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