El papel del comercio y la inversión en la política exterior

El comercio y las inversiones deberían allanar el camino hacia una coexistencia pacífica entre Estados Unidos y China y no a una confrontación

El comercio de Estados Unidos con China ha crecido enormemente en las últimas décadas y es crucial para ambos países. Hoy, Estados Unidos importa más de China que de cualquier otro país, y China es uno de los mayores mercados de exportación de bienes y servicios estadounidenses.

Los consumidores estadounidenses se han beneficiado de precios más bajos y las empresas estadounidenses han accedido al inmenso mercado de China. China es ahora el tercer mercado de exportación más grande para los Estados Unidos, detrás de Canadá y México. Un estudio del 2017 encargado por el Consejo Empresarial EE.UU.-China, un grupo industrial, encontró que las exportaciones a China generaron casi dos millones de empleos en los Estados Unidos.

Las empresas estadounidenses ganan miles de millones de dólares al año con las ventas en China. Las empresas chinas a su vez han invertido miles de millones de dólares en Estados Unidos. Una fuente importante del crecimiento de China ha sido la creciente proporción de inversión realizada por empresas privadas que han podido generar un rendimiento de los activos hasta tres veces mayor que el de las empresas estatales. El sector privado de China a menudo se resume con una combinación de cuatro números: 60/70/80/90. Las empresas privadas aportan aproximadamente el 60% del PBI de China, el 70% de su capacidad innovadora, el 80% del empleo urbano y el 90% de los nuevos puestos de trabajo.

La posición de China en las cadenas de suministro globales es crucial para la economía mundial. Las fábricas chinas ensamblan productos para exportar a los Estados Unidos utilizando componentes de todo el mundo.

Forzar un desacoplamiento sería un error con consecuencias imprevistas. La eliminación de riesgos (derisking) es quizás una alternativa, pero debería ser parte de un proceso de toma de decisiones de libre mercado. La política no debe interferir y debe dejar que el sector privado y el mercado (países y sus poblaciones) decida.

Pero Estados Unidos ve la expansión mundial de China con preocupación. El 5G es un ejemplo de una industria en la que domina China y EE.UU. ha impuesto sanciones y restricciones debido a la tecnología de seguridad crucial involucrada. El presidente Donald Trump adoptó un enfoque contundente, retirándose del TPP e imponiendo aranceles a productos chinos por valor de cientos de miles de millones de dólares. Mientras tanto, el Congreso de EE. UU., respondiendo principalmente a los temores sobre la adquisición de tecnología estadounidense por parte de China, aprobó una legislación que amplía el papel de CFIUS (el comité que regula las inversiones extranjeras en Estados Unidos) y ha endurecido los controles sobre las exportaciones de alta tecnología. Bajo la presidencia de Biden, Washington ha dado los pasos más serios hasta ahora para debilitar la economía de China.

Además de retener aranceles por valor de unos 360.000 millones de dólares impuestos por Trump, Biden ha sancionado a personas chinas asociadas con abusos contra los derechos humanos en Xinjiang y Hong Kong, ha amenazado con sacar de las bolsas de valores estadounidenses a empresas chinas con un valor colectivo estimado en 2,4 billones de dólares e introducido controles de exportación que restringen la capacidad de Beijing para obtener tecnología avanzada.

La voluntad de Biden de continuar con la escalada económica contra China parece inevitable ya que las restricciones no han producido el efecto deseado. Ni los aranceles de EE. UU. sobre los productos chinos (y los aranceles chinos de represalia sobre las exportaciones de EE. UU.) ni los controles de exportación de EE. UU. han mostrado signos de reversión. Los expertos dicen que los esfuerzos para perjudicar a las industrias chinas competidoras, en particular los controles de exportación de octubre de 2022 de Biden, podrían sofocar la industria de semiconductores de China. Algunos analistas debaten si las recientes restricciones comerciales equivalen a una estrategia de desacoplamiento económico completo.

El uso de aranceles unilateralmente daña la imagen de Estados Unidos como defensor del libre comercio y cede autoridad moral a China y además en la mayoría de los casos no ha dado el resultado esperado. Si convocáramos a los gobiernos y funcionarios públicos y privados que han sido sancionados por Estados Unidos, la foto nos mostraría a un grupo diverso proveniente de países de África, Asia, América Latina y Medio Oriente que se parecería al G-7 o cualquier otra reunión en el calendario global como la que se lleva actualmente en Sudáfrica en la reunión de los BRICs. En el centro China, presentándose como un aliado moral, diplomático, comercial y financiero, ante el club de gobiernos que se han reunido, que es lo que probablemente suceda en Sudáfrica en la reunión de los BRICS. Forzar en ese escenario un desacoplamiento sería un error.

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