El Mercosur en crisis: los acuerdos bilaterales de Uruguay

El 21 de julio se llevó a cabo una nueva Cumbre de presidentes del Mercosur en Asunción, Paraguay. Este tipo de reuniones resume el último semestre de trabajo, impulsa diálogos sobre orientaciones futuras del bloque y entrega la presidencia pro tempore a uno de sus Estados Parte. Sin embargo, esta vez el encuentro fue el escenario de interesantes debates más allá de lo cotidiano. La reunión estuvo atravesada por las negociaciones entre Uruguay y China para firmar un tratado de libre comercio. En ese contexto, se retomaron los debates sobre la flexibilización del bloque para la habilitación de acuerdos bilaterales, la modificación de la estructura arancelaria, la reactivación del Acuerdo de Asociación Estratégica con la Unión Europea y el peso relativo del comercio intrarregional. Con ello, también resurgen las preguntas sobre la propia relevancia, legitimidad y vigencia del Mercosur, así como sobre el rol de la región en el mundo.

Las tensiones ya se han hecho notar. El miércoles pasado, Luis Lacalle Pou, presidente de Uruguay, anunció la finalización exitosa de un estudio de factibilidad que habilitará las negociaciones de un tratado de libre comercio con China. El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, expresó su desacuerdo y anunció que no participará en la Cumbre. Por su parte, Chile, país asociado, reemplazó la presencia de Gabriel Boric por la de su canciller.

Sin embargo, las discusiones actuales reflejan condicionantes políticos y desacuerdos regionales más amplios. En primer lugar, el año electoral y el posible debate sobre el conflicto entre Rusia y Ucrania también influyeron en la decisión de Brasil, que pretende promover la flexibilización del bloque. También existen grandes diferencias entre las relaciones de nuestros países con China, especialmente por el reconocimiento de Paraguay a Taiwán en lugar de a la República Popular China, lo que complejiza cualquier intento de acuerdo con el gigante asiático. Finalmente, las visiones divergentes de Argentina y Uruguay sobre el tema fueron explicitadas en 2021 a partir de los intercambios de los presidentes sobre si el Mercosur encorsetaba o proyectaba a los países en su vínculo con el mundo. En esa coyuntura, es importante considerar también otras variables en juego.

Desde su creación en marzo de 1991, el bloque estableció como objetivo prioritario la adopción de una política comercial común con relación a terceros países, o grupos de países. Tres años después adoptó un Arancel Externo Común, que fija la alícuota que deben tributar los productos extrarregionales para entrar al mercado interno. Entre las múltiples normas regionales que profundizaron estas ideas, la Decisión N° 32/00 del Consejo del Mercado Común reafirma el compromiso de negociar conjuntamente acuerdos con países extrazona en los cuales se otorguen preferencias arancelarias.

Los acuerdos descriptos entran en diálogo con los principios multilaterales de la Organización Mundial del Comercio (OMC); en particular, el trato de la nación más favorecida. Deben analizarse los efectos que esto podría tener en el comercio intrarregional, que actualmente es el más alto desde 2014. China es el primer destino de las exportaciones uruguayas, por lo que varios sectores económicos podrían beneficiarse del acuerdo. Sin embargo, como contracara, bienes manufacturados chinos podrían reemplazar a sus equivalentes producidos en la región. Todo ello en un contexto de desglobalización, proteccionismo y tratados de libre comercio que no se limitan a preferencias arancelarias, sino que incluyen regulaciones sobre medidas sanitarias y fitosanitarias, reglas de origen, inversiones y solución de controversias.

Más allá del tema inmediato de coyuntura, el compromiso de negociación conjunta y el establecimiento de un Arancel Externo Común forman parte de los cimientos del Mercosur, que hoy vuelven a estar en discusión. De manera más amplia, las preguntas pendientes remiten a los dilemas de inserción internacional de nuestros países. Si bien los tratados de libre comercio y los procesos de integración regional son presentados como instrumentos de política en tensión, pueden conjugarse en función del desarrollo de la región, siempre que la apuesta sea profundizar, y no desarmar, los logros de estos 30 años del bloque.

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