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El dólar y la inflación acortan el tiempo de las respuestas oficiales

Aunque parezca difícil de creer, los datos de la inflación de junio no causaron tanta amargura en el equipo de Silvina Batakis como la perspectiva de lo que puede suceder en julio. En el Gobierno son conscientes de que el salto en el dólar que vino tras la renuncia de Martín Guzmán astilló cualquier intento de control tradicional. La Secretaría de Comercio Interior renovó días atrás el programa Precios Cuidados, pero las empresas cada vez encuentran más obstáculos para cumplirlo: desde proveedores que no logran entregar a tiempo los insumos elementales, hasta la incertidumbre de no saber qué tipo de cambio tomar como referencia para los siguientes treinta días, algo básico para calcular el valor de reposición.

No hay empresa que no sienta que opera sobre arenas movedizas. La economía está llena de pesos, pero la falta de dólares para importar restringe tanto la oferta de bienes que la fijación de precios es un dolor de cabeza cotidiano. El equipo económico reza para que esta coyuntura no se extienda más allá de tres meses, momento en que debería aflojar la compra de energía. Pero para los privados, hoy agosto es largo plazo. "Para invertir siempre reclamamos reglas de juego estables. Ahora nos conformamos con que duren seis meses", planteó uno de los ejecutivos que participaron ayer de CEO Profile, evento que todos los años organizan El Cronista y Apertura.

Los industriales están a la espera de alguna decisión que permita aliviar un poco el escenario. Daniel Scioli partió rumbo a San Pablo junto con el secretario de Industria, Ariel Schale y la plana mayor de la UIA, encabezada por Daniel Funes de Rioja. Los recibió el titular de la Fiesp, la poderosa entidad que nuclea a los empresarios paulistas, con quienes buscó avanzar en una discusión que no es fácil de instrumentar en tiempos de urgencias: la activación del intercambio en moneda local.

El titular del Ministerio de Desarrollo Productivo quiere reactivar una idea que tiene bastante arraigo pero hasta ahora no se pudo poner en práctica. El objetivo es que el dólar desaparezca como base del comercio bilateral, para que las divisas puedan ser utilizadas para otros fines.

El Banco Central respalda el plan, pero su implementación no depende exclusivamente de la buena voluntad de las autoridades monetarias, ya que las empresas tienen armados sus sistemas de facturación con el dólar como referencia. Cambiar ese esquema no solo lleva tiempo, sino también demanda una certeza de que serán reglas que no volverán a ser modificadas en pocos meses más. El BCRA aspira a que el clearing que domina esta modalidad (debe girar dólares a Brasil y recibir pesos) no se haga de forma diaria sino trimestral.  Puede funcionar, pero hoy el tiempo es más tirano que nunca.

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