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Con clima seco de fondo, se viene un trimestre duro para conseguir dólares

La pelea por conseguir dólares en el segundo semestre va a ser encarnizada. Si la escasez se hizo sentir en lo que va del año, en el sector privado ya empezaron a adaptar sus planes de producción. Algunas empresas aceleraron sus pedidos de importación de insumos pero del otro lado del mostrador, los funcionarios que administran el complejo universo de las SIMI comparan las planillas de este año con las de años anteriores, para tratar de identificar cuándo las compras solicitadas superan el nivel "normal" de la prepandemia.

El Gobierno siempre quiso priorizar el nivel de actividad, pero el récord de importaciones de mayo transmite otra sensación. La economía tuvo una mejora en el primer trimestre del año, pero el salto que dio la inflación desaceleró el consumo. En ese contexto, el incremento de las compras externas estuvo impulsado por la energía (a cargo del Estado) y una vigorosa adquisición de partes y bienes de capital. Si la crítica que hizo Cristina Kirchner la semana pasada buscaba presentar esta tendencia como un derroche de dólares, entonces está bien decir que no fue un "festival". Pero los empresarios saben que en lo que resta del año la devaluación del peso debería acelerarse. Por eso todo aquel que pueda comprar hoy (mejor dicho, ponerse en la fila para que le autoricen a recibir los dólares necesarios) lo intentará.

Los que empezarán a sentir el rigor del nuevo esquema de administración del comercio son los que se dedican a traer bienes de consumo. Conforman un escalón de productos en el que figuran desde tecnología hasta alimentos y bebidas. En esta línea también figuran indumentaria y calzado. El periodo más duro será el tercer trimestre, entre julio y septiembre, ya que calculan que cuando termine el invierno ya no habrá que traer más barcos de GNL. También descenderá la demanda de gasoil para alimentar las centrales térmicas, porque en la oferta energética ganan terreno las represas. En octubre el flujo se revierte, porque si todo sigue su curso, se reabrirá la exportación de gas a Chile.

Hay un dato que todavía no terminó de ser puesto en la mesa, pero que ya encendió luces de preocupación. No solo el frío juega en contra del flujo de dólares: la Argentina está atravesando una seca que está dejando una huella cada vez más visible en el campo. La siembra de trigo está detenida en gran parte de la región pampeana, enfrentando el peor escenario en 12 años. Ante la expectativa inicial de que la cosecha este año se acercara a los 22 millones de toneladas, la última estimación de la Bolsa de Rosario ya la anotó en 18,5 millones. Y todavía no hablamos de la escasez de fertilizantes, mucho más determinante en el resultado final del cultivo que la del gasoil. El pronóstico no es bueno y podría sumar otro dolor de cabeza al BCRA, que todavía está evaluando junto con el Ministerio de Economía algún mecanismo temporal que acelere la venta de la soja remanente.

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