Opinión

Como Chile logró la autonomía de su Banco Central

En esta noticia

La inflación y sus dramáticas consecuencias persiguen a la economía argentina desde hace décadas. Por obvias razones, el Banco Central ha ocupado casi siempre un lugar preponderante en ese debate. Hasta alcanzar cotas impensadas en el último tiempo, con la propuesta de su eventual cierre y el avance hacia una dolarización.

Quizás sea oportuno en este contexto explorar el caso de un país vecino como Chile, que consiguió doblegar la inflación. En especial, como es que logró construir un Banco Central verdaderamente autónomo. Lo que a la postre -de acuerdo con la evidencia de los datos- fue uno de los factores decisivos para terminar con ese flagelo, consolidar la estabilidad e iniciar un camino de crecimiento sostenido de su economía.

Chile soportó una muy alta inflación durante buena parte del siglo XX. Con niveles promedio del 45% anual desde 1925 -cuando se creó el Banco Central- hasta su autonomía en 1989. Y años de más del 300% en la década del 70, según un estudio del Instituto Libertad y Desarrollo.

El presidente de Chile, Gabriel Boric.

El problema parecía no tener solución. Los sucesivos gobiernos habían sido incapaces de resolverlo. Hasta que se dio un primer paso cuando en la Constitución de 1980 se definió que el Banco Central sería un organismo autónomo y de carácter técnico. Pero no fue hasta 1989, con la sanción de la Ley Orgánica Constitucional, que la autonomía se concretó de manera plena. En la norma se fijó asimismo con claridad el mandato del Banco Central: velar por la estabilidad de la moneda y el normal funcionamiento de los pagos internos y externos.

La autonomía y el Consejo

Hay sin embargo un aspecto menos destacado de la ley, pero que fue fundamental para lograr la autonomía: la creación de Consejo como órgano de gobierno del Banco Central. Y lo que es más importante, el diseño de su funcionamiento y el mecanismo de selección de sus integrantes. Cabe recordar que al sancionarse la mencionada Ley en 1989, Chile se encontraba en camino a la transición democrática. Ello facilitó una suerte de acuerdo tácito entre los sectores políticos mayoritarios, que permitió en ese instante fundacional, dar forma a un Consejo que reflejara las diferentes visiones económicas. Y que garantizara a partir de entonces, un Banco Central alejado para siempre de los vaivenes políticos. Anteponiendo eso si como criterios innegociables, la capacidad y experiencia profesional de los candidatos, y el cumplimiento irrestricto de los objetivos fijados en la Ley.

¿Cómo funciona el Consejo? Se compone de cinco miembros, propuestos por el presidente de la República. Cada nombramiento debe ser aprobado por el Senado, mediante una mayoría simple. Se trata de un primer reaseguro para la autonomía. El mandato de cada consejero es de diez años, y se renuevan de manera escalonada cada dos años. De este modo, un Jefe de Estado en circunstancias normales, sólo puede proponer a dos nuevos consejeros en sus cuatro años de período presidencial. Apenas un 40% del Consejo. Se busca así evitar que el gobierno de turno pueda apoderarse del Banco Central nominando al Consejo completo. Es un segundo reaseguro para la autonomía. Los consejeros no pueden ser removidos libremente por el presidente de la República, sin la participación de otras instancias como el Senado o la Cámara de Apelaciones de Santiago. Y siempre que se presenten las causales de remoción especificadas en la ley. Los consejeros no están sujetos a la fiscalización por parte del Congreso. Un reaseguro más para la autonomía.

En caso de que se produzca la vacante, la ley delega en el presidente de la República la facultad exclusiva de designar al presidente del Banco Central. Aunque claro, sólo puede elegir entre los miembros que ya integran el Consejo. Rigor y flexibilidad en una combinación virtuosa. El presidente del Banco Central permanece en el cargo por cinco años, o el tiempo que le reste para completar su mandato como consejero. Así, si es designado en el séptimo año desde su nombramiento, será titular del Banco Central durante tres años. Si en cambio esto sucede en el segundo año, al concluir el plazo como presidente debería retornar a su posición de consejero.

Lo habitual frente a la salida de un consejero -por renuncia o fin de su mandato- es que quien lo reemplace sea una persona de la misma visión o pensamiento económico. Esta ha sido la tradición desde la creación del Consejo, y es un reaseguro adicional para la autonomía y estabilidad del Banco Central. Un par de ejemplos sirven para para ilustrar lo dicho. Luis Felipe Céspedes, quien fuera ministro de Economía, Fomento y Turismo de la presidente Michele Bachelet -centroizquierda- fue el candidato que propuso el presidente Sebastián Piñera -centroderecha- cuando se produjo un cupo en el año 2021 ante la salida del consejero Joaquín Vial, quien había sido colaborador del gobierno de Eduardo Frei, de esa misma coalición. De manera inversa, Rosanna Costa, economista de extracción liberal y cercana a los equipos de Piñera, fue propuesta como consejera por Bachelet en 2017, en reemplazo de Rodrigo Vergara, presidente del Banco Central hasta ese momento. Y quien había trabajado con Piñera en años anteriores. Por cierto, Costa asumió además la presidencia en febrero de 2022.

Reconocimiento y resultados

Prueba del prestigio adquirido por el Banco Central, es el nivel académico y profesional de sus consejeros. Casi todos ellos son doctorados en universidades internacionales top y cuentan con experiencia en instituciones financieras y multilaterales. El reconocimiento ha trascendido las fronteras. Vittorio Corbo fue elegido por la revista Global Finance como el presidente de Banco Central del Año, en 2006. Rodrigo Vergara por su parte fue nominado como uno de los cinco mejores presidentes de Banco Central del mundo y el mejor de América en 2013, por la misma publicación.

Desde la sanción de la Ley Orgánica Constitucional, y en conjunto con otros hitos como la política fiscal basada en metas, la apertura al comercio exterior, y un sistema financiero bien regulado, la ‘autonomía' del Banco Central ha sido un factor clave para el control de la inflación. Su reducción sistemática hasta alcanzar niveles del 3% anual hacia fines de los años 90, apuntaló el ciclo más exitoso de estabilidad y crecimiento. Que como señalara el economista José Luis Daza, permitió a Chile convertirse en el país del mundo que más redujo la pobreza en los treinta años transcurridos entre 1985 y 2015.

Temas relacionados
Más noticias de Chile
Noticias de tu interés

Compartí tus comentarios

¿Querés dejar tu opinión? Registrate para comentar este artículo.