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Mientras todos miran al dólar, falta resolver dónde terminarán los pesos

En momentos en los que toda la profesión económica debate sobre si conviene o no ajustar el tipo de cambio para no perder parte de la competitividad ganada con la devaluación de diciembre, está sembrándose un interrogante paralelo, y es qué va a pasar con los pesos.

La intención oficial está clara: la base monetaria tuvo una caída real de más de 30%, y si fuera por el presidente, ese guarismo debería caer más. Es una de las razones por las que se espera que después de que se conozca la inflación de marzo, el Banco Central aplique una nueva baja de la tasa de referencia. Ese interés es el que aplica el organismo monetario para remunerar los pases que todavía tienen colocados los bancos.

La contrapartida de este movimiento es el descenso de la tasa que pagan las entidades por los plazos fijos, que hoy se ubica en torno a 70% anual. Esa cifra podría descender y desalentar las colocaciones a plazo en el sistema bancario. Si eso no ocurre es porque el plazo fijo todavía es una fórmula cómoda y segura para los ahorristas y porque el dólar, la opción alternativa tradicional, descendió fuerte desde el cambio de gobierno, pasando de $ 1300 a $ 1000 en apenas tres meses. Eso significa que los conservadores que dejaron su plata en el banco, aún con tasas en baja, ganaron frente al dólar.

Abril es el mes en el que comienza a liquidarse la cosecha de soja, y si bien es una buena noticia para la eterna necesidad de recomponer reservas, el BCRA debe emitir pesos para comprarlos, y esa condición va en contra del objetivo de achicar (o mantener constante) la base monetaria. Hasta ahora ayudó la compra de Bopreal, el bono en dólares que el Central vendía en pesos para darle acceso a los importadores al cobro de su deuda. Pero su demanda se enfrió.

Banco Central de la República Argentina

Los productores agropecuarios volverán a ser el fiel de una balanza sensible. Por un lado el Gobierno espera que vendan, aunque no sea al mejor tipo de cambio (el campo vota por un ajuste, eso queda claro). Y si lo hacen, la expectativa oficial es que esos pesos ayuden a reactivar la demanda de bienes de capital y revivan la economía de la zona núcleo.

Los pesos del agro también pueden ir al dólar y ponerle un piso a la caída. Pero nadie sabe a ciencia cierta cómo oscilará su precio. Javier Milei imagina un BCRA que no esté obligado a comprar las divisas del superávit comercial, pero eso se podrá hacer cuando se termine el cepo y habilite la competencia de monedas. Las respuestas aún no están sobre la mesa.

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