OPINIÓN

Boca, los Juegos Olímpicos y la salud mental

Señales de alerta, del fútbol local a distintos eventos en los juegos de Tokio.

Las organizaciones del deporte supieron cómo adaptarse a la situación de pandemia bajo los auspicios de la TV. Así, pudieron mantener viva la deportividad y poner a salvo millonarios ingresos. Ello pudo lograrse en medio de protocolos, testeos, vacunas, chequeos médicos, estadios sin público, hospedajes especiales y viajes pautados como "burbujas sanitarias".

Tras la Copa América disputada en Brasil, en la vuelta a los torneos organizados por la Confederación Sudamericana de Fútbol (Conmebol), el plantel de Boca Juniors vivió un hecho singular. Luego del error del VAR anulándole un gol válido, en el postpartido se produjeron disturbios en el vestuario del estadio del Atlético Mineiro.

El Xeneize debió permanecer 24 horas adicionales en territorio brasileño. Después de pasar la noche en vela en un micro frente a una comisaría de Belo Horizonte, los imputados (dos integrantes del Consejo de fútbol y varios jugadores), debieron abonar una fianza de unos u$s 1700 cada uno por daños causados en las instalaciones del Mineirao. Superados los incidentes y con el visto bueno de la policía local, la delegación regresó fuera del cronograma establecido. Por instrucciones del Ministerio de Salud, los futbolistas y directivos debieron aislarse obligatoriamente. Entonces, Boca pidió una postergación y la Liga Profesional de Fútbol se la denegó.

En medio de este trámite, el plantel de reserva disputó su partido frente a Banfield, pero 24 horas después los mismos jugadores (de 17 a 22 años) se vieron forzados a reemplazar a los profesionales en el partido de primera división. Los juveniles tuvieron una actuación tan digna como sacrificada, llegando al límite de sus reservas físicas, logrando un empate en cero bajo una copiosa lluvia. Por esos días, nadie reparó que se estaba incumpliendo con el descanso mínimo de 48 horas entre partido y partido (arts. 99; 121; Reglamento General de AFA). De tal modo, estos jóvenes fueron expuestos a un estado de presión extrema que debió haberse evitado, en resguardo de su integridad psicofísica. Tan sólo tres días después, volvieron a repetir la experiencia frente al primer equipo de San Lorenzo.

LOS JUVENILES SUB 23 DE TOKIO 2020

Por otra paradoja del destino, mientras los juveniles de Boca exhibían sus habilidades, el seleccionado argentino sucumbía en la fase de grupos de los Juegos Olímpicos. Antes de arribarse al empate final con España (1-1) que significó la eliminación en tierras japonesas, algunos clubes argentinos y extranjeros desatendieron los pedidos del entrenador.

"Cuando jugamos los Panamericanos de Lima o el Preolímpico para obtener la clasificación, hubo clubes que decidieron no ceder a los jugadores, pero trato de contar hasta diez y de ser lo más frio posible. Uno siempre quiere ir con lo mejor. La idea es que tener dos semanas de preparación, para después dar una lista final, aunque los que terminan definiendo si mandan a los jugadores son los clubes, yo solamente cito", declaró el DT Fernando Batista.

Muy lejos de la gloria alcanzada en los JJOO de Atlanta 1996 (medalla de plata), Atenas 2004 (medalla de oro) y Beijing 2008 (medalla de oro), otra vez el orden de las prioridades resultó fallido. Brasil-México y Japón-España disputarán las semifinales en busca de una medalla.

LAS NADADORAS ARGENTINAS BAJO PRESIÓN

La nadadora Delfina Pignatiello vio frustradas sus aspiraciones en Tokio. A considerable distancia de las mejores marcas, Pignatiello reconoció ante la TV: "Puse todas mis garras para cambiar el chip y tener mi revancha, pero no se me dio. Hace un año ni me planteaba estar acá por todo lo que pasó, pero no lo pongo como excusa. Se ve un rato de competencia, después de todo lo que uno hace en la oscuridad para trabajar. Necesito vacaciones y arrancar con otra cabeza el próximo proceso. Estar acá es increíble, único. Con lo duro que es me dan más ganas de volver con otra cabeza, con otra preparación".

El proceso de entrenamientos con miras a los olímpicos fue anormal y tortuoso por las restricciones del aislamiento social preventivo y obligatorio por el Covid-19.

"Ya habrá momento de hacer un balance del torneo y del proceso hasta acá. Mientras tanto, voy disfrutar de cumplir uno de mis tantos sueños: competir en un Juego Olímpico con la bandera argentina. Sé que esta vez me toca aprender y ganar experiencia. No es ningún antes y después, es parte de esta carrera y a partir de mañana arranca un nuevo capítulo puedo decir que estoy acá. Que lo intenté", había anticipado Pignatiello tras su primera serie frustrada.

En diálogo con la TV Pública confesó: "Soy una persona muy autoexigente, muy poco conformista y hace mucho que no me iba mal en un torneo. Esa parte me está costando un poco y es la realidad, no voy a esconderlo. Quiero abrir los ojos para recordarme dónde estoy parada".

Durante la competencia, la joven de San Isidro (21) había escrito: "Bancarse los chistes y el hate (odio) en las redes es una cosa, pero a la sexualización hay que ponerle freno. Hay un límite. Una vergüenza y me siento decepcionada".

Una vez finalizada su participación, a causa del hostigamiento de los "haters" (odiadores) decidió desactivar sus videos y mensajes en las redes sociales, despidiéndose de sus seguidores: "Perdón, de corazón. Me encantaría seguir haciendo streams y seguir con el canal de Youtube, pero estoy en una situación que me sobrepasa. Me siento muy lastimada y necesito priorizar mi salud mental y bienestar".

Por su parte, la nadadora cordobesa Virginia Bardarch (29) publicó sus comentarios sobre esta experiencia bajo el signo de la pandemia: "Se terminan mis segundos Juegos Olímpicos y vivir esto una vez era un sueño, pero dos es algo increíble. No sólo son estos 14 días que se viven en un juego olímpico, sino que hay muchos años de trabajo atrás de todo esto. Trabajo que es muy poco visible, y las condiciones en las que entrenamos son nefastas. No quiero que se malinterprete porque no es una excusa, sólo es la realidad que vivimos la mayoría de los deportistas argentinos".

También dio su visión sobre el momento que le tocó enfrentar: "También me gustaría remarcar que antes de ser deportistas o un resultado deportivo, somos personas. Hay muchos comentarios que son demasiado hirientes y que no creo que seamos merecedores de eso".

SIMONE BILES Y NAOMI OSAKA, ANTE EL MISMO DILEMA

La gimnasta artística de EE.UU. Simone Biles, quíntuple medallista en Río 2016, dio la sorpresa en Tokio al marcharse de la sala luego de un salto errático en la final por equipos. Algunos presumían una dolencia física, pero la joven (24) tuvo la valentía de explicarlo: "Tras mi actuación, no quería seguir. Tengo que centrarme en mi salud mental. Creo que la salud mental está más presente en el deporte ahora mismo. Hubo un par de días en los que todo el mundo te tuiteaba y sentías el peso del mundo. No somos solo atletas. Somos personas al fin y al cabo y a veces hay que dar un paso atrás".

Biles llegó a estos JJOO con el reconocimiento mundial por sus brillantes exhibiciones y múltiples competencias ganadas. El alemán Thomas Bach, presidente del Comité Olímpico Internacional (COI) en un estado de conmoción dijo: "Sólo puedo decir que estamos con ella. Tuve la oportunidad de hablar brevemente con ella después de la competición por equipos, admiro mucho cómo está manejando la situación".

El COI puso a disposición de los atletas una línea de ayuda psicológica para acceder por teléfono, app, correo electrónico o mensajería para hacer consultas las 24 horas del día en 70 idiomas diferentes. También están disponibles "kits" con consejos sobre cómo actuar en casos de abusos o acoso.

"Para el COI la salud mental de los deportistas es un asunto importante desde hace años. Hemos trabajado en ello especialmente durante la pandemia", señaló el vocero del COI, Mark Adams.

Para el psicólogo español Enric Valls Roselló consultado por la agencia EFE, (Biles) "nos ha demostrado con su acción valiente lo importante que es la salud mental. Los deportistas de élite son muy autoexigentes y perfeccionistas, a veces caen en una insatisfacción constante".

Y agregó el especialista que "la pandemia nos ha hecho más vulnerables y sensibles y nos ha demostrado que no somos superhéroes ni súperheroínas. Se ha visto la importancia de gestionar el pensamiento. Ella es un ejemplo de que no siempre se tiene que estar al 100% sino que se es una persona en primer lugar pese a esta cultura del logro en la que vivimos". Biles permanece en Tokio junto a la delegación de Estados Unidos, pero por ahora se descarta su participación en las finales.

Mientras tanto, la tenista japonesa Naomi Osaka (23), tras superar sólo dos rondas fue eliminada de los Juegos que días atrás ella había inaugurado encendiendo el pebetero olímpico.

"He sentido que tenía todo el peso del mundo a mis espaldas", dijo frustrada la número 2 del ránking de la WTA, quien ya había dejado de atender a la prensa en París, argumentando que lo hacía para preservar "su salud mental".

"He pensado con frecuencia que la gente no tiene consideración con la salud mental de los deportistas. He visto muchos vídeos de atletas viniéndose abajo en una sala de prensa tras perder un partido", había sentenciado en mayo pasado en Roland Garros. Luego renunció al torneo de Wimbledon en Londres.

Daniel Abadi, médico psiquiatra argentino, consultado por Infobae sobre el lema de tapa de la revista Time: "IT´S O.K. TO NOT BE O.K." ("Está bien no estar siempre bien"), apuntó: "La tenista que sale en la tapa lo que hizo fue legitimar su estado, permitiendo el malestar. Y creo que también permitió que legitimemos un malestar que traíamos de antes, no solamente el derivado de la pandemia".

Los casos aquí comentados son simples muestras de lo que ocurre en cotidiano. La pandemia viene sembrando variados efectos colaterales entre la población, que sólo podrán ser mensurados con el paso del tiempo. Los deportistas de élite no son la excepción y sufren como el resto de los mortales.

Más aún, sobre ellos recae el peso de alcanzar el éxito deportivo, ese lugar donde cohabitan las estrategias comerciales y los asombrosos superatletas.

En la mirada de los espectadores se vislumbra una doble finalidad. Por un lado, el deseo (casi innato) de imitar a los grandes deportistas, quienes a su vez, están obligados a demostrar firmeza en el carácter y voluntad de vencer en cualquier situación límite. Y por el otro, una adicción hacia la búsqueda permanente de logros personales, como una suerte de medallero imaginario, sin el oro, plata y bronce de los podios olímpicos.

Es dable esperar que algunos integrantes de una sociedad pandémica e hiperconectada a las redes sociales, abandonen el nocivo hábito de proyectar en los atletas jóvenes sus innumerables cargas de ansiedad, aspiraciones, frustraciones, odios y otras urgencias como si fueran mandatos extremos a cumplir. Así, se podrían evitar daños mayores a la salud mental y al mismo tiempo, impedir que tempranamente se apaguen los fuegos sagrados del deporte.

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