OPINIÓN

¿Autonomía de la banca central?

En debates recientes organizados en torno a la constituyente chilena por varias organizaciones sociales de ese país, concentrados en la cuestión "económica", sobresale el debate sobre la autonomía o no de la banca central, un tema pertinente en la historia reciente del país trasandino, territorio inaugural de las políticas hegemónicas en el sistema mundial.

La influencia de Hayek y Friedman, premios Nobel de Economía en 1974 y 1976, respectivamente, se hicieron visibles desde el gobierno de Augusto Pinochet luego del golpe de 1973, un ensayo que adquirió carta de ciudadanía mundial hacia fines de la década y comienzos de los ochenta en Gran Bretaña y EEUU.

Desde entonces, las políticas neoliberales coparon la orientación de las políticas públicas en el sistema mundial, hoy en discusión ante la crisis actual del orden global.

Importa el debate conceptual ante la crisis agravada por la pandemia, más aún cuando el escenario de la discusión aporta a una asamblea de poder constituyente, hija de la revuelta social crítica del orden liberalizador.

Se pretende que el debate constitucional pueda "desamarrar" los contenidos reaccionarios de la constitución de 1980 de la dictadura y avanzar hacia una constitución "habilitadora" de otro rumbo, tal como expresó Hugo Fazio, funcionario del Banco Central chileno durante el gobierno de Salvador Allende. 

Son expresiones en los debates sobre la función y papel de la banca central en la nueva carta magna de Chile, en donde Andrés Solimano desmitificó el papel del Banco Central de Chile en el control de la inflación en las últimas décadas, concepto ampliado por Claudio Lara al considerar el creciente peso de la mundialización en los asuntos nacionales.

El día previo, en otro debate similar, protagonizado por el actual Presidente del Banco Central de Bolivia, Edwin Rojas Ulo, el ex Presidente del BCRA Alejandro Vanoli y los ex Directores de la banca central de sus países, el ecuatoriano Andrés Arauz y el venezolano José Félix Rivas, concentraron las discusiones sobre la "autonomía", consigna liberal a favor de la libre circulación capitalista.

Todos coincidieron en la necesaria articulación de la política financiera y económica, monetaria, fiscal,  cambiaria, de ingresos y empleo. Destaca la exitosa pesificación del sistema financiero boliviano en un proceso desde 2006, bajo gobierno plurinacional de Evo Morales y nueva constitución desde el 2009, que más allá de la consideración de teoría jurídica constitucional, lo que importa es la política.

En este sentido destaca Ecuador, que, en la norma máxima del país, también del 2009, existe una abundante reglamentación sobre el sistema financiero y su ente rector, pero que el cambio político en curso, permite revertir un rumbo del sistema financiero más asociada a la lógica liberalizadora del régimen del capital.

Desde la experiencia venezolana o argentina se discutió el para qué y para quién de la autonomía, es decir, a favor de rumbo económico y para satisfacer qué demandas, las de la rentabilidad o la de las necesidades de empleo, alimentación, salud, educación o desarrollo integral.

La encrucijada contemporánea con mayor desigualdad y depredación ambiental exige desmitificar categorías, como las de la autonomía de la banca central, que predominaron en el ideario de las políticas públicas por medio siglo, para desandar esos rumbos y construir otros que pongan el acento en la satisfacción de necesidades y derechos sociales y de la naturaleza.

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