TRIBUNA

Neil Armstrong y el Día del Amigo

Cada 20 de julio se celebra el Día del Amigo, porque ese día de 1969, el hombre alzó sus brazos y alcanzó la Luna. Los científicos hicieron realidad el sueño de Julio Verne, la llegada al único satélite natural que tiene la Tierra. En este día quiero contar la historia del hombre que con su hazaña conquistó la Luna.

Un 12 de abril de 1961 el ruso Yuri Gagarín, se convirtió en el primer astronauta de la historia. A 300 Km de altura, en su nave espacial Vostok I expresaba, con no disimulada emoción: "Tengo el orgullo de ser el primer hombre que vio con sus propios ojos la forma esférica de la Tierra".

Ocho años después de la hazaña de Gagarín, el avance incontenible de la ciencia que no siempre armoniza con el avance de la comprensión entre los hombres- posibilitó un logro que en nuestra niñez nos hubiera parecido un sueño: que el hombre llegara a la luna. El domingo 20 de julio de 1969, un artefacto, una especie de araña mecánica tripulada, llamada "Apolo 11", se posaba sobre el suelo de la luna. Esta vez los EE.UU. eran los primeros. Inicialmente y durante 6 horas, los tres tripulantes permanecieron en el interior de la nave espacial. Luego, el comandante de la nave, Neil Amstromg, descendió por una plataforma adosada previamente y apoyó muy lentamente su pié izquierdo sobre la faz lunar.

Amstromg lo declaró posteriormente- tenía plena conciencia del hecho que estaba viviendo. Ya sabía que ese momento iluminaría para siempre su existencia. Pero la hazaña es tan enorme y porque no decirlo, tan emotiva, que estamos casi olvidando al "hombre". Armstrong nació en un pequeño pueblo de Ohio, un 5 de agosto de 1931. Era ingeniero aeronáutico. Fue piloto en la Guerra de Corea en la que realizó más de cien misiones.

Fue también piloto de pruebas. Les relato un hecho de su adolescencia, por el que se podía predecir su futuro. En EE.UU. no se otorgan licencia para pilotos antes de los 18 años. Armstrong lo logró teniendo sólo 16 años, para lo cual se reunió una junta de calificación que lo autorizó. Sus integrantes quedaron asombrados por su alta aptitud.

Fue siempre, un hombre de bajo perfil, modesto e introvertido. Cuando pisó la luna, tenía 38 años, hacía un par de semanas que los había cumplido. Al regresar a su pueblito de Ohio, a sus amigos, a su música él tocaba piano y saxofón- le hicieron un gran agasajo, al que concurrió el 95 % de sus 8000 habitantes. Instado a hablar, declaró: "Agradezco este homenaje y al Gobierno de mi país, por haberme elegido entre más de mil aspirantes, para protagonizar esta hermosa aventura espacial concluida con tanta felicidad. Agradezco también a los científicos que lo hicieron posible. Pero hubiera cambiado todos estos honores y también el haber sido el primer hombre en caminar por la luna, lo hubiera permutado, por haber podido estrechar en mis brazos, a mi pequeña Jane, que murió a los 2 años". Y no pudo continuar...

Un prolongado y respetuoso silencio se hizo en el estadio en que se realizó el homenaje a Neil Armstrong. Y estas palabras entrecortadas traen a mi mente un aforismo: "Hay dolores para los que las lágrimas no alcanzan".

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