Hacia las elecciones, sólo un atraso cambiario permitirá tener a raya a los precios

En mayo el IPC GBA Ecolatina subió 3,1%, por segundo mes seguido con reducción de la inflación mensual. Sin embargo, el alza de precios acumuló 19% entre enero y mayo, y trepó a 57% interanual.

Pese a la tendencia decreciente, la suba de precios persiste muy elevada. No responde sólo al alza de las tarifas de servicios públicos: el IPC Core (que excluye precios regulados o estacionales) trepó 3% o más, en todos los meses de 2019.

Hacia adelante hay factores a favor y en contra de la desaceleración de la inflación: no se esperan fuertes recomposiciones de precios como la de la carne a principios del año (habría terminado el traslado de la mega depreciación del 2018 a los precios), ni subas significativas de precios regulados (al menos hasta las elecciones). En contra del descenso de la inflación opera la suba del costo laboral: los salarios superarán los del año pasado, puesto que las actuales paritarias incluyen compensaciones de la fuerte pérdida de poder adquisitivo del 2018.

El desenlace de esta puja la terminará de definir el dólar. Si la calma cambiaria lograda en mayo persiste hasta las elecciones, la inflación descendería al 2% mensual en el 2° semestre, brindando al Ejecutivo una mejora del salario real en la recta final electoral. Pero este escenario benigno (para la inflación y el oficialismo) requiere planchar el dólar cuando la dolarización de activos tenderá a acelerarse.

El oficialismo puede mejorar la economía a la hora de votar sólo si atrasa el tipo de cambio. Conseguirlo en un contexto de alta inflación y sin financiamiento externo parecía misión imposible. Pero la autorización del FMI a vender reservas en la ex- zona de no intervención aumenta las chances, al elevado costo de consumir el último stock de divisas disponible para deuda en moneda extranjera.

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