Donald Trump propone una reforma tributaria

En momentos en que el gobierno nacional propondrá una amplia reforma tributaria cabe señalar que algo parecido está sucediendo también en los Estados Unidos. En rigor, esas reformas, así como aquellas que procuran eliminar los sobrecostos derivados de la legislación laboral, forman parte de una carrera en la que actualmente muchos Estados procuran ganar competitividad frente a un mundo que, comercialmente, camina finalmente hacia la apertura.

Pareciera entonces oportuno describir la propuesta que los legisladores del oficialismo norteamericano están ya impulsando en el ámbito del Congreso norteamericano. La idea central de la reforma tributaria del país del norte pareciera tener dos vectores: a) reducir la actual presión tributaria sobre las empresas; y b) beneficiar, aunque modestamente, a las familias de clase media.

La propuesta inicial, que ya está sobre la mesa, es la que describimos seguidamente. No obstante, ella puede ser objeto todavía de algunas modificaciones como consecuencia de la actividad de los grupos de presión, que ya ha comenzado y es intensa.

El recorte tributario más significativo pareciera ser la fuerte disminución de la tasa del impuesto a las ganancias que pagan las empresas. De una tasa actual del 35%, se pasaría a una nueva de apenas el 20%. Se trata de una rebaja muy significativa. La idea es dejar de asfixiar con impuestos a las empresas, permitirles crecer y así obtener mayor utilidades. Si esto resulta efectivamente así, la pérdida de ingresos para el Estado podría no ser demasiado significativa.

Respecto de los individuos, la propuesta, siempre en materia de ganancias, supone que quienes tienen ingresos anuales de hasta u$s 24.000 no paguen impuestos sobre ellos. Además que, cuando los ingresos de las personas físicas no superen los u$s 90.000, ellas tributen el 12%. A partir de allí, los ingresos anuales de hasta u$s 260.000 pagarían impuesto a las ganancias a una tasa del 25%.

Finalmente, los ingresos de hasta u$s 1.000.000 anuales tributarían a una tasa del 35%. Eso estaría acompañado por la eliminación de algunas deducciones actuales, como las que tienen que ver con beneficiar a las personas de mayor edad, así como con la determinación de límites o "techos" para otras posibles deducciones, como es la que permite deducir los intereses de los préstamos vinculados con la vivienda, o las deducciones de los impuestos estatales o municipales.

A lo antedicho se suma la eliminación efectiva del impuesto sucesorio en aquellos casos en que los patrimonios de los respectivos causantes sean menores a u$s 11 millones. Otra novedad es la propuesta de gravar con una tasa mínima del 10% a las utilidades de las empresas norteamericanas obtenidas a través de sus subsidiarias domiciliadas en el exterior. Para tratar de evitar que las utilidades fluyan exentas desde los "paraísos fiscales".

Ningún criterio antes mencionado es definitivo, pero no pueden dejar de tenerse en cuenta en momentos en que el Estado está pronto a revisar su sistema tributario. Ocurre que no estamos solos en el mundo.

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