Miércoles  11 de Octubre de 2017

Adivina, adivinador: Casandra, los economistas y los pronósticos 2018

Casandra tenía el don de la profecía, pero nadie le creía.

Casandra, el personaje de la mitología griega, tenía el don de la profecía y al mismo tiempo una maldición: nadie le creía. Vaticinó la caída de Troya y otras desgracias. Sus seres queridos no sólo no la escucharon sino que la consideraron loca y hasta la encarcelaron. A diferencia de Cassandra, históricamente, el miedo a la incertidumbre otorgó un lugar de notoriedad y en algunas sociedades hasta de estatus social a quien afirmara conocer algun detalle del futuro. En la actualidad, los economistas con sus pronósticos de hasta dos decimales han desplazado a los lectores de entrañas de animales, vuelos de pájaros o constelaciones en el cielo.

Por estas horas, la mayoría de los economistas pronostica un 2018 con un crecimiento superior al 3%, con baja en la inflación, aumento de la inversión y crecimiento del empleo. Incluso, algunos afirman que se va a crecer en el 2019 y hasta en el 2020. En línea con estas predicciones, ¡volvieron las discusiones sobre el cupon pbi!

Los economistas y sus pronósticos de hasta dos decimales han desplazado a los lectores de entrañas de animales, vuelos de pájaros o constelaciones en el cielo

Inventariar pronósticos fallidos de economistas es una tarea redundante. Recomiendo un muy buen apartado incluido en el Informe de Política Monetaria de Julio de 2016 del BCRA titulado “Proyecciones de crecimiento: Optimismo con cautela”, en el que se contrastan proyecciones de economistas y analistas “respetadísimos” con el crecimiento observado en el mundo y en Brasil entre el 2011 y el 2015. El apartado empieza así: “Un lugar común en la profesión es que los economistas son bastante buenos para predecir lo que va a pasar, pero bastante malos para precisar cuándo. Esta noción arroja una nota de cautela sobre las perspectivas de recuperación económica global previstas actualmente (¡y desde hace tiempo!) por el consenso de analistas del mercado....”. En lo que respecta a Brasil incluye un gráfico muy elocuente que compara la evolución de la economía brasilera y los pronósticos de los analistas brasileños utilizando como fuente la encuesta del Banco Central del país vecino. Reproduzco el gráfico a continuación. Lo más increíble es que, pese a fallar cada año, las “Cassandras al revés” brasileñas reinciden en la misma dirección.

Datos publicados por el BCRA en el IPOM de julio de 2016

La teoría económica no sirve para hacer predicciones (equilibrios múltiples, cisnes negros, teoría del caos, soluciones indeterminadas, etc.). En el mejor de los casos, el economista puede presentar un esquema de interpretación de una situación económica dada y aventurar escenarios probables en el cortísimo plazo. Ir más allá es un acto de soberbia y una alternativa aburrida a la lectura de los astros o a las borras de café.

La teoría económica no sirve para hacer predicciones. En el mejor de los casos, se puede presentar un esquema de interpretación y aventurar escenarios probables en el cortísimo plazo.

Los dos problemas macroeconómicos más importantes de nuestra economía son (según mi esquema de interpretación):

i) un déficit de cuenta corriente creciente financiado con endeudamiento externo que no mejora la inserción internacional del país y aumenta su vulnerabilidad externa y

ii) una economía estancada con baja creación de empleo.

Ambos fenómenos se observan desde fines de 2011 y ocurren en un contexto regional complejo. Este año, vamos a terminar con un déficit de cuenta corriente superior al del 2015 y un crecimiento que en el mejor de los casos va a recuperar los niveles de diciembre de 2015 con una performance muy pobre en términos de empleo. Sobre el estancamiento de los países vecinos recomiendo el artículo de Frenkel: “El Impasse de America del Sur” disponible en internet. Sobre el déficit externo, me referí a esta cuestión en la primera columna que escribí en este medio.

Sobre la sostenibilidad futura del crecimiento, no soy optimista. La política fiscal ha sido uno de los factores expansivos de la economía durante los últimos años, ¿va a serlo en el 2018? Si suponemos razonables las metas de reducción del déficit del Presupuesto 2018 (más allá de cierta subestimación observada en el total de gasto), no pareciera que la política fiscal vaya a ser expansiva el año próximo.

¿El consumo privado? El 2018 no es un año electoral. Para disminuir la inflación de un 23-25% a un 17-20% con corrección de tarifas, con un tipo de cambio en línea con la inflación y en función del discurso oficial, lo más probable es que el gobierno impulse paritarias por debajo de la inflación efectiva (en línea con las metas del BCRA). Si bien podría aumentar el financiamiento a las familias por la caída en las tasas de interés y la masificación de los créditos personales UVA, sin creación de empleo que aumente la masa salarial y con salarios reales en baja, el consumo privado dificilmente sería un factor de expansión.

¿Las exportaciones? Más allá de cierta esperanza en una tímida recuperación de la economía brasilera no pareciera que vayamos a tener un aumento significativo en las cantidades exportadas ni tampoco una mejora en los términos de intercambio.

¿La inversión privada? Acá es donde tengo las mayores dudas a contramano de un gobierno que afirma que, ahora sí, se viene la “lluvia de inversiones”. Podría observarse un aumento en la construcción residencial impulsada por el crecimiento de los créditos hipotecarios (aunque los procesos de decisión de construcción son lentos y existe un importante stock de viviendas vacías construidas durante el cepo cuando el ladrillo era una alternativa atractiva al dólar blue) o en los sectores regulados que mejoraron su rentabilidad en este último año (empresas de servicios públicos) o en aquellas empresas que reciben subsidios (energía renovable por ejemplo aunque son proyectos con un alto componente importado). Las perspectivas del mercado interno y externo no supondrían un aumento de la inversión en el resto de los sectores. Este panorama, pone en duda el optimismo M sobre el comportamiento agregado de la inversión privada.

En función del comportamiento observado, el discurso gubernamental, el contexto político post elecciones y la situación externa entiendo que este sería el escenario 2018 más probable. ¿El resultado? Crecimiento decreciente con pobre creación de empleo, leve aumento del déficit de cuenta corriente por aumento de las importaciones, aumento de la deuda externa en otros 30.000 millones de dólares, tipo de cambio real constante, salarios reales e inflación en baja. Si el gobierno optara por otras opciones de política o el contexto externo fuera diferente, el escenario futuro sería otro. Es decir, puede fallar. ¡No me peguen, soy economista!

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