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Vivir de prestado, riesgos del actual déficit externo

Vivir de prestado, riesgos del actual déficit externo

Días atrás, el INDEC publicó los datos de balanza de pagos correspondientes al año 2016. Uno de los datos más salientes fue el fuerte déficit de cuenta corriente que alcanzó un valor de 15.024 millones de dólares, el segundo más alto de los últimos veinticinco años. El año con el record fue el 2015 (con un déficit de cuenta corriente de u$s 16.806 millones pero con mayores importaciones por u$s 3933 millones). Para aquellos que no lo saben, la cuenta corriente es el resultado del intercambio de bienes y servicios de la economía de un país con el resto del mundo y el pago (y el cobro) de los intereses que generan las deudas (y activos). Es decir, es la diferencia entre los dólares que gasta y los dólares que genera la Argentina en su intercambio con el exterior. Desde el 2010, el país siete años seguidos con un déficit de cuenta corriente creciente, sobre todo en los años impares (electorales) que disminuye muy poco en los pares. El 2016 no fue la excepción.

Siguiendo con los datos publicados por el INDEC, por el lado de los bienes, durante el 2016, se exportó un poco más y se importó menos por la recesión, lo cual permitió mejorar el superávit comercial en u$s 4878 millones. Por el contrario, por el lado de los servicios, el déficit aumentó un 79% respecto del 2015, con un egreso neto destacado en la cuenta de viajes que aumentó un 137%, debido al efecto de una caída en la cantidad de extranjeros que llegaron al país y un fuerte aumento en el total de argentinos que viajaron al exterior.

¿Cómo se financió este déficit de cuenta corriente? Con parte de la deuda externa que tomó el sector público. Quizás esto suene extraño al lector acostumbrado a escuchar que el Gobierno Nacional se endeuda para financiar el déficit fiscal y no el déficit de cuenta corriente. La explicación es simple. El Tesoro Nacional (o las provincias) utiliza pesos para pagar sus obligaciones y parte de los dólares que consigue en el exterior los vende por pesos a quienes tienen que hacer pagos al exterior y de esta forma provee de dólares al financiamiento del déficit de cuenta corriente. El reduccionismo: “El sector público se endeuda al 7% anual para financiar la compra de iphones en Chile o viajes a Disney”. Si bien, es una simplificación que caraturiza la problemática, discute la razonabilidad de un endeudamiento que hace rato financia un déficit de cuenta corriente que no significa un aumento de la capacidad productiva presente ni futura.

Lamentablemente, para un país como la Argentina no es posible tener déficit de cuenta corriente por siempre y en algún momento las cuentas externas deberán equillibrarse. El cómo dependerá de las decisiones que se tomen durante los próximos años. Si se elige seguir tomando deuda todo lo que se pueda 'total la paga el que viene después'; si se cree que los problemas de un país pueden abordarse sin una visión sistémica que convoque actores sociales, económicos y políticos; si se evita acordar una política industrial para el siglo XXI y se pierden meses en cuestiones cosméticas como el costo financiero del ahora 12; si se pospone la reforma del sistema tributario para que aliente la producción, el empleo y la equidad por los siempre presentes costos electorales que nadie quiere asumir; si no se incentiva la inversión en I+D y el fomento de sectores exportadores de alto valor agregado porque el fruto de estas políticas excede el siguiente mandato electoral; si se apouesta todo a que aumente el precio del barril de petróleo y que el desarrollo de Vaca Muerta permita soñar con rascacielos a lo Dubai en Neuquén desde el cinismo del discurso que “condena al éxito”; en síntesis, si se sigue como hasta ahora, entonces, el déficit de cuenta corriente se resolverá, más temprano que tarde, de manera similar a como se resolvió en otros momentos de la historia: con una devaluación cuya magnitud va a depender del nivel del desequilibrio acumulado pero que en cualquier caso va a significar estancamiento, frustración y un nuevo aumento de la desigualdad y la pobreza.

La alternativa es más trabajosa y de resultado incierto. Mucho y muy bueno se ha escrito al respecto en el pasado y en el presente (Prebish, Diaz Alejandro, Canitrot, Diamand, etc.) sobre la deficiencia estructural de divisas de la economía argentina y se ha alertado sobre la necesidad de diseñar políticas e instrumentos que diversifiquen el patrón de inserción internacional, disminuyan la dependencia del aparato productivo de insumos y bienes de capital importados, aumenten los incentivos al ahorro en moneda local, desarrollen una política industrial inteligente, resulten en una dinámica macro consistente, etc. En el fondo, la cuestión no es el cómo, es el quiénes y, sobre todo, el cuándo.

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Comentarios3
Alejandro Dorfman
Alejandro Dorfman 25/04/2017 11:23:08

Excelente nota

Miguel Leikin
Miguel Leikin 25/04/2017 01:37:52

Muy didáctico el artículo. Le consultaría a Gonzalo si entiende que haya en la Argentina algún actor económico con convicción, en condiciones y con capacidad para llevar adelante las medidas que plantea hacia el final de la nota. Saludos.

jose jordo
jose jordo 25/04/2017 03:41:02

LAVAGNA PERO NO LO LLAMAN PORQUE NO RESPONDE A LOS INTERESES DE LOS AMIGOS