La cepa que quiere seguir las huellas del Malbec: los secretos del chardonnay

Es una de las cepas más reconocidas y versátiles del mundo y gana espacio en el país. Quiénes están detrás de su producción más exclusiva.

La Argentina tiene una larga prosapia adoptando cepas francesas que aquí encuentran definitivamente su mejor versión. Sin embargo, no sería el caso del Chardonnay. Este blanco, hijo dilecto de la Borgoña, a diferencia del Malbec, viene siendo versionado exitosamente desde los valles de Oregon hasta las rispideces de Malborough, Nueva Zelanda.

Desde hace poco más de una década en el último jueves previo al Memorial Day (de hecho la instauración de su Día Internacional fue impulsada por Estados Unidos) cerrando mayo se celebra su fragrante existencia. Es que buena parte de la razón de su éxito es su versatilidad, adaptándose a los distintos terrenos y climas con versiones más untuosas al norte o más ácidas y frutales hacia el sur. El Chardonnay se lleva muy bien con la barrica y por eso ha sabido labrarse una reputación como blanco que aguanta la guarda y despliega notas maduras. Por supuesto que ahí no se acaban sus posibilidades y ya existen también interpretaciones locales que apuestan por las notas más minerales y frescas.

"En mi opinión es una de las variedades más importantes en la Argentina", afirma Silvio Alberto, Chief Winemaker de Bodegas Bianchi. "Diría que es uno de los varietales que más se ha trabajado en cuanto a su manejo en el viñedo y en la bodega, definiendo los distintos estilos o segmentos de vinos a la cual se lo destina. Una variedad que te permite elaborar desde vinos muy frescos, jóvenes -donde buscás la identidad del varietal, el vino con una muy buena acidez, refrescante con una exposición de aromas y sensaciones increíbles- hasta vinos más complejos. Vinos donde el manejo del viñedo se hace fundamental, el concepto de terroir marca su impronta y que luego todo ese bagaje de sensaciones que se sintetizaron en el viñedo, se retoman en la bodega con fermentación en barricas de roble francés, para buscar aún más la concentración".

Alberto agrega que en esos casos la crianza sobre las borras finas "termina de complejizar un vino perfecto. Un vino que ofrezca una nariz que identifique el terroir, con dejos cítricos y minerales entremezclados con aromas frutados más complejos, miel, vainilla, muy bien amalgamados entre sí, para luego deslumbrar en boca con una estructura, fineza y complejidad de notas que la hacen una variedad única".

Gambito de reina

Si bien como se desprende de su comentario Bianchi posee diversas versiones de la cepa, una de sus creaciones más exclusivas es María Carmen Chardonnay, una etiqueta que ha sabido entrar y salir del mercado como una de las expresiones más exquisitas de esta bodega. "Este Chardonnay 100 por ciento proveniente de nuestra finca Las Paredes de San Rafael es un vino que tiene un manejo muy detallado en el viñedo, disminuyendo la producción por hectárea buscando mayor concentración, selección manual de racimos, prensado directo con racimo para luego fermentar un 100 por ciento en barricas de roble francés nuevo. Su crianza es de 12 meses en donde realizamos el battonage, es decir, poner en contacto las borras finas con todo el vino contenido en la barrica para darle más untuosidad y volumen en boca, en definitiva, mayor complejidad. Un vino de una elegancia sublime pero que gracias a las técnicas vitícolas y enológicas que aplicamos -que luego se reflejan en una mayor estructura en el vino- nos permite mantener ese caudal impresionante de fruta y frescura a lo largo de la crianza", describe el winemaker.

Otros a los que no le va en saga la experiencia regia es a los responsables de Pr1mus, el tope de gama de Bodegas Salentein. Desde 1999 Pepe Galante y su gente habían descollado con sus primeros Pinot (que fueron a amenizar el casamiento de la actual Reina de Holanda) y por supuesto sus Chardonnay. "Todo tiene que ver con la zona en que se lo produce, la Finca La Pampa en San Pablo, en el Valle de Uco -comenta Galante-. Si bien toda la cuenca es reconocida por la calidad de sus vinos, lo que ofrece este paraje es una franja de altura ideal para blancos de ciclos muy largos, entre los 1300 y los 1400 metros (sobre el nivel del mar). Esto da por resultado vinos con poco nivel alcohólico pero buen PH y por sobre todo una elegantísima acidez. En nuestro caso hemos comprendido que el Chardonnay es la variedad que mejor acepta una fermentación en barrica. Esta versión tiene mucho contacto con lías y además se lo remonta con battonage varias veces durante su paso por madera. Así conseguimos una expresión larga, untuosa y elegante. Podríamos hablar de un estilo entre Bordolés y Californiano".

En el caso del Pr1mus Chardonnay 2017 se nota la incidencia del frescor relativo de la añada, lo que posibilitó una maduración lenta y equilibrada que ayudaría a que no se dispararan los alcoholes. La finca, además, se encuentra entre dos arroyos (Las Tunas y Villegas) que aportan diferentes perfiles de terreno, arena y calcáreo el primero y un suelo más profundo el segundo y aunando estos aportes se consigue un blanco suntuoso, de un dorado presente y ligeras notas oxidativas típicas de una maduración noble.

Dentro del Clos que Michel construyó llega otro ejemplo de Chardonnay señorial. Diamandes es una de las patas del Clos de los Siete a los que ofrenda su porción elegida para cada añada, pero el Grande Reserve pertenece a su portfolio privado. "Este vino es parte de una partida muy limitada con los producidos de cerca de dos hectáreas, una selección masal de alta calidad que fue plantada en 2006", comenta Ramiro Balliro, enólogo de la bodega. "Lleva un proceso muy minucioso de seguimiento y después, sobre la cosecha, de separación de pequeños lotes dentro de la propia parcela. Se los deja reposar por cerca de 24 horas para que se asienten en forma natural produciendo los primeros vinos, que luego de definidos habrán de fermentar en barricas de roble francés. Allí estarán, dependiendo del año, entre 11 y 12 meses. También estamos buscando estructura mediante el contacto de lías por medio del battonage. Nuestra idea no es producir un vino ligero. Este Grande Reserve fue pensado desde el vamos como un vino de guarda".

Gracias de Doncella

Una de las ventajas que brinda la ubicación geográfica argentina (más altura y consecuentemente más frío) sirve para hacer apuestas poniéndole aún más fichas a la acidez. No quiere decir que se descarte la madera, pero sí que se busque priorizar la frescura y los toques florales. Y un buen ejemplo para iniciar este apartado es el Terroir Series Chardonnay Las Piedras 2019 de Trapiche. "Esta finca está ubicada en Los Árboles, Tunuyán. Es un viñedo muy particular y único por estar muy cerca de la montaña. Tiene 72 metros de desnivel y una forma como de pelota de rugby con la parte más alta hacia el oeste y la más baja hacia el este. La cercanía con la montaña hace que exista un microclima muy especial y que las precipitaciones allí virtualmente doblen la media local. Y además sobre ambos costados del viñedo corren dos pequeños arroyos. De hecho nos pasó que, de repente, las plantas empezaron a tomar demasiado vigor, algo sorprendente porque siempre usábamos un riego por goteo muy controlado. El misterio se resolvió mediante calicatas que nos llevaron a descubrir que las raíces habían ido muy abajo y tomaban, constantemente, aguas de napa de esos arroyos. Conclusión, ahora Las Piedras es un secano cuya superficie apenas si se riega", cuentan desde Trapiche.

Sin Límites es una de las series que Edy del Pópolo desarrolla para Benmarco, la línea de Susana Balbo dedicada a la búsqueda de vinos con la menor intervención enológica posible y recién había abierto el juego con esta cepa en 2018. Pocos ejemplares quedan de esa partida y ahora en el mercado se puede encontrar casi exclusivamente la de 2019. "Este vino proviene de nuestra fincas en la zona de Gualtallary, que ranquean en una cota de 1500 metros con un perfil franco arenoso y los aportes típicos de calcáreo -señala el viticultor- y yendo de una añada a la otra podemos ver cómo se evidencia la diferencia del clima entre ambas etiquetas. La primera fue seca y fresca y posibilitó un vino con una acidez menos presente que, si bien no buscaba untuosidad sí tenía una boca más contundente y quizás no tanta fluidez. En cambio en la última podría decirse que primó la flor sobre la fruta". En el tono este 2019 es limpio y pajizo con un dejo metálico. Ciertamente se trata de un vino más austero, herbal, en lo cítrico más tirando a pomelo rojo, pero con buena profundidad donde no se nota una carga alcohólica aún mayor que la de su predecesor. Aunque ha tenido una maduración en barrica de 500 litros, esta ya llevaba algunos usos puesto que la idea era redondear el vino pero sin sumar madera.

Atamisque es una bodega eminentemente francesa pero que se aquerenció profundamente en San José, Valle de Uco, al punto de ser bautizada con el nombre de un arbusto cuyano. Produciendo desde 2006 su savoir faire le dio la idea de probar con Chardonnay en el Nuevo Mundo. No es que se aboque exclusivamente a esta cepa pero sí tiene un ejemplar en cada una de sus líneas hasta desembocar en su tan celebrado como escaso Atamisque Chardonnay. "Este es un ejemplo de nuestro extremo de gam -explica su enólogo Philippe Caraguel-. Recurre en su totalidad al uso de una tonelería especial de la borgoña. Aunque se consiente cierto grado de turbidez durante la elaboración eso solo es a fin de sumar contacto con su materia pero una vez estibado el vino es totalmente límpido. Esa elección tan cuidadosa de la barrica trata específicamente de preservar un perfil ante todo mineral donde la madera no resulte invasiva, buscando que sume solo un leve aporte táctil al vino". Hay notas de brioche, peras y una banana que se desmarca del panteón típico de descriptores de la cepa. Aunque pueda sonar a oxímoron es un desparramo de sensualidad y elegancia digno de cerrar este show de versiones de la blanca coronada. 

Tags relacionados

Compartí tus comentarios