Whisky: conocé a los emprendedores detrás de las etiquetas más caras

Whisky: conocé a los emprendedores detrás de las etiquetas más caras

Son conocidos como los Barones del Scotch Blend. Hace más de 100 años que le pusieron sus apellidos a sus destilados. Y hoy son las marcas más vendidas

Los auditorios de las universidades y los foros de emprendedurismo estarían colmados si ellos pudieran compartir sus casos de éxito hoy. Visionarios financieros y astutos innovadores, pasaron a la Historia como los héroes del whisky.

Resulta difícil imaginar cómo habría sido la vida del scotch sin ellos. Aficionados al teatro, a las carreras de caballos, al coleccionismo y apasionados habitués de los clubes de caballeros y los restaurantes más selectos, al poner en una botella su apellido dieron credibilidad al scotch y lo posicionaron como una bebida premium.

Para dimensionar a estos personajes, pensemos que James Buchanam era el tercer hombre más rico en su época en Inglaterra; cuando el Rey Eduardo VII tuvo el primer auto en Gran Bretaña, Tommy Lipton (el magnate del té) el segundo y Tommy Dewar el tercero. Se decía que “ellos tenían los labios y los oídos del rey” en alusión a la venia real.

Nadie es profeta en su tierra

Pero quien dio el puntapié a estos emprendedores fue el irlandés Aeneas Coffey, cuyo aporte cambiaría para siempre la vida no sólo del scotch, sino de casi todas las bebidas destiladas. Luego de una exitosa carrera en el Servicio de Aduana e Impuestos, Coffey dedicó su tiempo a entender la producción del whisky para diseñar las normas que lo gravaran con impuestos. Una vez retirado, inventó un aparato que sería la maquinaria perfecta para producir whisky de granos (no cebada) a gran escala.

Estaba convencido de que las arcas del Estado serían engrosadas si la industria del whisky crecía, y sabía que era necesaria una tecnología de destilación continua que administrara toneladas de granos (maíz y trigo, especialmente) y que produjera en una semana lo que un alambique hace en un año.

Aeneas Coffey, el 'padre' del scotch

Si bien en Escocia ensayaban con otras patentes de columnas destiladoras, fue el hoy llamado Coffey Still el que se convirtió, a partir de 1830, en el más exitoso... Excepto en la Irlanda natal de Coffey. Es que hasta ese momento el whisky irlandés dominaba el comercio y el scotch no lucía, de modo que los irlandeses no tenían motivos para cambiar ni abandonar sus gigantes alambiques. Coffey iba a jubilarse y vería prosperar su invento fuera de Irlanda.

Por ley, un scotch whisky debe tener una crianza mínima de 3 años. En la práctica, los scotch blends promedian los 6 años y los single malt, los 8 o 10, aproximadamente.

Caballos de carrera, gallinas y Aston Martins

James Buchanan se inició de joven en el negocio de granos en Glasglow, donde se vinculó con la materia prima del whisky. Formaría en 1884 su propia compañía, James Buchanan & Co., y tan sólo un año después The Buchanan Blend era uno de los suministros oficiales del Parlamento. James amaba los caballos, que resultaron tan ganadores como sus whiskies y le permitieron abrir oficinas en París, Nuenva York, Buenos Aires y Hamburgo. Junto a Tommy Dewar, fue pionero en hacer publicidad del destilado en los diarios. Y se convirtió en el Barón Woolavington en 1922.

Los hermanos Dewar, John Alexander y Tommy, con sólo 24 y 21 años, en 1880, se hicieron cargo de la empresa que su padre fundó.Tommy se iría a Londres a probar suerte. Para 1899, Dewar vendía más de un millón de galones por año. John Alexander fue nombrado Barón Forteviot de Dupplin, y Tommy fue ungido Barón Dewar de Homestall.

Tommy tenía, además, otra pasión: las gallinas y los huevos. De ahí que hoy la marca reúna todavía esos dos conceptos bajo el Scotch Egg Club, una propuesta que fusiona platos con huevo y whisky. Las versiones del Dewar’s en 12, 15, 18 y 25 años son de un balance y un sabor exquisito.

Ethel Greig Robertson, más conocida como Miss Babs, creó Edrington Group, uno de los brokers y propietario de los single malt Macallan, Highland Park y el delicioso blend The Famous Grouse. Astuta y graciosa, aficionada a los coches rápidos -sobre todo al Aston Martin-, heredó de su familia la pasión por la pesca y la caza de ciervos, dando prueba de una increíble puntería al igual que para los negocios. The Famous Grouse es uno de los blend más vendidos del mundo y ella es una de las pioneras del scotch.

En 1860, la Gladstone’s Act aceptó el scotch blend, la mezcla de whiskies de malta de diferentes destilerías elaborados en alambique; y algunos whiskies de granos (maíz o trigo) elaborados en columna industrial o Coffey Still.

Los 'foodies' de ayer

Todo comenzó en esos viejos almacenes de rubros generales que vendían productos frescos de las granjas para luego incorporar los sabores exóticos que llegaban de otras latitudes como el té, el café, el tabaco, el cacao y las especias. En esos boliches hubo comerciantes que pusieron en la punta de góndola al scotch: ya vendían los whiskies de malta, pero vieron la novedad del whisky blend una novedad y crearon un nuevo concepto, hoy llamado branding.

Los hermanos John y James Chivas iniciaron su aventura en una lujosa tienda en 1801, en Aberdeen. La astucia para encontrar oportunidades de negocios se tradujo en un éxito bien merecido puesto que fueron generosos con su tiempo y su dinero con la comunidad y con la iglesia local. Mezclaron sus primeros whiskies para una clientela que apetecía de sabores suaves y exquisitos, el estilo que mantiene en su portfolio. 

A sus icónicos Chivas Regal 12 y 25 años, la casa sumó creaciones como Chivas Extra, con un acabado en barricas de jerez; Chivas Mizurana, criado en barricas de roble japonés; y Chivas XV, madurado en barricas de coñac. “Se distinguen por su suavidad, complejidad y elegancia, un estilo lejos de las estridencias, marcado por las maltas de Speyside, especialmente Strathisla, corazón de todas las mezclas de la casa Chivas”, explica Martin Bruno, sommelier y brand ambassador de la marca.

John Walker inició la historia del whisky blend más vendido del mundo cuando su padre falleció. En Kilmarnock, en 1819, vendió la granja familiar para abrir una tienda de comestibles. Se transformaría en un sagaz comerciante de vinos y destilados, hasta que se lanzó en el arte de mezclar sus propios whiskies, alentando por su hijo Alexander. En 1867 lanzó su primer blend y lo llamó Old Highland Whiskey. Diseñó la botella cuadrada para evitar roturas y distinguirse. En 1909 cambió el nombre de su gama de whiskies y sus etiquetas: así nacieron Johnnie Walker Red Label y Johnnie Walker Black Label. Fue en esta época cuando el joven ilustrador Tom Browne diseñó el famoso logotipo conocido como El Caminante, ese dandy de botas, bastón y galera.

Se podrían citar muchos más, como Giacomo Justerini y Alfred Brooks, dos apellidos que se funden en la inconfundible etiqueta amarilla con letras rojas: J&B Rare, J&B Jet y J&B Reserve 15 años; William Grant y cinco generaciones al frente del negocio; George Ballantine & Son con su marca insignia Ballantine´s Finest; Peter Mackie, creador de Black & White, y  tantos más que dejaron su huella en la maravillosa historia del scotch blend, el whisky que conquistó el mundo.

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