Boy Olmi:“Lo frívolo es la frivolidad, no la red social”

Boy Olmi:“Lo frívolo es la frivolidad, no la red social”

Actor y director comprometido con la causa ambiental, filmó un documental con dos leyendas del conservacionismo que es un boom en Netflix. Perfil de un auténtico bon vivant.

Vine caminando porque en el recorrido voy encontrando cosas que me llaman la atención y lo disfruto muchísimo”, confiesa Boy Olmi, quien hace pocas semanas regresó de Brasil, donde filmó una película que lo tuvo como protagonista. Lleva 40 años de carrera como actor, 25 como director, y entre sus hobbies figuran hacer fotos, escribir, nadar, esquiar, cabalgar y cocinar.

El punto de encuentro con Clase Ejecutiva es un bar muy tradicional de Recoleta, frente al ilustre cementerio. Llega vestido con prendas de colores estridentes: suéter verde manzana, saco azul donde se destaca un prendedor con la figura de un chimpancé, zapatillas rojas. Todo hace juego con sus atractivos ojos celestes. Las huellas de vida en su rostro y el brillo de su pelo canoso también le sientan bien. Se percibe en él una historia auténtica, sin colágeno. “¡Me siento en plenitud!”, confirma, con recién estrenados 62 años.

Pese a lo jugado de su look casual, nada se compara cómo luce en cada función de Casa Valentina, donde interpreta a un juez que se viste de mujer en su tiempo libre. “Ya hace dos años que estamos haciendo esa obra, que es una fuente de satisfacción increíble: implica un desafío actoral increíble, de mucho riesgo. Reflejar a estos hombres que se visten de mujeres, que no son gays sino cross dressers, requiere de un trabajo muy particular. Estuvimos todo el año de gira. Y se reestrenará en Buenos Aires en 2018”, comparte.

¿Cómo llegaste a protagonizar una películaen Brasil?

Fue una experiencia muy interesante. O director es  una película enteramente brasilera y es el octavo largometraje de Héctor Dhalia, un realizador muy prestigioso. Interpreto a un hombre famosísimo, prestigiosísimo, genial, loco y despiadado, creativo, megalómano: un argentino que vive en Brasil y decide que su máximo trabajo consistirá en hacer una nueva versión de Hamlet con foco en el abuso a la mujer: sexual, de poder, de maltrato… Un tema que lamentablemente está muy vigente. Pasar de interpretar a un juez que se viste de mujer en la obra a este macho alfa en la película, ¡fue muy genial!

Abriste la cuenta @boydegira, donde compartís las fotos de los viajes con la obra de teatro…

En  las giras de Casa Valentina por el interior salía a conocer cada lugar: me maravillaba la idea de subir un cerro, de caminar bordeando un río. Éramos 16 personas, entre actores y técnicos, que llegábamos a una ciudad a la mañana y hacíamos función a la noche: mientras algunos dormían la siesta, otros iban de compras, pero yo me preguntaba qué era lo nuevo que había en ese sitio para mí. Me metía en los museos, en las iglesias, charlaba con la gente, iba a comer a la casa de los vecinos del lugar y hablaba con pobladores de lugares muy pequeños. Me parece muy nutritivo lo que la vida proporciona.

El tiempo es oro en polvo para vos…

El placer tiene que ver con la nutrición. Intento integrar las partes de mi vida: no ser de una manera cuando trabajo, de otra con mi familia, de otra diferente en grupo de amigos. Creo que todos somos seres íntegros, pero que muchas veces no lo advertimos y así aparecen muchos problemas, enfermedades, disfuncionalidades… Intento pasarlo tan bien cuando trabajo como cuando descanso. Tengo una vida muy intensa. Y me alimento mucho de la naturaleza, a la que rindo gran culto.

¿Cuándo surgió tu compromiso militante con el medio ambiente?

Hace poco estuve con Jane Goodall, Mensajera de la Paz de la ONU, durante su visita al país. Más que celebridad, es una leyenda. La película que Nathional Geographic hizo sobre ella muestra una vida de compromiso, dedicada a la conciencia, a la paz, al amor y al cuidado del medio ambiente. Es una referente para mí. Mi padre compartía conmigo experiencias con la naturaleza: navegaba a vela, íbamos de campamento, nos enseñaba a hacer fuego, a observar el mar.

¿Tenés una visión mística de la naturaleza?

Es un mundo del que me siento parte porque tengo la certeza de que nuestra energía no acaba con lo cotidiano, como tomarnos un café, charlar en este cuerpo y en este momento. Me despierta mucha curiosidad ese más allá.

Grieta, crispación, conflictividad. ¿Qué te irrita en lo cotidiano?

¡La mala convivencia social! Para mí hay dos causas y dos cosas que la hacen muy evidente, a nivel mundial. Primero, están las condiciones inaceptables, que tiene que ver con cómo estamos tratando la casa que habitamos: cambio climático, polución, basura, daño de los suelos, deterioro del aire. Segundo, la dolorosa situación que se genera debido a la diferencia violenta entre ricos y pobres que, que si bien siempre existió, hoy está agravada, igual que todo lo ambiental, porque somos más de 7 mil millones de habitantes en la Tierra. ¡Ya no hay espacio para seguir haciendo macanas! El cambio climático es algo muy dramático y, aunque mucha gente lo niega, empezando por el presidente de los Estados Unidos, está ocurriendo: somos enormemente responsables, pero también podemos mitigarlo.

¿Tu sello es integrar la expresión artística y el compromiso ambiental?

Me di cuenta de que tenía las herramientas de comunicación para llegar a mucha gente, además de la capacidad de narrar y de transmitir, con mis emociones, discursos que tuvieran algún interés. Con el tiempo, me he transformado en una especie de narrador de mi propio camino: más allá de no tener todas las respuestas a todos los problemas que enfrenta la Humanidad, sí tengo mucho interés en escuchar a los expertos, en saber si existen soluciones, en encontrar esperanzas en un camino que vislumbro bastante negro. Por eso empecé a producir documentales vinculados con las preguntas que me hago. Gracias a ello he tenido diálogos con grandes maestros, como Deepak Chopra, Brian Weiss, monjes budistas, sacerdotes anglicanos… Son personalidades que disfruto entrevistar y a las que me interesa preguntarles sobre temas que ellos sí conocen.

¿Las redes sociales frivolizan?

Lo frívolo es la frivolidad, no la herramienta ni el medio ni la red social. No me interesa lo que generan las redes, y no porque lo subestime sino porque me parece que es una enorme pérdida de tiempo dedicar muchas horas por día a estar pendiente de qué publica la gente. Son prácticas peligrosas que alimentan aspectos de nuestro ego y nos hacen perder de vista el foco de lo importante. No me interesa la telenovela virtual de la vida.