Contáctenos

A través de este formulario podrá dejarnos sus comentarios, sugerencias o inquietudes.

Dirigido a:

Todos los campos son obligatorios.
Cancelar

Reportar Comentario

Estas reportando este comentario a la redacción de El Cronista.

Todos los campos son obligatorios.
Cancelar

Recomendar Nota

A través de este formulario podrá recomendar la noticia que esta leyendo.

Todos los campos son obligatorios.
Cancelar
Finde XL: Descubrí estas 7 joyas ocultas de la Argentina

Finde XL: Descubrí estas 7 joyas ocultas de la Argentina

Desde el  Bosque Petrificado de Sarmiento (Chubut) a las Cuevas de Acsibi (Salta), un recorrido  por algunos de los destinos alternativos que el país tiene para ofrecer.

El mapa turístico de la Argentina tiene mucho para descubrir por fuera de los clásicos. El Glaciar Perito Moreno, las Cataratas del Iguazú, la Quebrada de Humahuaca y los viñedos mendocinos son los destinos más populares, y tienen con qué, pero existen otras rutas también imponentes para dar la vuelta al país.

Entre naturaleza virgen y paisajes poco transitados, Catamarca, Formosa y Santiago del Estero tienen mucho que dar a conocer, aunque no suelen estar entre las provincias más frecuentadas. Luego están las que reciben cientos de miles de visitantes cada temporada, como Mendoza y Salta, pero también tienen un “lado B” para desviarse del camino y conocer sus encantos mejor guardados.

En estos destinos alternativos probablemente no se vean hordas de turistas ni se encuentren múltiples formas de acceso o mapas con información por doquier, pero se trata de rincones que vale la pena conocer y agregar al mapa de los “infaltables” del turismo nacional.

 

Campo de Piedra Pómez, Catamarca

Hay una región de Catamarca donde el viajero pierde completamente el sentido de la orientación y puede llegar a dudar si acaso no ha abandonado el Planeta Tierra.

No es la Luna, ni el Valle de la Luna. No es un océano de talco con gigantes olas petrificadas. Tampoco es que uno mismo se haya encogido y pulule en medio de una piedra para pulir pies. Tampoco es así, pero casi.

En este paisaje puneño de más de 75.000 hectáreas de extensión, y a 3000 metros sobre el nivel del mar, se yerguen cientos de esculturas y piedras agrietadas de origen volcánico en tonos blancos, amarillos, rosas y ocres que dan nombre al Campo de Piedra Pómez.

Ubicada a 63 km de Antofagasta de la Sierra, al noreste de la provincia, esta zona –que desde 2012 es un Área Natural Protegida– se formó hace unos 100.000 años gracias a las emisiones de los volcanes y la erosión de los fuertes vientos del altiplano catamarqueño. Uno de los volcanes cercanos, el Blanco, fue el responsable del color de este campo de dunas y posee un cráter que puede visitarse partiendo desde la localidad de El Peñón.

Considerado como uno de los destinos más bellos pero menos visitados del país, en este paisaje símil lunar reina la desolación. Si bien no es necesario ir con guía, se recomienda estar acompañado por un entendido de la zona, ya que es muy extensa y los caminos no son muy transitados.

Para llegar al Campo de Piedra Pómez, se pueden contratar excursiones en Belén, El Peñón y Antofagasta de la Sierra, que rondan los $ 1500. Luego, la entrada a la zona no tiene costo.

Se accede en 4x4 y la aventura misma comienza en el viaje hasta allí, ya que se avistarán altísimos picos, lagunas turquesas y rojizas, y una fauna salvaje de zorros colorados, vicuñas, pumas y flamencos, entre tantos otros.

Una vez allí, el vasto territorio se puede recorrer en mountain bike, 4×4 o caminando, y también se pueden realizar actividades como sandboard. Como se está muy alto y hay baja presión atmosférica, es imprescindible regular la respiración y se recomienda tomar mucha agua.

Cabe destacar que Catamarca tiene los siete volcanes más altos del mundo (Nevado Ojos del Salado, Monte Pissis, Cerro Bonete Chico, Nevado Tres Cruces, Llullaillaco, Walther Penck, Incahuasi) y solo en su territorio, se cuentan más de 200.

 

Península Mitre, Tierra del Fuego

En el otro extremo del país, justo en la punta del zapato –o el sureste– de Tierra del Fuego, el viento también sopla bien fuerte, los escenarios también son de película y tampoco abundan los seres humanos. No los hay, de hecho, en Península Mitre.

En esta área inhóspita de 320.000 hectáreas completamente vírgenes, solo habitan guanacos, zorros, cauquenes, lobos marinos, cormoranes y animales que aún ni se registraron. Su costa norte mira al Océano Atlántico y su costa sur, hacia el Canal Beagle.

Playas desiertas, acantilados, humedales, caballos salvajes, caminos silvestres sin señalizar y desolación total. A 210 km de Ushuaia, pero aislado del resto de la provincia por falta de rutas, estos paisajes sureños que no tienen nada que envidiar a los de Game of Thrones o El Señor de los Anillos, y son tan imponentes como reticentes de aceptar invitados. Después de todo, ¿quién dijo que el fin del mundo sería fácil –o barato– de conocer?

Las visitas se realizan desde Ushuaia en verano y existen solo dos opciones para acceder a la península: a caballo o en helicóptero. La primera se trata de una cabalgata de 10 días de dificultad avanzada y cuesta US$ 2800 por persona. Está dirigida solo a aficionados de la equitación y la aventura, ya que hay que andar en caballos especialmente entrenados, resistir condiciones climáticas a veces hostiles y, claro está, dormir en carpa en medio de la naturaleza salvaje. La segunda opción consta de un paseo para sobrevolar la región durante tres horas, parando 45 minutos en un naufragio. En este caso, la visita no requiere más que espíritu de aventura, y entre US$ 2500 y US$ 3500 por persona.

Desde las agencias de viaje comentan que, por la dificultad de acceso y lo específico del público, en general, los viajeros son europeos y es muy raro ver a un argentino dentro del grupo. De todas formas, esta Área de Circulación Restringida bien al sur del mundo es una de las joyas ocultas del país que implicará un gasto mayor al habitual, pero promete develar misterios que su naturaleza virgen conserva en silencio, como son los naufragios en sus costas. En los recorridos, se podrán ver restos de edificios de la factoría de Lobos en Bahía Thetis, las ruinas del casco de la Estancia Policarpo en Caleta Falsa y restos de construcciones de los navegantes. El estrecho de Le Maire separa la península de la Isla de los Estados y allí se pueden encontrar vestigio de la etnia Haush.

 

Bosque Petrificado Sarmiento, Chubut

Se trata del bosque petrificado más grande del mundo. En medio de la árida estepa chubutense se puede conocer una postal de la Patagonia de hace millones de años, cuando lo que hoy son desierto y rocas era una selva tropical con lagos y pantanos. 28 km al sur de Sarmiento, esta Área Natural Protegida se extiende por unas 1880 hectáreas y, entre miradores y senderos naturales, pueden verse restos de árboles y vegetales en colores vivos pero devenidos en roca. En tonos rojizos, marrones y amarillos, estos cientos de ramas, troncos y restos fósiles pueden tener aún tanto los anillos de crecimiento en sus cortezas, como ya estar ahuecados por la erosión.

Lejos de la inmediata ilusión de encontrar árboles erguidos congelados en el tiempo, el bosque petrificado –como todos los de su tipo– no es literalmente un bosque ya, sino un conjunto de restos de árboles convertidos en piedra y esparcidos por un vasto territorio. Hace cerca de 62 millones de años, esta región supo ser un bosque tropical con árboles de más de 100 metros de altura. Se estima que, en las eras Mesozoica y Cenozoica, la intensa actividad volcánica de la zona los petrificó gracias al aporte de sílice.

Hay dos circuitos turísticos disponibles: una caminata de una hora por un sendero demarcado con paradas en puntos panorámicos, incluido el central Valle Lunar ($ 80) y una alternativa de trekking de nivel medio de unas tres horas, que se hace con un guía. También hay un centro de interpretación en el ingreso al predio, donde pueden verse restos arqueológicos de comunidades aborígenes que habitaban la Patagonia.

Más allá del área permitida de tránsito, aún hay innumerables restos fósiles que son estudiados y muchos están expuestos en la superficie por la acción del viento.

Sarmiento queda en el centro de la estepa chubutense, 150 km al oeste de Comodoro Rivadavia y se puede llegar desde allí a través de la Ruta Nacional 26. De vuelta en la ciudad pero todavía no en el tiempo, el Parque Paleontológico muestra réplicas en tamaño original de los principales dinosaurios de la región.

 

La Payunia, Mendoza

Famosa puertas adentro y fuera del país, la tierra del vino se consagró como la tercera provincia argentina más visitada en enero de 2017. Entre sus destinos más populares, estuvieron El Valle de Uco, Cacheuta, Potrerillos y Uspallata, según datos del Ministerio de Turismo nacional. Con tanto material al alcance, quien visita Mendoza está, en general, atareado en el intento de que todos los recorridos encajen en un solo viaje. Misión que, por las vastas dimensiones de la provincia, se torna de lo más difícil.

Hay un rincón en particular que no suele estar en las rutas clásicas y se lleva todos los elogios de los viajeros que se aventuran a conocerlo. Al sur de la precordillera mendocina y a unos 160 km de Malargüe, la Reserva Provincial Payunia ostenta el mayor campo volcánico del planeta, con un promedio de 10,6 volcanes cada 100 km2.

Con una superficie de 450.000 hectáreas, en La Payunia, el viajero se inmersa en un ecosistema compuesto por 890 conos volcánicos, formaciones, lava fragmentada, arenas negras, campos de “bombas” (material en estado líquido o cremoso, eyectado por el volcán y luego endurecido), matorrales y pastizales.

Entre sus volcanes, se destacan el Payún Matrú, con una caldera de 9 km de diámetro y laguna en el centro, y el Payún Liso, de 3680 metros. En esta área protegida declarada de Reserva Total también puede avistarse fauna autóctona, como guanacos, choiques, piches y liebres patagónicas.

El acceso es a través de la Ruta Nacional 40, luego por Ruta Provincial 186 y, más tarde, unos 160 km desde Malargüe. Por las características del terreno, es necesario ingresar con un guía en vehículo alto. Se pueden realizar visitas todo el año y la excursión desde Malargue cuesta entre $ 1000 y $ 2000.

 

Parque Nacional Copo, Santiago del Estero

A unos 400 km al norte de la capital santiagueña, el Parque Nacional Copo es uno de los destinos de aventura y ecoturismo menos concurridos del país pero con más naturaleza virgen por ser explorada. Ubicada en lo que se conoce como el “Impenetrable santiagueño”, esta reserva natural protege 114.250 hectáreas de la región Chaco Seco y alberga especies en extinción como el yaguareté, el tatú carreta o el oso hormiguero gigante y más de 170 variedades de aves.

Con una vista privilegiada de la fauna nativa como el oso hormiguero grande, el águila coronada y la boa de las vizcacheras, los senderos y pastizales del Parque Nacional Copo se tornan un lugar ideal para adentrarse en el ecoturismo. Otro de sus atractivos es el bosque primario de quebracho colorado, especie que supo ocupar más del 80 por ciento de las tierras santiagueñas pero que ha sido víctima de los desmontes. Este árbol es un emblema de la región chaqueña.

Sus principales actividades turísticas  son el senderismo y el avistaje de flora y fauna. Se puede acceder durante todo el año, pero se recomienda hacerlo entre abril y noviembre, debido a las altas temperaturas y abundantes lluvias veraniegas. La entrada es gratuita y no hay servicios para turistas dentro, pero enfrente está la localidad Pampa de los Guanacos, sede central de las oficinas del lugar, donde se puede contactar a los guías especializados y guardaparques.

Pampa de los Guanacos queda a unos 300 km de la capital provincial y cuenta con servicios, alojamiento, estaciones de servicio y proveedurías para quienes quieran dedicar más de un día para conocer esta gema natural. Si se viaja en auto desde Santiago del Estero, se debe tomar la Ruta Nacional 34 hasta Taboada, luego la 89 hasta Quimilí y Ruta Provincial hasta la localidad aledaña a El Copo. Si se opta por una excursión desde la capital provincial, las visitas, en general, duran una jornada y el precio ronda los $ 2000 por persona.

 

Cuevas de Acsibi, Salta

Bien en lo profundo de los Valles Calchaquíes, las Cuevas de Acsibi ofrecen una postal para nada típica del norte argentino. Ubicado a 15 km de Seclantás, en el noroeste salteño, este accidente geográfico ostenta una morfología única de curvas de color rojo intenso (Acsibi en Cacán significa “lugar de fuego”) y una huella cultural de gran valor, ya que fue hogar de culturas prehispánicas.

Este cañón natural se recorre a pie para poder meterse en las diferentes cavernas que van cambiando de forma y color, dejando pasar algunos rayos de luz que le dan su impronta al paisaje, junto con las cascadas que brotan de entre las piedras. Más allá de la inmensidad y particularidad de estas formaciones, el valor arqueológico de la zona se debe a que allí habitó la comunidad prehispánica Malcachiscos, a quienes se adjudican las pinturas rupestres y objetos de alfarería o puntas de flecha que aún se conservan. En cuanto a la fauna, en el área pueden verse llamas y cóndores.

El predio es propiedad privada, por lo que se ingresa con excursiones previamente reservadas que acceden en 4x4 y luego implican unas cuatro horas de trekking hasta llegar a las cuevas. A la vera de la icónica Ruta 40 y a 169 km de la capital provincial, el pueblo de Seclantás cuenta con alojamiento y servicios para los viajeros. Las excursiones van de los $ 1000 a los $ 2500, según se elija el recorrido por la jornada entera o solo el acceso al lugar.

 

Bañado La Estrella, Formosa

Otra alternativa para el ecoturismo está más al norte del país, en uno de los humedales más grandes de América del Sur. Con 400.000 hectáreas, el Bañado La Estrella atraviesa la provincia de Formosa de norte a centro y, si bien la actividad turística en la zona es aún muy incipiente, las opciones para recorrerla son de lo más variadas.

Rodeado por los ríos Bermejo y Pilcomayo, el Bañado se puede recorrer en piragua o kayak, poniendo los sentidos al servicio del contacto con la fauna nativa. En los paseos que se adentran en este humedal se pueden observar ejemplares de carpincho, oso hormiguero, vizcachas, nutrias y boa curiyú –con hasta siete metros de largo, es la serpiente más grande del país.

También hay más de 300 especies de aves a la vista, entre ellas, la cigüeña jabirú y las garzas.

El mirador central es El Vertedero, cerca de Las Lomitas, desde donde se pueden contratar paseos náuticos o cabalgatas. Hay otra opción para acercarse desde Fortin Soledad, que muestra su zona más agreste. Allí no se encontrarán prestaciones turísticas oficiales, pero los pobladores organizan actividades y guían a los viajeros.

Cabe destacar que la región registra la menor tasa de deforestación del noreste argentino. Asimismo, se aconseja consultar con la oficina de turismo de Formosa antes de viajar, ya que en época de sequía o desborde el lugar no está en condiciones de ser visitado. En general, de febrero a agosto hay suficiente agua para hacer los paseos náuticos, pero de agosto a enero baja estrepitosamente el caudal.

El Bañado está a 340 km de la capital provincial y se accede por la Ruta Provincial 81 hasta Las Lomitas y luego la 28 por unos 35 km. La visita guiada cuesta $ 350 por persona desde Las Lomitas y la excursión de jornada completa con paseo en lancha, $ 900. Si el tour se toma desde Formosa capital, tiene un precio aproximado de
$ 1000 por persona.