Rosendo Grobocopatel recibe a la revista APERTURA en su casa a pocas cuadras de donde vive su padre, Gustavo. Un departamento que deja ver sus intereses.
A los 31 años, Grobocopatel se convirtió en una voz singular dentro de la conversación pública argentina. Politólogo, emprendedor -creó Constelaciones, su propia empresa de creación de contenido de marcas en redes sociales- y creador de contenido, construyó una audiencia propia y ecléctica, 400.000 seguidores que escuchan y hacen preguntas tan diversas como qué opina de la educación hasta a qué videojuego le gusta jugar. “Me tomo mi ‘hobby’ con mucha responsabilidad”, asegura el joven emprendedor durante la entrevista en la que no se habló de su apellido que remite inevitablemente al mundo del agro, aunque sí explicó por qué eligió desarrollar su propio camino y quedarse en la Argentina.
Formado en Ciencia Política en la Universidad Torcuato Di Tella, trabajó en la Jefatura de Gabinete durante la administración de Mauricio Macri y participó activamente en espacios vinculados al PRO, experiencia que le permitió conocer de cerca las dinámicas del poder y la gestión pública. Sin embargo, en los últimos años encontró en los formatos digitales un territorio más fértil para explorar preguntas que no encuentran lugar en la discusión política cotidiana.
En un contexto marcado por la polarización, Rosendo suele reivindicar el valor de la conversación y el intercambio entre personas que piensan distinto. Al mismo tiempo, no esquiva posiciones ni debates incómodos: opina sobre el fenómeno Milei, el futuro del PRO, la reorganización del sistema político, el rol de las provincias, la relación entre el campo y la sociedad urbana, y las oportunidades que tiene la Argentina para insertarse en un mundo cada vez más competitivo y fragmentado.
-¿Cómo fue el paso de la política al emprendedurismo?
Vengo una familia que está muy vinculada a la actividad empresarial. Yo soy más bien una ruptura de esa tradición. En mi familia directa, nuclear, nadie se dedicó a la política nunca en la historia.
-¿Y cuando les dijiste qué pasó?
Les gustó. Mis viejos, los dos, son muy comprometidos con la cosa pública. Son personas que les interesa mucho la conversación pública y esa vocación creo que estaba, pero mucho más de mis viejos.
Y pasando a la pregunta específica de por qué dejo la política, en un momento sentí que la política partidaria ya no tenía nada interesante.
Yo trabajé con Marcos Peña, una persona que yo admiraba mucho y trabajó con Macri, el gobierno nacional y fue una experiencia de muchísimo aprendizaje y después tuve dos, tres años, del 2020 al 23, en los que coordiné el equipo de comunicación de Cambiemos y del PRO específicamente donde no le lograban encontrar la vuelta algo que se estaba destruyendo a toda velocidad.
-¿Pero te decepcionó?
En el momento seguro que sí. En retrospectiva estuvo bien; pasó lo que tenía que pasar y no me voy a pelear con la realidad. Además, me dio la oportunidad, la ventana, la posibilidad de pensar en hacer otra cosa. Si bien, siempre tuve mucha vocación por lo público, también me divierte mucho lo que estoy haciendo ahora.
-¿Y qué hacés ahora?
Laburo dentro del mundo de la comunicación, específicamente en la estrategia y la creación de contenido de marcas en redes sociales. Marcas, instituciones y personas; desde una ONG a una empresa multinacional de consumo masivo hasta algo más B2B e, inclusive, personas, líderes empresariales, líderes sociales.
-¿Qué crees que con eso podés aportar al bien público?
Primero, me gusta ir a laburar, me gusta mi laburo, me gusta mi equipo, me gustan los clientes que tenemos. Entonces, eso me entusiasma.
-¿Elegís los clientes? ¿Podés decir que no?
Puedo decir y digo no. No sé si puede elegir a los clientes. Me gustaría tener más clientes todavía de diversas industrias.

-¿Pero alguno que digas, ‘no, comulgamos’?
Sí, eso seguro, pasó mil veces. Después en términos generales, lo que nosotros hacemos es muy específico. No es que tengo que estar de acuerdo con la marca, no me tiene que caer bien. Tengo que ayudar al cliente a cumplir su objetivo.
-Y después tu canal
Eso es más personal. Es como un hobby. Hay gente que tiene como hobby ir a pescar, yo tengo como hobby participar en la conversación pública. Está mal dicho hobby, me lo tomo muy en serio y es una cosa muy profesional. Participo en la conversación pública con mucha energía y con mucha vocación. Me parece que hace falta llenar la conversación pública de cosas más positivas, de conversaciones que nos encuentren pensando cómo resolver problemas e inclusive compartiendo con gente distinta. Hoy la conversación pública está llena de energía negativa que te tira para abajo, donde todo está mal, todo es corrupto, nada funciona. Eso paraliza mucho y no me parece que sea funcional para hacer las cosas mejor en nuestro país.
-¿Podrías volver a la política, podría nacer el ‘rosendismo’?
Sí, sí. Tengo la puerta abierta a la política. Creo que en algún momento me gustaría volver a la política entendida como política partidaria o la política desde la ocasión de hacer una opción desde el Estado. Hoy es re político lo que hago. Mi mirada de la realidad es política, aunque no es partidaria. De alguna manera, nunca me fui de la política, la política no se fue de mí.
-En IDEA le dijiste a los empresarios que no dialogan con la sociedad...
Yo intento decir eso para provocar un cambio, pero soy muy respetuoso del empresariado en la Argentina. El empresario en Argentina me parece que es muy bueno dado el contexto que tenemos. Pero se pueden hacer cosas mejores, esa es la invitación que hago, pensar cómo resolver esto que no funciona: la Argentina hace 60 años que no crece de manera sostenida.
No hemos encontrado la vuelta para crear desarrollo y progreso y estamos en una situación bastante crítica y la invitación es a participar más. La dinámica del empresario, en general, es por naturaleza la de mirar para dentro, porque en competencia estás todo el tiempo amenazado. Pero en la Argentina se sienten amenazados por la regulación, por la complejidad, pero no por mejorar su producto, mejorar un servicio, mejorar los costos, la eficiencia. Es un problema… Entonces, necesariamente la naturaleza del empresario a veces es la de mirarse el ombligo. Y yo quiero provocar, porque eso no me parece que sea lo mejor.
-¿Si esa la naturaleza del empresario cómo haces que se abra?
La naturaleza no la puede modificar. En mi ciudad, la camiseta del equipo del Club Atlético tiene la marca de la empresa de agro local o de la que vende el repuesto. Yo creo que eso es una forma de comprometerse. Hay formas de que el empresario se comprometa, creo que falta más conciencia, falta esa voz.
Y la época Milei abre una ventana porque el éxito está mejor visto que nunca antes en mucho tiempo en la historia de Argentina; el progreso está bien visto, emprender, la actividad privada...
-¿Qué sería el diálogo del que hablás?
De base, la gente no entiende que es un empresario. La gente piensa que un empresario es Tino Mossu, Cositorto. No se me ocurre otro ejemplo y no quiero ofender gente. Y el empresario no es así. El empresario es una persona que toma riesgo y esa idea no está clara en la sociedad argentina. Entonces, tienen que explicar mucho más lo que hacen.
Después lo que particularmente discutía, es las compañías, muchas de las más sofisticadas de la Argentina, las más desarrolladas son las que más podrían hablar, las que más se pueden defender. Yo como Pyme amo que exista la corpo internacional, la que es mucho más formal, que tiene más estándares, que a que a mí me sube la vara. Pienso que está bueno que ellas, las grandes compañías, no dejen eso de lado. ¿Se entiende? Y que tomen su responsabilidad real, que es proponer.
Me parece que no lo hacen y siguen no haciéndolo; aunque veo un cambio social, algo más interesante, hay podcast, hay programas que conversan de estas cosas y más más fácil decirlo, pero estamos a año luz de lo que puede ser.
-Vos decís que en la era Milei está mejor visto el empresariado, la actividad privada, pero, a la vez, Milei se pelas con empresarios muy relevantes...
Un delirio. Me parece que es particular de Milei, es el tono Milei. En mi casa me enseñaron de chico hay que ser duro con las ideas y bueno con las personas.
Inclusive, si él tiene una discusión regulatoria con respecto a algunas actividades que hace el Grupo Techint, puede dar esa discusión regulatoria. Pero Techint es la empresa más importante de Argentina, top cinco de las empresas más importantes de Argentina en la historia. Insultar al CEO para mí es delirante, una cosa ridícula.
“No me resigno a pensar que la única forma de hacer las cosas sea odiando a alguien. No puede ser el enemigo el que ordene la propuesta”.
-¿Te considerás influyente?
No sé. Si te tengo que ser 100% honesto, creo que sí, en el sentido de que me siento un creador de contenido, un creador de opinión y siempre pienso que las personas que participen de la esfera pública influyen en algún grado y tienen que tener sentido de responsabilidad. Y hago cosas con mucho sentido de responsabilidad.
Después no sé el grado de influencia. No me siento la persona más influyente de Argentina, pero sí siento que en algún universo influyo: en redes sociales me siguen casi 400.000 personas, el contenido lo ven 3 millones de personas todos los meses y de gente muy extraña, desde el CEO de una compañía hasta un playero en una estación de servicio. Es muy heterogéneo el universo.
-¿Por qué crees que tenés ese éxito?
¿Por qué creo que funcionó? Supongo que hay algo que no se puede explicar. Pero, por otro lado, pienso que soy representativo de una parte de la sociedad, hay gente como yo. Lo que uno hace, en general, cuando representa en política o comunicación es que hay alguien del otro lado que se siente parecido a vos. Yo expreso una sensibilidad de alguna gente que piensa parecido.
Hay pibes que se criaron en el interior como me crié yo que se sienten identificados, pibes que quieren ser profesionales y que quieren progresar en su actividad, o que quieren ser mejores en su laburo. Hay madres que mandan sus hijos a la escuela que se sienten identificadas, intendentes que se sienten identificados. Eso es representar, la política, en el aspecto más básico, es representar. Como todo el mundo no se puede poner de acuerdo uno a uno, lo que se termina construyendo son instituciones que intentan hacer eso. Los diputados son, de alguna manera, 257 personas hablando para que 50 millones no tengan que hablar todos los temas.
-¿Crees que una debilidad del gobierno actual es que le ‘falta interior’?
Puede verlo de dos lados, sí en cuanto a quienes lo expresan, no en cuanto a quienes lo votan y al modelo económico que eligieron. Este modelo económico es un modelo contrario a la concentración en el área metropolitana, es una venganza federal del gobierno más unitario de la historia. Milei es un tipo de acá que no conoce nada de la Argentina, pero arrasó en lugares de la Argentina que nunca pisó y eso para mí es para pensarlo.
Entonces, no hace falta ser tucumano para ser federal. El modelo económico de Milei va a dejar un país distinto si se prolonga, sobre todo, no solo una matriz productiva, sino, una matriz geográfica. Se habla mucho de la Cordillera y la Patagonia corriendo el eje para el interior. Puede ser que eso ocurra. Siento que él no sea federal no quiere decir que su votante no lo sea.
-¿Crees que la Argentina necesita una continuidad?
Necesito una continuidad más que de un modelo económico, que también lo pienso, de variables macro. Por ejemplo, estabilidad fiscal, baja de inflación, prudencia fiscal, promoción de la creación de valor económico. Necesitas un gobierno que sea pro empresa y la Argentina necesita muchos gobiernos pro empresa seguidos para dar vuelta a esta situación.
No pienso que sea necesaria la continuidad de Milei, yo en eso soy bastante claro y contrario a Milei. No creo que sería bueno que Milei continúe como presidente.
Hoy todavía no hay opciones, pero pienso que sería muy bueno para la Argentina que otra persona que piense más en cómo crear bienes públicos, que le importe el Estado, que entienda la micro... Es bueno que venga alguien que tome lo bueno de Milei y que cambie su mirada un poco destructiva de las instituciones.
-¿Qué rol debería tener el Estado?
Todos los países tienen Estado. Entonces, el Estado sí o el Estado no, no es una pregunta válida. Sí, Estado sí. Ahora, el problema es que en la Argentina el Estado se comió todo. Entonces, creo que tiene que haber menos Estado, más eficiente y tiene que haber bienes públicos. ¿El Estado tiene que tener empresas? En general, te diría casi 99,9% de las veces, no. El Estado tiene que ser un buen regulador.
Entonces, que el estado regule y que tenga autoridades regulatorias buenas, que el Estado cumpla las funciones básicas que tiene que cumplir: que provea buena educación, buena seguridad, buena salud y razonables oportunidades para que cualquier argentino quiera desarrollar su proyecto de vida. Esa es la clave. Lo que pasa es que el Estado hoy hace muchas cosas y la mayoría muy mal.
-¿Qué opinión tenés sobre la manera del Gobierno de buscar cambios haciendo borrón y cuenta nueva?
Salió mejor de lo que yo hubiese pensado. Era necesario. A la luz de la experiencia domesticó, funcionó. Una cosa es destruir y otra construir y está bueno destruir, es necesario, pero también hay que entender que querés construir después. Argentina sigue necesitando todavía destruir parte de lo que no funciona, pero necesita definitivamente una visión de construir algo también.
-¿Esa es la parte que todavía falta?
Sí, 100 por ciento. No hay construcción, porque el Gobierno tiene una creencia que el Estado no funciona. Entonces, si vos crees que el Estado no funciona, ¿por qué querrías que sea más eficiente? No querés que funcione directamente.
-¿Crees que si hay continuidad, pero sin Milei, está bueno que sea también un outsider?
No se me ocurre que el mundo pueda seguir teniendo insiders y en la Argentina particularmente. No se me ocurre que las personas del sistema lo puedan seguir liderando. Veo más un mundo de outsider que de insiders, porque el outsider de la política es el insider de la sociedad buena parte de las veces.
-Vos, si hicieras política partidaria, ¿sería un insider?
Si yo sintiera que tengo una propuesta sólida que, aparte de ganar, puede gobernar, estoy ahí. Sería candidato a presidente el año que viene.
-¿Pero serías insider?
Bueno, yo soy yo, no sé qué soy, soy un poco todo.
-¿Pero serías contra casta?
Sí, soy contracultura, creo que hay muchas cosas que hay que cambiar. Propongo una ética distinta a la que tiene Argentina. No me parece que lo que se hizo sea exitoso. La Argentina tiene que cambiar y en eso coincido con Milei, pero para dónde cambia. Creo que tenemos que darnos la posibilidad de construir algo como Argentina, como sociedad, que nos lleve a un lugar de desarrollo. Tiene que ver con muchas cosas que plantea Milei, un Estado más chico, que la iniciativa privada ordene una parte grande de la creación de valor. Pero, también, tiene que ver con que haya instituciones, con que haya una vida comunitaria, con que nuestras sensibilidad importa, nuestra sensibilidad cultural, nuestra vida en comunidad.
-¿Decís que Milei destruyó las instituciones, pero no estaban ya destruidas?
Los más defensores de las instituciones en los discursivos, los defensores del Estado, son los que más hicieron para destruirla. Pienso en el kirchenerismo y fueron los accionistas principales de la destrucción del Estado y de la legitimidad del gobierno, eso seguro.
-¿Eso fue buscado?
No. No. Creo que fue torpeza, ambición, mala gestión de la cultura del poder. La Argentina tiene una pésima gestión de la cultura del poder, ese para mí es el problema. Hay una variable ética. La Argentina hubiese sido un país distinto si hay agentes individuales que cambian. Macri trajo un montón de gente a la política y renovó el sistema político. Hay gente que le gusta verlo o no. El kirchnerismo también, pero si hubiese sido liderado por personas distintas, la gente estaría en distinto lugar, con las mismas ideas...
Yo creo que la cultura del poder es algo más amplio, es para qué se piensa el poder, para qué se obtiene... Y en la Argentina durante mucho tiempo, la norma fue para enriquecerse o para beneficio personal.
-¿Cómo se hace para creer de vuelta, para confiar?
La confianza es como el lubricante social, es necesario para que las cosas funcionen, para que los engranajes se muevan bien. ¿Cómo se recupera? Confiando, es bastante loco lo que pasa con la confianza, no puedes saber si confías en alguien hasta que confías.
-¿Esa fue uno de una de las cosas que ganó Milei?
Claro, la gente le dio un voto de confianza, se arrojó a una aventura no calculada o difícilmente predecible. Se arrojó por esta intuición o por esta mirada de decir: “Che, todo lo anterior me mintió o no me cumplió”.
-¿La gente quiere confiar?
No siempre, pero tiene ciclos de ilusión y de desencanto. El problema que Argentina tiene que enganchar un buen ciclo de ilusión y, para mí, para confiar sí hace falta, más allá del presidente, que una élite, que la gente que influye en la esfera pública tome una mirada un poco más grande, más generosa con respecto a esto, a participar de los debates, a proponer cosas, a proponer una ética.
-¿Cómo se logra consenso?
Yo no soy consensualista del formato totalitario, que todos estemos de acuerdo. No sé si es bueno. Yo no quiero que estemos todos de acuerdo en cosas. Tenemos que estar de acuerdo en una lógica. Eso seguro, para poder conversar.
-¿Con este gobierno se puede conversar?
No. Por eso, también el gobierno encuentra rápido límites en la realidad. Podría haber sido mejor gobierno que el que viene siendo. También hizo mucho, pero podría ser mucho mejor si tuviera esa mirada un poco más amplia, menos facciosa. Pero es muy seductor el juego del poder agonal, porque acumulás mucho más rápido diciendo a quién odiás que construyendo un sentido común del qué querer.
-¿Funciona esa idea de confrontar siempre con un enemigo?
Me resisto a esa idea, no creo que sea así. Y no sé cuánto es análisis objetivo y cuánto es ilusión militante. No me resigno a pensar que la única forma de hacer las cosas sea odiando a alguien. Hay una energía más fuerte todavía para mí que es la de proponer algo positivo. Obviamente, vas a tener enemigos a lo largo del camino de lo que quieras hacer, pero no puede ser el enemigo lo que ordene la propuesta, sino que tiene que haber una propuesta ordenada sobre la base de un sentido. Me gusta mucho como lo dice Lucrecia Martel: ‘Tenemos que dejar de pensar la narración entre los malos y los buenos donde la trama ocurre por conflicto’. Para mí puede ocurrir, obviamente que va a haber conflicto en el camino, una propuesta de un algo superador.
-¿Con las marcas con las que trabajás, crees que les estás proponiendo algo distinto?
Cien por ciento. Cambió el panorama de la comunicación, no tiene nada que ver con la comunicación de hace unos años. Era una época donde la comunicación era vertical, donde ven emisor que daba un mensaje y lo recibían muchos. Con las redes sociales cambió para siempre la historia y la esfera pública, el espacio donde la gente se encuentra a conversar.
Antes era el diario, la tele, la radio, hoy son las redes y está todo muy volátil y las compañías no entienden ese cambio, sigan dedicándole ridícula cantidad de tiempo a una forma de comunicar vertical que no crea legitimidad. Tiene que haber una revolución desde este lugar. Legitimidad es ser parte de la conversación y animarse, salir de la zona de confort.
El mercado sino te jubila, no en Argentina porque la Argentina no es un país competitivo. Pero en el mundo si no te adaptás, te jubila. En una Argentina más integrada al mundo va a pasar eso con las compañías que no se logren integrar a una dinámica más contemporánea.
-¿Cómo haces para que hoy una marca sea relevante?
Tienen que crear conversación, tiene que estar conectada con una audiencia del otro lado, tiene que tener pertinencia en los canales donde está hablando. ¿Cómo se hace? No se puede inventar, pero para mí tiene que tener algo de verdad. Lo que hagas en esta época tiene que ser genuino, en ese sentido, tiene que tener algo de verdad, algo.
-¿No con fórmulas?
No, tiene que estar conectado con lo que uno es. En nuestra charla acá en persona, a vos te va a pasar algo en la panza que no se puede explicar racionalmente. Algunas cosas te van a gustar, otras no. Y con las compañías pasa algo parecido. Le creo o no le creo.
Si las compañías no ponen su componente humano arriba de la mesa está perdiendo su atributo más grande, la riqueza más grande que es su particularidad, su diferencia, su historia. Nosotros somos así, no somos azar. Yo soy toda esta mezcla de cosas que me formó. Si no ponés arriba de la mesa tu identidad, pierde valor, está desaprovechando una oportunidad. La mayoría de las compañías en el universo privado desaprovechan la oportunidad.
-¿Ahora seguro que estás a full con el Mundial?
El Mundial es un arma de doble filo, se quieren subir todos y están todos hablando al mismo tiempo y ninguno dice nada tan distinto Es un peligro.
-De tus hermanos, ¿sos el único que vive acá en Argentina?
De mis hermanos soy el único que vive en Argentina.
-¿Alguna vez pensaste irte?
No, me gusta mucho el mundo, me gusta salir y aprendo un montón y me parece que Argentina es muy insular, o sea, hace falta salir a ver el mundo. Una cosa que me parece increíble es que Máximo Kirchner está orgulloso de que no haber salido nunca de Argentina; con todas las posibilidades que tuvo que no lo haya hecho… hace menos rica la conversación.
Yo hice un intercambio en Boston, un posgrado en Washington unos meses, un programa de extensión. Conocí Seul becado por el gobierno coreano y viajé mucho por placer. Cada vez que salgo pienso mejor a Argentina por la distancia y cada vez que vuelvo también entiendo mejor el mundo.
-¿Qué modelo de país te gusta para Argentina?
Argentina. Acá está la respuesta, no hay que ir tan lejos, está acá, lo que nosotros hacemos para mí es lo mejor de Argentina. Ya está acá y, por suerte, estamos atravesando un momento de revalorización de la identidad nacional. La Argentina tiene la respuesta cerca, no está tan lejos. Obviamente, en cosas somos muy parecidos a Estados Unidos, porque tomamos nuestra Constitución de la de ellos. Somos parte de un mismo hemisferio, una misma cosmovisión, de una forma de entender la realidad, el individuo, las libertades y demás. Creo que, en algunas cosas, somos más comunitarios que los gringos, nos importa mucho más la cosa familiar, amistosa y, en eso, somos bien latinos o del sur de Europa. Creo que nos importa el rol del Estado, nos importa que haya un cierto criterio de justicia e igualdad. No nos gusta la desigualdad, aspiramos a ser un país de amplia clase media.
Y, de los países totalitarios como China hay que aprender cómo las instituciones funcionan para lo que están diseñadas de una manera fenomenal. Funcionan con una eficiencia delirante. No conozco China, me gustaría mucho conocer.
Sí copiaría cosas que andan en otros lados y no querría inventar todo de cero, pero los argentinos tenemos muchas las herramientas para hacer algo.
-Hoy se habla de la oportunidad argentina, ¿podemos aprovechar el momento?
Sí, la traba nuestra fue, durante estos 50 años, no haber logrado encontrar nuestra forma de integrarnos al mundo, de ser contemporáneos y de hacerlo en razonable armonía, pero del fracaso de 50-60 años también la oportunidad. Hay una necesidad grande, una sensación grande todavía de que hay algo que hay que cambiar. Yo creo que no hay nadie que defienda el modelo anterior. No hay para atrás, hay para adelante. En ese sentido, pienso que se puede.
-Siempre tenemos la excusa de la economía, ¿es una excusa?
Totalmente. El dinero no es todo, pero como ayuda.
-¿Votamos con el bolsillo?
No, no, somos bastante irracionales, la gente vota en contra de su bolsillo: No, no, se vota por un montón de temas. Sí, siento que es coagula toda conversación posible, el proceso de destrucción de valor que tuvo Argentina los últimos 60 años, que verdaderamente es único en la historia contemporánea. De los últimos 60 años somos el peor ejemplo todos. Entonces, eso nos obtura mucho el pensamiento, nos pone en un lugar donde estás todo el tiempo ahogado, tenés algo acá en la garganta trabado. Pero hay que pasar a página y por eso la estabilidad macro es muy importante para poder hablar de otros temas. Hay que poder hablar de otras cosas. Y, aparte, tenemos ganas de hablar otras cosas.
-Hablando de hablar otras cosas, ¿cómo elegís lo que vas a hablar en tu canal?
Tengo mucho diálogo con la comunidad, me interesa mucho lo que me proponen. Soy curioso por naturaleza, entonces me interesa muchos temas. Después yo tengo una agenda de intereses particulares, hay temas que me interesan, hay temas que me generan mucha curiosidad por un tiempo, me dedico a aprenderlo y después me voy y sigo.
Me interesa mucho pensar alrededor de tres o cuatro temas grandes: uno vinculado a la ética, que es para qué hacer las cosas, cómo hacer las cosas; uno vinculado a la sensibilidad cultural, al sentido este, de qué nos junta, qué nos une como argentinos; uno vinculado más bien al desarrollo económico federal y otro más bien vinculado a las instituciones políticas que nos regulan y adentro de las cuatro de esos grandes ejes está todo lo que me interesa.
Está siempre todo lo que hago está ahí adentro, es raro que haga algo que está fuera de eso. Y si me genera curiosidad algo me lo pregunto.
-¿Cambiás de opinión?
Sí, cambio de opinión, mucho. En el core siempre andas en el mismo barrio, pienso más o menos parecido desde que tengo conciencia. Hace 15 años siempre pienso lo mismo. Voy sofisticado, cambiando cosas. Tenés una energía que es la búsqueda. En cuanto a cosas específicas, sí, pienso distinto después de haber ido a la cárcel que antes de haber de haber ido a la cárcel. Pienso distinto la cárcel. La justicia la pienso distinta después de haber tenido experiencias.
Yo pienso esto medio beatnik: me van pasando cosas en la vida y que me van corriendo de donde estoy.
-¿Tenemos muchos preconceptos?
No sé si más que el resto de la humanidad. Mi hermana que vivió en España, en Francia, Inglaterra, Estados Unidos, siempre me dice que los argentinos somos muy juzgadores. Pero también puede ser porque ser extranjero, en general, te abstrae de una parte de la conversación pequeña, no te comes toda la peli de ser parte de una comunidad. No creo que tengamos más prejuicios que el mundo en general.
-En un momento dijiste que no trabajarías para una persona más grande que vos...
No, no. Yo laburé en relación de dependencia en el mundo político y no volvería a laburar en relación de dependencia en política nunca más. Tendría que pasar algo muy raro que es que alguien me convenza muy ridículamente acompañarlo, pero, inclusive, en ese contexto lo haría con mi singularidad. Y creo que en política particularmente, y esto lo veo con claridad, hay una generación que les toca acompañarnos a nosotros, no les toca liderar.
Lo que pasa que todavía nosotros no, no estamos para para ese zarpazo, pienso, pero cuando estemos les va a tocar acompañarnos en un lugar secundario y creo que lo van a hacer muy bien porque yo pienso muy bien también de esta generación, no es que soy pendejista, pero les toca otro rol, les toca un rol diferente, no les toca liderar y protagonizar, les toca transmitir de conocimiento. Si la gente pudiera hacer mejor esa transición, estarían las cosas mejor.
-¿Tenés algún mentor?
Hablo mucho con el fundador de la revista Apertura que es Gabriel Griffa. Hablo mucho con mis viejos, con los dos. Tengo muchos más mentores: Martín Bohmer, en temas de derecho y de la vida me enseñó mucho; Carlos March de Fundación Avina y Poder Ciudadano; Marcos Peña, es una de las grandes influencias de mi vida, profesional, ética.
-Marcos Peña no se fue con una imagen muy positiva...
Para mí es la persona más inteligente que conozco, gran jefe, gran líder, un tipo muy honesto y muy inspirador.
-¿No es justificada la imagen con la que se fue?
Tampoco sé si se fue con esa imagen o es una construcción, pero yo tengo la imagen que yo tengo, una persona que admiro mucho. Siento que es el villano de una historia mal contada. Pero él tampoco tenía ganas de contar otra cosa, no le importó y es feliz, es una persona feliz y que aporta mucho valor haciendo lo que hace.
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