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El crimen del multimillonario: la trama secreta detrás de la misteriosa muerte de Barry Sherman

Casi seis años después de que el magnate farmacéutico Barry Sherman y su esposa Honey se convirtieran en dos de las personas más ricas en ser asesinadas, la policía sigue sin identificar a los asesinos. Pero no han faltado sospechosos, ni un drama familiar digno de Succession.

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El llamado fue recibido en el escuadrón de homicidios de la policía de Toronto una fría mañana de diciembre. Un hombre y una mujer habían sido asesinados en un barrio suburbano de buen nivel, acomodados de una manera horripilante. Estaban alineados en el borde de una piscina cubierta, amarrados por el cuello con cinturones de cuero y atados a una baranda de metal. Para cuando llegaron los primeros policías, en respuesta a un llamado al 911 de parte de una agente de bienes raíces que estaba exhibiendo la casa, ya se había asentado el rigor mortis, lo que indicaba que llevaban horas sin vida.

Al lugar se apersonó Brandon Price, un joven detective de homicidios con rasgos pronunciados y cabello castaño bien corto. La casa estaba repleta de personas: agentes de uniforme que habían fijado un perímetro, especialistas forenses que buscaban evidencias, un médico forense que debía preparar los restos para llevarlos a la autopsia. Otro agente sacaba fotos que documentaran la ubicación y el estado de los cuerpos, además de las condiciones de muchas de las otras habitaciones.

En el exterior había una cantidad creciente de periodistas atraídos por la filtración de la identidad de los difuntos. Eran Barry y Honey Sherman, una de las parejas más ricas y conocidas de Canadá, y los moradores de la vivienda. Barry, de 75 años, era el fundador y presidente de Apotex Inc., un gran productor de genéricos de farmacia. Su patrimonio neto se calculaba por entonces en US$ 3600 millones. Junto con Honey, de 70 años, utilizaron ese dinero para convertirse en destacados filántropos, con generosas donaciones a entidad de caridad, instituciones culturales y causas judías.

 No eran las personas más ricas de Canadá pero estaban entre los más prominentes, que se dejaban ver en casi todas las reuniones benéficas de Toronto y con fuertes vínculos con el Partido Liberal del primer ministro Justin Trudeau. Las autopsias iban a determinar que los Sherman habían muerto debido a una "compresión del cuello con ligaduras": estrangulación. Son dos de las más opulentas víctimas de asesinato.

Price y sus colegas llevan más de cinco años investigando las muertes de los Sherman, junto con detectives privados contratados por los hijos adultos de la pareja: Lauren, que ahora tiene 47 años; Jonathon, de 40; Alexandra, de 37, y Kaelen, de 32. En aquel momento no hubo detenidos, mucho menos procesados. Un representante de la policía de Toronto se negó a hacer comentarios sobre detalles de la pesquisa, pero dijo que sigue activa y que sería inexacto considerar que los homicidios son un "caso frío". De todos modos, el misterio perdura. ¿Quién tenía motivos para asesinar a Sherman y a su esposa? ¿Por qué elegirían un método tan cruento? ¿Y cómo cubrieron sus huellas con tanta eficacia?

Aunque la policía y el equipo privado no identificaron a los sospechosos, sí descubrieron mucho sobre los Sherman y su mundo. Gran parte de sus hallazgos no se conocían cuando Bloomberg Businessweek cubrió el caso por última vez, en 2018. En este artículo se revelan a partir de presentaciones legales, documentos privados, entrevistas con personas al tanto de hechos relevantes -quienes se negaron a dar testimonio público sobre asuntos privados- y cantidad de materiales de la policía difundidos a partir de peticiones del diario Toronto Star. Conforme los investigadores indagaban en el pasado de los Sherman se encontraron con un drama familiar rebosante de venganzas y rencores, acusaciones y rumores que giraban en torno al patriarca dominante y a la generación siguiente que se disputaba su predilección.

Al momento de su muerte, el patrimonio de los Sherman se calculaba en u$s 3600 millones.

Desaparecido Barry Sherman, el drama ingresó en una fase nueva y más implacable. Súbitos herederos de un imperio, los hijos dejaron en claro que sus prioridades diferían de las de su padre. Rompieron con los asesores más cercanos de él y Honey y empezaron a planificar la venta de Apotex, la compañía a la que Sherman había dedicado su vida. Luego empezaron a pelearse entre ellos.

Un golpe al millonario

En el verano boreal de 2017 Apotex tenía un problema de liquidez. Un juez en Ottawa había fallado en contra de la compañía en una disputa legal con AstraZeneca Plc, el gigante farmacéutico con base en el Reino Unido que la había acusado de infringir patentes de la droga para la acidez estomacal Prilosec. La decisión exigía que Apotex pagara unos 300 millones de dólares canadienses (US$ 227 millones), suma equivalente a todo su presupuesto anual para el desarrollo de productos nuevos.

Hasta cierto punto, ese tipo de derrotas en tribunales eran riesgos del negocio. Los fabricantes de drogas genéricas introducen de manera rutinaria productos nuevos "corriendo riesgos": los ponen a la venta mientras buscan invalidar en tribunales la patente de la droga original. Si los productores genéricos fracasan, deben pagar indemnizaciones. Si ganan, conservan los ingresos de las ventas iniciales.

En su larga carrera Sherman se había enfrascado en decenas de similares batallas legales. No era abogado ni científico de medicamentos. Tenía en cambio un doctorado en aeronáutica del Instituto Tecnológico de Massachusetts. Pero tras la muerte súbita de un tío que dejó una pequeña compañía de drogas genéricas llamada Empire Laboratories, Sherman regresó a su ciudad natal de Toronto y se hizo cargo. Seis años después vendió Empire y usó las ganancias para fundar Apotex en 1974.

De contextura gruesa y con anteojos, Sherman demostró tener un talento feroz en la industria de los genéricos, particularmente en las disputas por patentes. Pasó la mayor parte del tiempo en la Justicia, y sorprendía a sus abogados al leer cada informe que le preparaban. Cada vez que Apotex perdía un pleito se daba por descontado que apelaría: Sherman casi siempre dio pelea hasta el final. Hizo de su compañía el principal productor de medicamentos de Canadá, la responsable de proveer 1 de cada 5 prescripciones familiares, sin cotizar en Bolsa ni recibir inversiones externas, lo que lo dejó con el control absoluto.

Sherman no siempre se comportó como el multimillonario que era. La casa en la que vivía con Honey, aunque grande y cómoda, no estaba en un barrio especialmente prestigioso. Conducía una serie de autos castigados, vestía camisas viejas y arrugadas, y a menudo comía en Swiss Chalet, una cadena de pollo donde los combos cuestan menos de US$ 15. Lo que más disfrutaba era el trabajo: exhibía una capacidad casi inagotable, rara vez descansaba y despachaba emails a toda hora. En las reuniones de caridad a las que asistía con Honey, quien era la que tomaba las decisiones en las iniciativas filantrópicas de la pareja, él mayormente hablaba de negocios.

Aunque Sherman no era el director ejecutivo de Apotex -en ese cargo estaba el científico británico Jeremy Desai-, sí era el que adoptaba las decisiones definitivas. Su estilo era peculiar. Cuando una compañía que cotiza en Bolsa se enfrasca en una disputa legal importante, por lo general se apresta para las posibles pérdidas y ajusta sus finanzas en consecuencia. Sherman prefería esperar hasta que la derrota fuera segura. Sólo entonces ordenaba a sus lugartenientes que reunieran efectivo, incluso apelando a su patrimonio si era necesario. Era una estrategia riesgosa, pero Sherman confiaba en que nunca iba a quedarse corto.

 Los investigadores se encontraron con un drama familiar rebosante de venganzas y rencores, acusaciones y rumores.  

De todos modos, el fallo de AstraZeneca representó un golpe fuerte, que llegó cuando Sherman afrontaba demandas significativas sobre sus fondos. Apotex preveía instalar un nodo de investigación y producción en Florida por US$ 184 millones, a la vez que consideraba una costosa expansión de sus líneas de producción canadienses, algo que el patriota de Sherman consideraba el proyecto que sería su legado. Junto con Honey también trabajaban con diseñadores en los planos de una nueva casa en Forest Hill, justo al norte del centro de Toronto, adonde quería mudarse la mujer. Otro punto referido a Honey era que, a pesar de la gran riqueza de Sherman, ella tenía relativamente poco a su nombre, lo que la volvía dependiente de un esposo frugal. Sherman estaba a punto de transferir a Honey una porción significativa de sus activos, que ella luego podría usar a su antojo.

Uno de los competidores más potentes de Apotex, la israelí Teva Pharmaceutical Industries Ltd., también había abierto un frente legal nuevo y potencialmente costoso. En una demanda presentada en julio de 2017 en el tribunal federal de Pennsylvania, Teva alegaba que Desai, el CEO de Apotex, había tenido un romance con una directiva de Teva que le pasaba documentos confidenciales sobre sus productos. Apotex y Desai negaron comportamientos impropios. Pese a esto, el tema era tan incómodo que los consejeros de Sherman lo instaron a desprenderse de Desai, pero él se negó, y parecía que nadie en Apotex podría hacerlo cambiar de opinión.

Otro drenaje de recursos de Sherman era la multitud de familiares, amigos y conocidos que le pedían dinero a lo largo de los años. Por lo general accedía a los pedidos, y financiaba de todo, desde casas a dudosas ideas de inversión.

Según documentos policiales, Sherman le compró una casa a al cuñado de una hija y un título de ahorro por 1 millón de dólares canadienses para la suegra. Al novio de un hijo le financió una empresa de bienes raíces y extendió un estipendio mensual que siguió vigente incluso después de la separación de la pareja. Sherman también dio 8 millones de dólares canadienses como ayuda a un primo, Kerry Winter, cuyo difunto padre había fundado Empire Laboratories. (Más tarde Winter demandó a Sherman alegando sin éxito que una oculta cláusula financiera lo hacía titular a él y a sus hermanos del 20 por ciento de Apotex).

Luego estaban los cuatro hijos. Sherman había estado en gran medida ausente mientras eran jóvenes, y prefería quedarse en la oficina a cenar en familia o ir a espectáculos deportivos. Era más generoso con su dinero que con su tiempo, y financió emprendimientos económicos o de estilo de vida de los cuatro. A pesar de los deseos de Sherman, ninguno se interesó por trabajar en Apotex, y él solía ser poco caritativo al evaluar sus temperamentos; a amigos y colegas les decía que se sentía decepcionado por sus elecciones. (Era algo menos crítico con Alexandra, que estudió para enfermera). Tras el asesinato de los Sherman un familiar dijo a la policía que la pareja "tenía algunas frustraciones con sus hijos debido a su falta de ética laboral, porque los chicos se criaron y estuvieron rodeados por un montón de dinero".

La relación de Honey con los hijos era particularmente tensa. Su franqueza podía llegar hasta la abrasión. Cuando Jonathon se declaró homosexual en la escuela secundaria, su madre se esforzó por ocultar su incomodidad. Sherman lo aceptó mejor. Periódicamente Honey instaba a su esposo a que redujera la ayuda financiera a los hijos para alentarlos a que fueran más independientes. Pero por lo general él se negaba.

La máquina de firmar cheques

Algunos de los cheques más suculentos iban a dos personas: Jonathon, quien se interesaba más que sus hermanos por los negocios, y Frank D'Angelo, un extrovertido emprendedor a quien Sherman había conocido a comienzos de los 2000. En atención a Jonathon, Sherman apoyó a Green Storage, una empresa de almacenamiento personal que el joven dirigía con un amigo de la infancia. Documentos inmobiliarios indican que, al momento de la muerte de los Sherman, Green Storage había recibido 135 millones de dólares canadienses en préstamos de bajo costo de parte de una compañía llamada Hour Holdings, la cual, según una persona al tanto del tema, estaba financiada enteramente por Sherman.

Los cuerpos de Barry y Honey se encontraron amarrados en la piscina del subsuelo.

D'Angelo tenía inversiones en restaurantes, cervecerías, bebidas energizantes y producciones de cine; la mayoría no eran rentables. Un conteo interno preparado por colegas de Sherman y examinado por Businessweek muestra que entre 2003 y 2017 Sherman concedió cientos de préstamos de bajo interés a la compañía de D'Angelo. Casi ninguno fue reembolsado. Los créditos individuales solían ser de montos bajos, unos pocos cientos de miles de dólares, pero los documentos indican que hacia el final de la vida de Sherman, la cantidad total superaba los 268 millones de dólares canadienses, incluyendo intereses.

D'Angelo, quien no respondió a una lista detallada de consultas de Businessweek, es una suerte de figura cómica en Toronto. Entre otros emprendimientos se hizo conocido por un vehículo de entrevistas televisivas llamado The Being Frank Show y por producir películas clase B con títulos como Real Gangsters o Sicilian Vampire. Qué vio Sherman en D'Angelo es materia de conjeturas para los que estuvieron cerca de él. Algunos opinan que Sherman, el nerd arquetípico, disfrutaba al codearse con un tipo efusivo que a su vez era bueno para los números.

Según personas familiarizadas con la situación, Jonathon trató durante años de persuadir a su padre de que dejara de ayudar a D'Angelo, a quien acusaba de aprovecharse de Sherman, por no hablar del despilfarro de dinero que podría haber ido a parar a la herencia de los hijos. Otros como Jack Kay, veterano hombre de confianza de Sherman, también lo exhortaron a romper con D'Angelo. Pero Sherman se enfadó con las críticas de Jonathon y lo trató de "petulante" por cuestionar sus decisiones.

Las cosas se pusieron tan tensas que en un momento Jonathon insinuó que acudiría a un dictamen médico que estipulara que su padre, a quien casi todos los que trabajaron con él consideraban un coloso intelectual, era incompetente para manejar sus propios negocios. Sherman juzgó ridícula la idea y a partir de entonces estalló el enfrentamiento. (Un representante de Jonathon se negó a hacer comentarios, salvo por un comunicado que dice que Jonathon "sigue empeñado en trabajar con sus hermanas para profundizar el legado caritativo y de servicio comunitario de sus padres, en tanto respaldan la investigación penal en marcha").

La derrota frente a AstraZeneca de mediados de 2017 obligó a Sherman a reexaminar sus gastos. Justo después del fallo envió un mail a Jonathon y a su socio empresario para decirles que se "resistía" a entregar más dinero a corto plazo para sus empresas. En un mensaje posterior ese mismo año instó a la dupla a negociar rápidamente hipotecas bancarias "que permitieran reembolsar 50-60 millones". Pero Sherman subrayó que las restricciones eran temporarias: "Estoy seguro de que, a partir de 2019, podremos entregarles cantidades sustanciales siempre que las quieran para nuevas inversiones".

Sherman fue más duro con D'Angelo. "Las pérdidas de 500.000 por mes no parecen tener fin. A pesar de las interminables promesas de que les va bien. ¿A dónde va todo eso?", preguntó en un mail de septiembre de 2017. D'Angelo respondió que el negocio "se está transformando. Está sobre la cuerda floja". Menos de dos semanas después D'Angelo copió a Sherman en una discusión sobre caídas de ingresos en los negocios de cine y bebidas. "¡No podía llegar en peor momento!", se quejaba. "Nuestra película Sicilian Vampire es No. 1 en la TV mexicana y estamos en esta situación".

Apotex se había hecho conocida por litigar hasta el final. Pero se encontró un problema de liquidez.

Sherman respondió que se había cansado de los pedidos de dinero de D'Angelo. "He venido dando fondos mes tras mes durante años a un promedio de 1 millón por mes", escribió. "Aproximadamente cada dos semanas recibo un pedido de fondos debido a que se demoró la facturación prevista pero en realidad es para cubrir pérdidas interminables. Ha habido incontables promesas de cosas buenas que eran inminentes, pero casi ninguna se concretó". Luego continuaba: "No voy a poder aportar financiamiento más allá del fin de este año, así que debemos decidir qué haremos con cada división individualmente".

¿Victimario o víctima?

Desde el momento en que el ama de llaves de los Sherman, Nelia Macatangay, llegó al 50 de Old Colony Rd, temprano el viernes 15 de diciembre de 2017, empezó a notar cosas inusuales. En los tres años que llevaba trabajando para la pareja la alarma antirrobos siempre había estado encendida cuando ella llegaba por la mañana. Ahora estaba apagada. Tampoco había ningún rastro de Sherman, a quien Macatangay por lo general encontraba en la cocina. Ni él ni Honey parecían estar en la casa, y Macatangay empezó con la limpieza.

Después llegó la agente de bienes raíces de los Sherman, Elise Stern, y comenzó a mostrar la casa a una pareja que barajaba comprarla. Stern los estaba llevando a la piscina del sótano cuando vio los cuerpos inclinados en el rincón opuesto de la tarima. Después declaró a la policía que en un comienzo pensó que los Sherman estaban haciendo "algún tipo de meditación extraña o yoga", pero pronto se dio cuenta de que algo estaba mal y se apuró a retirar a los posibles compradores. Luego le pidió a Macatangay que bajara a revisar. "Estoy segura de que los vi en el subsuelo -le dijo-. Algo les ocurrió." Asustada, Macatangay se negó. Entonces se ofreció a ir la jardinera de la familia, quien también estaba en la casa. Lo hizo y cuando regresó estaba temblando.

El caso de los Sherman recayó esa tarde en un equipo dirigido por la sargento-detective Susan Gomes, una veterana con casi 30 años en la policía. Pero fue Price, un detective mucho más joven, quien llegó al lugar y quedó como investigador primario, bajo supervisión de Gomes. Hablando a la prensa esa noche frente a la casa de los Sherman, Price hizo un comentario que más tarde la policía de Toronto habría de lamentar. "Sé que un hecho de este tipo puede ser muy inquietante para la comunidad -expresó-. Aunque es muy temprano, en este punto de la investigación puedo decir que no estamos buscando a ningún sospechoso que se destaque sobre otros".

Fuentes al tanto de la pesquisa dicen que, en parte, Price hizo esa declaración para calmar el miedo en el barrio. Antes había habido una serie de robos y la policía quería evitar el pánico de los moradores. Pero el significado de sus afirmaciones era claro, y la prensa local empezó a informar que los detectives creían que Sherman había matado a Honey y después se había quitado la vida.

Reunidos con sus seres queridos en la casa de Alexandra, los hijos de los Sherman se negaron a aceptar esa idea. Sus padres eran ricos, tenían relativamente buena salud y eran felices de tener cada vez más nietos. A veces Sherman bromeaba que quería vivir para siempre, porque el mundo no podría seguir sin él.

Los hijos entendieron que la policía había tomado el rumbo equivocado. Al día siguiente contrataron a Brian Greenspan, famoso abogado penal de Canadá, quien inició una investigación privada. Su primer objetivo era claro: probar que Sherman no había sido el autor de su muerte ni de la de Honey. Durante el fin de semana Greenspan empezó a reunir un equipo de policías retirados conducidos por Tom Klatt, ex agente de homicidios de Toronto, y se dedicó a planificar nueva autopsias de los cadáveres.

Al margen de lo que sospecharan en un comienzo los policías de Toronto, tampoco descartaban la posibilidad de que Barry y Honey hubieran sido asesinados. Se despacharon agentes a recorrer la ciudad, incluso rastreando las cloacas del 50 de Old Colony. Pidieron autorización para revisar los dispositivos electrónicos de los Sherman -Honey usaba un iPhone blanco; Barry, más excéntrico, un BlackBerry- y compararon las imágenes de la escena del crimen con fotos tomadas para la venta de la vivienda, con la idea de determinar si faltaba algo de valor. Un agente recogió huellas digitales del Lexus SUV de Honey. Otros rastrearon hasta siete años atrás la historia clínica de ambos, en parte para determinar si uno de ellos "sufría de alguna enfermedad terminal no revelada, o de algún dolor considerable que pudiera alterar su perspectiva de vida", según lo anotaron los agentes en la solicitud de inspección.

Los detectives también intentaron reconstruir las últimas horas de la pareja. La última vez que los vieron había sido la noche del 13 de diciembre, después de entrevistarse con el equipo que estaba diseñando su nueva casa. Poco después, Sherman despachó un mail de rutina a sus colegas, y luego no se supo más. Nadie tuvo noticias de él ni de Honey al día siguiente, jueves, a pesar de que sus teléfonos siguieron recibiendo mensajes: fotos de Alexandra, una invitación a una fiesta de parte de Jonathon y comentarios de varios directivos de Apotex. Esa falta de reacción era sumamente inusual, especialmente en el caso de Sherman, quien solía responder los mails de inmediato.

La policía entrevistó a familiares, amigos y socios. Price se reunió pronto con Kay, entonces vicepresidente de Apotex y el colega más cercano a Sherman. Kay rechazó la idea de que Sherman pudiera ser un asesino. "Barry nunca le habría hecho daño a nadie", aseguró, según anotaciones policiales. Alexandra declaró a otros dos detectives que, si bien sus padres peleaban con frecuencia cuando ella era joven, en los últimos años estaban "mucho más enamorados, no discutían y pasaban más tiempo juntos". Jonathon ofreció una evaluación similar y agregó que, hasta donde pudiera saberlo, nunca habían tenido problemas de salud mental. Al mismo tiempo, agregó que "hay personas que podrían tener rencores con ellos y un motivo para hacerles daño".

Lo anormal de la investigación quedó de manifiesto cuando la policía visitó la oficina de Sherman y retiró su disco rígido. Al día siguiente, la fuerza de Toronto recibió un mail de Goodmans, la antigua firma legal de Apotex, alertando que la computadora y otros dispositivos electrónicos de Sherman contenían documentos que eran "sumamente confidenciales y eran propiedad de la compañía". Los abogados exigieron que los aparatos fueran "separados y sellados" hasta que pudiera fijarse un proceso para proteger la información empresaria. Luego de discusiones con asesores legales del gobierno, la policía admitió un arreglo extraordinario: los abogados de Goodmans podría leer primero los archivos y luego conceder acceso solo al material que ellos decidieran que no tenía protección legal.

También la investigación paralela fue sumamente rara. Personas que estuvieron al tanto indican que, casi desde un comienzo, los investigadores de la familia creyeron que la policía estaba manejando mal la pesquisa. Lo más llamativo era la sospecha del asesinato-suicidio. Los forenses que efectuaron la primera autopsia de los cadáveres de los Sherman dijeron a Price que las posibilidades eran un asesinato-suicidio, un doble suicidio o un doble homicidio. Y en los primeros documentos sólo se registraba a Honey como víctima de homicidio, mientras que la naturaleza de la muerte de Sherman era "imprecisa".

Para encarar su propia autopsia el equipo privado contrató a David Chiasson, un médico que previamente se había desempeñado como patólogo forense en jefe de la provincia de Ontario. El día anterior al funeral de los Sherman, Chiasson examinó los restos en un complejo de la morgue de Toronto, ante la presencia de Klatt y de otros del grupo de Greenspan.

 De izquierda a derecha según las agujas del reloj: Price, D'Angelo, Shechtman, Greenspan y Jonathon Sherman, con Gomes en el centro. 

 Según personas que conocen el tema, Chiasson se percató de las amplias marcas en el cuello de los Sherman, el rastro de los cinturones con los que los habían amarrado a las barandas de la piscina. Pero pensó que no los estrangularon con ellos. Chiasson también detectó otro tipo de marcas, que eran más angostas, como si hubieran sido hechas por un cable o una cuerda. Nada de eso había sido encontrado en el lugar. Si Sherman se ahorcó de las barandas, obviamente no habría podido eliminar lo que fuera que dejó ese segundo tipo de marcas. Era mucho más probable que otra persona lo hubiera colocado en esa posición. El equipo de Greenspan comunicó de inmediato los hallazgos de Chiasson al escuadrón de homicidios, y se ofreció a que el forense informara a la policía. Pero pasó más de un mes hasta que Gomes, la superiora de Price, se entrevistó con Chiasson. Poco después de ese encuentro, Gomes anunció en conferencia de prensa que ahora la policía creía que los Sherman habían sido víctimas de un asesinato planificado.

La fuerza culminó a fines de enero las indagaciones en el 50 de Old Colony, seis semanas después del hallazgo de los cuerpos. Klatt aguardaba con un grupo de investigadores forenses retirados para hacerse cargo del lugar. Emprendieron una nueva búsqueda de huellas digitales y palmares y usaron una aspiradora especializada para recolectar fibras que podrían no ser visibles a simple vista.

Con unos 1100 metros cuadrados la casa presentaba un complicado rompecabezas. Por un lado la piscina no era necesariamente el lugar donde habían ocurrido las muertes. La noche del 13 de diciembre los Sherman volvieron por separado a la casa, y la que llegó primero fue Honey. Al parecer Sherman dejó sus cosas cerca de la puerta lateral por la que solía entrar desde el garaje en desnivel, que tal vez haya sido el lugar donde fue atacado. El iPhone de Honey, que ella habitualmente tenía a mano, apareció en un tocador en la planta baja que ella nunca visitaba.

El equipo privado no contó con el mismo acceso que la policía. Su relación con la fuerza era fría, y algunos agentes se negaron a aportar información básica. En la segunda autopsia el forense que dirigió el examen original había entregado al equipo de Greenspan una carpeta con fotos del lugar del crimen. Cuando los agentes se enteraron exigieron la devolución de las imágenes. (Greenspan las devolvió, aunque su grupo ya las había estudiado). No sólo se trataba de que a los policías de Toronto les molestaba que dudaran de ellos; no veían mecanismos legales para compartir las pruebas que habían reunido, en tanto cualquier abogado defensor seguramente aprovecharía el menor indicio de relación impropia. También temían que la utilización de pruebas de los investigadores externos pudiera exponerlos a cuestionamientos legales.

Sin temor a los riesgos, los hijos de los Sherman siguieron financiando la investigación. Para ellos el dinero no era un problema.

Relaciones en disputa

Las finanzas de Barry Sherman eran complejas. Había dejado dos testamentos, los dos estipulados en 2005. El primero abarcaba activos personales como bienes raíces, con un valor que los fideicomisarios calculaban en 69 millones de dólares canadienses. El segundo incluía a ciertas acciones de compañías privadas, incluyendo a las entidades que controlaban Apotex. (Los testamentos fueron difundidos después de que el periodista Kevin Donovan, del Star, presentara una demanda, como parte de una acción que los Sherman llevaron hasta la Suprema Corte). Pero el grueso de la riqueza de Sherman residía en un par de fondos creados para transferir dinero a miembros de su familia. Uno sólo tenía como beneficiarios a sus hijos con Honey; el otro permitía distribuciones discrecionales a más parientes. En cualquier caso, los cuatro hijos de los Sherman debían quedarse con la mayor porción de activos.

Era claro que Jonathon tendría una función en administrar la riqueza familiar. Además de ser el hermano más orientado a los negocios también era uno de los cuatro fideicomisarios del patrimonio de su padre, junto con Kay; Brad Krawczyk, entonces esposo de Alexandra, y Alex Glasenberg, quien dirigía la casa matriz de la familia, Sherfam. Desaparecido Sherman, los fideicomisarios estaban formalmente a cargo de Apotex.

Uno de los primeros cambios llegó a fines de enero de 2018, cuando dejó la empresa Desai, a quien Sherman se había negado a despedir luego de las acusaciones de espionaje por parte de Teva. En declaraciones a la policía, Desai dijo que sin Sherman "no tenía protección ni respaldo" para continuar en su función.

Eso planteaba la cuestión de la estrategia empresarial general. Concentrado en el crecimiento a largo plazo, Sherman había mantenido el gasto en investigación y desarrollo en un nivel considerablemente por encima del de sus pares en el sector. Y su plan de expandir la producción, que incluía una nueva planta en Florida y más líneas de fabricación en Canadá, exigía mayores aportes de capital. Aunque era un gran productor de medicamentos según la escala de Canadá, Apotex no tenía el alcance mundial de rivales como Teva; algunos colegas afirman que Sherman había llegado a la conclusión de que con el tiempo tendría que vender la compañía. Pero sólo lo haría una vez que hubiera llevado a la práctica sus ideas.

Hacia marzo de 2018 Jonathon y sus hermanas tomaron la decisión formal de vender Apotex antes de lo previsto. En un memorando a los fideicomisarios dijeron que su deseo era salir del negocio "lo antes posible (9-18 meses máximo), y con el valor más elevado posible", de modo de liberar dinero para "financiar plenamente" sus futuros emprendimientos de caridad. Como anticipo del cumplimiento de esas instrucciones, Apotex redujo el gasto en I&D, buscó desprenderse de activos y suspendió planes de inversiones. Con el tiempo hubieron de vender a pérdida la instalación de Florida.

No todos los fideicomisarios estaban contentos con la estrategia. Kay había trabajado junto a Sherman desde principios de los ‘80. Tenía oficinas adyacentes, separadas por un pequeño pasillo, y habían pasado miles de horas juntos, a menudo en debates cordiales sobre religión y otros temas. Kay quería continuar con los planes de Sherman, afirman personas al tanto del asunto, porque estaba convencido de que el adelantamiento de la venta habría horrorizado a su amigo. Por otro lado, a Jonathon le fastidió la decisión que Kay tomó unos meses después de las muertes, de trasladarse a la oficina de Sherman. Para Kay se trataba de un cambio práctico, que permitiría liberar espacio. Jonathon lo interpretó como un desborde.

En diciembre de 2018, poco antes del primer aniversario de los crímenes, Jonathon pidió reunirse con Kay. Fue educado pero firme al informarle que había concluido su trabajo en Apotex. A partir del día siguiente ya no podría entrar a su oficina. Aunque Kay estaba molesto, parecía resignado ante la situación, ya que los dos llevaban meses de disputas. No tardó en retirarse hasta su auto.

Esa no fue la única relación antigua que no sobrevivió a las muertes de los Sherman. En un servicio en su recuerdo organizado en un salón de convenciones al que asistieron unas 6000 personas, Jonathon anunció un plan para honrar el legado filantrópico de sus padres. "Nos gustaría anunciar la creación de la Fundación Honey y Barry para Donaciones", dijo en su discurso. Imaginaba también un papel para la hermana de Honey, Mary Shechtman: "Nos gustaría pedirle a nuestra tía Mary...que nos ayude a orientar la fundación de la manera que mejor honre a nuestros padres".

Pero los hermanos terminaron cortando relaciones con Shechtman, la confidente más cercana de su madre. Una de las causas de la ruptura era el dinero. Gente al tanto del tema y correspondencia examinada por Businessweek indica que, poco después de las muertes, Shechtman empezó a alegar que Honey pensaba dejarle cientos de millones de dólares, equivalente a buena parte o a todo el dinero que Sherman preveía transferir a su esposa. Shechtman repitió esa afirmación en meses posteriores y agregó la demanda de otros activos, como joyas y bienes raíces. Honey "quería que yo y mis hijos tuvieran todo lo que era suyo", escribió Shechtman en un mail. "Ella sabía que el valor de todo su patrimonio iba a ser mínimo comparado con todo lo que ustedes iban a heredar, y ninguno lo necesitaría financieramente". (Un portavoz de Shechtman se negó a hacer comentarios).

Incluso si se hubiera efectuado la transferencia a Honey, todo indica que ella no preparó un testamento, o no ha podido ser localizado. El dinero al que Shechtman se consideraba acreedora era parte de la herencia de los hijos. No asombra que se negaron a dárselo. "No puedo ceder por gusto la herencia de mis hermanas sólo porque Mary dice que le pertenece", escribió Jonathon en un mensaje entre hermanos.

El misterio del transeúnte

Mientras los hijos de los Sherman trataban de comprender su nueva situación, la policía investigaba las relaciones financieras de sus padres. Con su estilo combativo y un modelo de negocios centrado en absorber ingresos que de otro modo habría terminado en las grandes farmacéuticas, Sherman acumuló una buena dosis de enemigos en la industria. En una entrevista para Prescription Games, el libro de 2001 de Jeffrey Robinson, Sherman decía preguntarse por qué alguna empresa grande medicamentos no "contrataba a alguien para liquidarme". Después agregaba: "Tal vez me sorprende que eso no haya ocurrido".

Había allí un toque dramático: las compañías que cotizan en Bolsa prefieren las acciones legales a contratar asesinos. Y según una persona con conocimiento de la pesquisa, la policía no tenía como sospechoso potencial a nadie que hubiera hecho tratos con Sherman. Basándose en la escena del crimen, tampoco tenían la seguridad de que los asesinatos hubieran sido obra de profesionales contratados. En Canadá, como en otros países occidentales, las muertes por encargo se ejecutan con un o dos balazos rápidos a la cabeza.

En cambio, varias personas en la órbita de los Sherman suscitaron un interés considerable de los detectives. El más obvio era Winter, el primo que demandó a Sherman por una parte de Apotex. Los investigadores se concentraron inicialmente en él, dijo la persona al tanto del tema, y Price lo entrevistó largamente. Winter no había ocultado su rabia con Sherman, a quien acusaba de haber tapado un acuerdo opcional que lo beneficiaba a él y a sus hermanos. Tres meses antes del crimen un juez del Superior Tribunal de Justicia de Ontario había descartado la demanda de Winter. Poco después de las muertes, Winter declaró a la Canadian Broadcasting Corp que alguna vez había fantaseado con matar a su primo, al decir que "simplemente lo decapitaría cuando saliera del edificio de Apotex". Después agregó que "querría hacer rodar su cabeza por el estacionamiento". (Winter se negó a hacer comentarios).

Price y su equipo también se fijaron en D'Angelo, cuyos fallidos emprendimientos con cervecerías, restaurantes y películas habían sido financiados por Sherman antes de que lo amenazara en 2017 con cortar esa ayuda. (Con el tiempo el patrimonio de los Sherman habría de perdonar las deudas de D'Angelo tras determinar que no había forma de recuperar el dinero). Y también evaluaron a Jonathon, quien se había adelantado a dejar su marca en el imperio familiar y era uno de los principales beneficiarios de la desaparición de sus padres.

Para establecer si alguno de esos tres podría haber participado, la policía analizó registros de números telefónicos que se sabía que usaban para rastrear sus comunicaciones y paraderos antes y después de la muerte de los Sherman. Los agentes también consiguieron las "descargas de las torres" -datos que muestran los dispositivos que estuvieron conectados a una torre celular en un período determinado- correspondientes a la zona en torno a Old Colony Road, así como a los lugares donde había estado la pareja en las horas previas a su muerte. La policía podría revisar si los números que aparecían eran los de Winter, D'Angelo, Jonathon o cualquier otra persona en el radar de los detectives, por caso alguien que tuviera una dirección empresaria vinculada a alguno de ellos. Pero el análisis de los teléfonos y otras indagaciones policiales no aportaron evidencia concreta, dijo la persona al tanto de la pesquisa. Y a pesar de que cualquiera de los tres tenía un motivo potencial, los detectives no los pudieron conectar con los crímenes.

En el otoño boreal de 2018, más de 10 meses después de los asesinatos, Greenspan convocó a una conferencia de prensa. Su intención era anunciar que la familia Sherman había establecido una línea telefónica para reunir pistas y que ofrecía 10 millones de dólares canadienses a quien aportara datos que pudieran facilitar procesamientos. Greenspan agregó su esperanza de que el dinero indujera a que alguien con conocimiento diera la cara. "Y mientras esa persona se vuelva rica, los compañeros que participaron de este crimen queden sujetos a una acusación.

Greenspan también aprovechó la ocasión para cuestionar a la policía, y se refirió a los descubrimientos de sus propios investigadores. Dijo que los agentes de Toronto "no habían examinado ni evaluado adecuadamente la escena del crimen" y "tampoco se habían percatado de la forma sospechosa y armada en que estaban colocados los cuerpos", lo que condujo a la descartada sospecha de un homicidio-suicidio. Añadió que la policía no había revisado todos los puntos de ingreso en la vivienda y pasó por alto "al menos 25 huellas dactilares". Greenspan dijo que hacía esas afirmaciones en parte para "avivar el fuego" en la policía de Toronto, que seguía negándose a cooperar. La exhortó a aceptar una "sociedad público-privada" en la que investigadores externos podrían aumentar los recursos de los detectives de la ciudad, y aseguró que las pruebas de su equipo podrían resistir el escrutinio de un futuro juicio.

En contra de lo que deseaba Greenspan, las dos investigaciones no pasaron a trabajar con mayor cercanía después de sus afirmaciones. Más bien se ensanchó la separación. De manera discreta la policía había dado con una pista que la intrigaba. Al principio de la pesquisa los agentes habían recorrido el barrio en busca de filmaciones captadas al momento de los crímenes. (La pareja no tenía cámaras en su propiedad). Los moradores reconocieron a todos los que salían en los videos, salvo una excepción: una figura solitaria con abrigo y sombrero o capucha a la que se veía durante una curiosa cantidad de tiempo cerca de la casa de los Sherman.

Con todo, las imágenes eran muy malas. La persona tenía un vago aspecto masculino -la policía empezó a denominarlo el "transeúnte" en documentos judiciales- y parecía medir entre 1,67 y 1,80 metro. Pero resultó imposible descifrar su rostro u otros detalles. Su único rasgo distintivo era la manera de caminar, dando a cada paso una patadita con el pie derecho. Los detectives consideraron sumamente sospechoso ese comportamiento, tanto que en un documento solicitando una autorización indicaron que su "teoría de investigación (sostiene) que este individuo estuvo implicado en los crímenes". Pero no pudieron determinar su identidad.

En 2019 la investigación llevaba más de un año y no habían detenido a nadie. La línea para recibir pistas creada por Greenspan había cosechado un gran volumen de llamados, pero la mayoría correspondía a chiflados o supuestos videntes. Algunos aportaron información útil. Pero ninguno era el conocedor que podría haber destrabado el caso.

Distancia familiar

A comienzos de 2019 Alexandra dejó de responder llamados o mensajes de Jonathon. Antes de eso los hermanos, que habían sido muy cercanos desde la infancia, se mantenían en comunicación regular. Por caso, si bien Greenspan representaba a los cuatro hijos, eran Jonathon y Alexandra quienes constituían sus clientes y se reunían habitualmente con él. Lauren y Kaelen, no se vincularon en profundidad con la pesquisa privada.

En abril Jonathon envió a Alexandra un largo mail titulado "Te extraño, por favor léelo". Allí le decía que "siempre te consideré mi confidente más cercana, y me duele mucho que ya no quieras hablar conmigo". Luego continuaba: "Si hice algo que te molestó al punto de que ya no respondes mis llamados, ¿podrías explicármelo por favor?". Con el tiempo descubrió qué había pasado. Cuatro personas al tanto de las opiniones de Alexandra contaron que ella empezó a pensar que Jonathon podría haber tenido algo que ver con la muerte de sus padres. No queda claro qué la condujo a esas sospechas; en opinión de la policía, señaló la persona al tanto de la investigación, esa idea no se basaba en ninguna prueba.

Alexandra contrató a su propio abogado, John Rosen. En agosto de 2019 Rosen le mandó una carta a Greenspan. Decía en ella que Alexandra quería que Greenspan "pusiera fin a la investigación paralela y entregara de inmediato una copia de sus archivos a los investigadores del Servicio de Policía de Toronto". Mientras tanto, agregaba Rosen, Greenspan "ya no estaba autorizado a decir en público que la representaba". Aunque Jonathon quería seguir trabajando con Greenspan, el letrado llegó a la conclusión que no sería aconsejable su continuidad. Su pesquisa finalizó oficialmente en diciembre de 2019 y sus descubrimientos fueron entregados a la policía. (Un representante de Alexandra rechazó hacer comentarios más allá de la declaración de que ella sigue "confiando en que se pueda resolver el caso" y exhorta a todo aquel que tenga información que se contacte con el escuadrón de homicidios).

Al tiempo que se rompía la relación de Jonathon con Alexandra, surgían tensiones entre él y Glasenberg, el gerente de Sherfam. Oriundo de Sudáfrica, Glasenberg había trabajado para Sherman desde los años ‘90 y sabía más que nadie de sus actividades empresarias. Documentos examinados por Businessweek indican que Jonathon sostenía que Glasenberg se negaba a compartir información a la que tenía derecho y tomaba decisiones clave sin consultarlo. (Un representante de Glasenberg negó las acusaciones y dijo que "en todo momento actuó de manera limpia y adecuada en sus tratos con Jonathon Sherman, y se ha regido por su papel de fideicomisario entre otros deberes").

Alexandra y sus hermanas tomaron partido por Glasenberg en lo que pronto se transformó en una disputa mayúscula. La situación se agravó en 2020 al punto de que Jonathon amenazó con ir a la Justicia para presentar una demanda que sin dudas habría llamado la atención de los medios. Mediante sus abogados las mujeres respondieron que si lo hacía, ellas podrían pedir el desplazamiento de Jonathon como fideicomisario patrimonial. Antes de que alguno de ellos presentara una demanda los hermanos pactaron una mediación profesional. El proceso condujo eventualmente a la designación de un nuevo directorio en Sherfam, con la presencia de un representante designado por cada uno de los hermanos. Tras asumir a mediados de 2021 la primera tarea del nuevo directorio consistió en llevar a la práctica la venta de Apotex.

Mientras tanto la policía continuaba investigando sin dar actualizaciones públicas de su avance. Siguieron tratando de determinar la identidad del transeúnte pero no tuvieron resultados. Price divulgó un video corto del misterioso personaje y apelar a la ayuda ciudadana para identificarlo. En vista de que ya en 2018 los detectives estaban al tanto de la presencia de esa persona, ¿por qué esperaron tanto para difundir el video? Los críticos creían que la fuerza estaba tratando de mostrar que su pesquisa no había sido totalmente infructuosa. Una interpretación más caritativa sostenía que Price esperaba reactivar el interés del público y conseguir que se diera a conocer algún testigo previamente no identificado.

Han Idsinga, el actual jefe del escuadrón de homicidios, destacó en público que no es raro que los casos complejos de homicidios tarden años en resolverse. Aunque la investigación de los Sherman sigue vigente, no tiene la actividad de antes. Gomes, la primera detective a cargo, ha sido ascendida y ya no trabaja en homicidios. Price también fue ascendido y ahora es sargento, con la responsabilidad del manejo general del caso Sherman. Un solo detective, Dennis Yim, está asignado al caso a tiempo completo. Yim se concentró recientemente en sondear las operaciones financieras de Sherman en Estados Unidos, que incluyen la compra de varias empresas fachada y entidades en paraísos fiscales. Aun así, la mayor esperanza actual de los detectives es que de algún modo aparezca alguien con información que les permite hacer un avance.

Mientras los Sherman estaban con vida los hijos eran parte de una red estrecha de familias ampliadas que se reunían en los elaborados festejos religiosos judíos que organizaba Honey en su casa. Ahora muchos de esos vínculos se han roto. Jonathon y Alexandra no se hablan desde 2019. Cuando se comunican lo hacen a través de sus abogados. Alexandra también se separó de su esposo, y Kaelen se divorció del hombre con el que se casó luego de los crímenes.

Las gestiones del nuevo directorio de Sherfam por conseguir un comprador para Apotex fueron exitosas y el año pasado la compañía anunció que sería adquirida por SK Capital Partners, un fondo privado de Nueva York. No se reveló el precio, pero se estima que el valor de Apotex rondó entre los 3000 y 4000 millones de dólares canadienses. Pronto el principal activo de los Sherman será convertido en dinero y dividido entre sus herederos. En cuanto al resto del patrimonio de Sherman, las actividades financieras de sus hijos tendrán cada vez menos conexión entre sí. (Lauren vive en la Columbia Británica. Kaelen tiene actividad en Israel; en 2021 gastó US$ 41 millones una sucursal de los hoteles Ritz-Carlton).

Jonathon utilizó parte de su dinero para contratar a un segundo investigador privado llamado Robert Seiden. En diciembre Alexandra conmemoró el quinto aniversario del crimen con una declaración de prensa, firmada sólo por ella, en la que reiteraba que la recompensa "sigue disponible. Pocos días más tarde Jonathon hizo un anuncio separado en CBC: había dispuesto sumar otros 25 millones a la recompensa.

La versión original de esta nota se publicó en el número 358 de revista Apertura.

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