

Bruce Willis convirtió una propiedad rural de Hailey, en Idaho, en una mansión de estilo rústico con comodidades poco habituales, desde una piscina con cascadas y una gruta hasta superficies exteriores con calefacción para facilitar el mantenimiento durante las nevadas.
El actor de 71 años, recordado por películas como Duro de matar y El sexto sentido, vendió la finca en 2018 por US$5,5 millones, después de permanecer siete años en el mercado inmobiliario con un precio inicial de US$15 millones.
Cómo era la mansión de Bruce Willis
La finca estaba ubicada en Hailey, cerca de Ketchum y de Sun Valley, una región montañosa reconocida por sus países, sus actividades al aire libre y su atractivo para visitantes de alto poder adquisitivo.
Willis compró el terreno en 2003 y emprendió una transformación de la vivienda principal. El resultado fue una residencia de aproximadamente 780 metros cuadrados, diseñado con una estética de cabaña de montaña y espacios amplios para compartir.
Entre sus principales características se encontraban:
- Seis habitaciones en la casa principal.
- Una casa de huéspedes independiente.
- Un gimnasio privado.
- Varios estanques y arroyos distribuidos por el terreno.
- Una piscina exterior con calefacción, cascadas, toboganes y una gruta.
- Terrazas y caminos con pavimento calefaccionado para reducir la acumulación de nieve durante el invierno.

Qué tenía la piscina y cómo funcionaba la calefacción exterior
Uno de los elementos más llamativos de la residencia era su piscina al aire libre, integrada en un entorno de rocas y cascadas. El diseño también incorporaba una gruta y varios toboganes acuáticos, características que le daban a la zona recreativa una apariencia de parque acuático privado.
La calefacción se ubicó en la piscina y en parte de los pavimentos de las terrazas y del acceso a la casa principal. El sistema está pensado para hacer frente a las bajas temperaturas y las nevadas locales.
Cómo era el interior de la mansión
La casa principal tenía una estética de refugio de montaña, con abundante madera, una chimenea de piedra y grandes ventanales.
La sala de estar se distinguía por su distribución hundida, sus pilares de madera y sus estanterías empotradas. Mientras que la cocina también había sido renovada e incorporaba gabinetes de madera oscura, superficies de trabajo grises y electrodomésticos de alta gama. El equipamiento incluía dos refrigeradores, una cocina de seis quemadores con hornos dobles y dos lavavajillas.
En la planta superior se encontraba una amplia suite principal con chimenea a gas, estanterías integradas y dos balcones calefaccionados.













