

Levantarse y hacer la cama automáticamente es un hábito común para muchas personas amantes del orden. Sin embargo, esto puede favorecer la presencia de ácaros y bacterias en la cama.
Según lo explica el dermatólogo Sean McGregor para un artículo de Cleveland Clinic, el tiempo que pasamos en la cama la convierte en un caldo de cultivo para ácaros, bacterias y alérgenos y también en un espacio donde pueden acumularse piel muerta, sudor, aceites y tierra.
En ese sentido, la recomendación para garantizar una buena rutina de higiene cuando se trata de la ropa de cama es contemplar desde el tipo de agua que se elige para lavarlas hasta la forma en la que se cambian las sábanas.
Por qué la cama no debe hacerse a primera mañana
El experto indica que lo ideal es dejar la cama sin hacer durante un rato después de levantarse.
La explicación es sencilla: tanto sábanas como acolchado acumulan sudor después de una noche de descanso, por lo que se necesita tiempo para que la humedad desaparezca.
Cuando no se aguarda para tender la cama, la humedad presente en las sábanas brinda a los ácaros de polvo y las bacterias un ambiente propicio para prosperar.

Las sábanas no se lavan con agua común: cuál es la recomendación
De la misma manera, el consejo es no lavar la ropa de cama utilizando agua común, sino optar por agua caliente, dado que el calor ayuda a eliminar los ácaros del polvo.
Mayo Clinic también recomienda lo mismo para reducir la presencia de ácaros: “Lava todas las sábanas, mantas, fundas de almohada y cubiertas de cama con agua caliente a una temperatura mínima de 54,4 °C para eliminar los ácaros del polvo y sus alérgenos".
Con qué frecuencia deben cambiarse las sábanas de la cama
De acuerdo con Cleveland Clinic, la frecuencia ideal es lavar las sábanas cada una o dos semanas. Edredones y almohadas pueden lavarse cada seis meses o según se considera necesario.














