

Viajar, caminar, hacer ejercicio, encontrarse con amigos o comenzar una actividad nueva después de cumplir 65 años pueden formar parte de una etapa con más autonomía. Mantenerse activo no exige realizar entrenamientos exigentes ni cumplir una rutina idéntica para todos. El movimiento puede integrarse mediante actividades cotidianas, recreativas y sociales que resulten agradables y posibles de sostener.
Para ello, el documento “WHO Guidelines on Physical Activity and Sedentary Behaviour”, publicado en 2020 por la Organización Mundial de la Salud (OMS), reúne recomendaciones basadas en evidencia para niños, adolescentes, adultos y personas mayores. La guía contempla la frecuencia, la intensidad y la duración de la actividad física necesarias para obtener beneficios, y también analiza la relación entre el comportamiento sedentario y distintos resultados de salud.
Para las personas mayores, la OMS propone combinar actividad aeróbica, fortalecimiento muscular y ejercicios que trabajen el equilibrio y la coordinación. La guía aclara que cualquier cantidad de actividad es mejor que ninguna y que el nivel debe adaptarse a la capacidad funcional. Esto amplía las opciones: caminar, bailar, nadar, hacer gimnasia, participar en tareas domésticas activas o incorporarse a una propuesta recreativa también cuentan.
Elegir una actividad que dé ganas de volver
La actividad más conveniente no siempre es la más intensa, sino aquella que despierta interés y puede convertirse en hábito. Algunas personas prefieren caminar solas; otras encuentran mayor motivación en un grupo, una clase o un club. Empezar con una frecuencia posible, organizar los traslados y aumentar el esfuerzo de manera gradual puede ayudar a sostener la práctica. Cuando existe una condición de salud o se retoma el ejercicio después de mucho tiempo, corresponde consultar cómo adaptar la actividad.

Mantenerse activo también incluye la participación social. La investigación cualitativa publicada en Aging & Mental Health, incluida en la propuesta original, entrevistó a 11 adultos de entre 70 y 90 años con incontinencia que continuaban realizando actividades sociales. Los autores identificaron siete factores vinculados con esa participación, entre ellos el deseo de relacionarse, la disposición a realizar actividad física, la confianza para manejar la situación y la disponibilidad de dispositivos y baños accesibles.
El estudio no establece que esos factores produzcan por sí solos una mayor participación y, por tratarse de una muestra reducida, sus resultados no representan a toda la población. Sin embargo, aporta una mirada útil: contar con recursos concretos y organizar la actividad puede ayudar a que una necesidad de cuidado no ocupe el centro de la experiencia.
HIT se presenta desde ese lugar habilitador. La marca de Newsan desarrolló una línea para mayores de 65 años con vida activa que incluye ropa interior descartable, pañales y apósitos. Entre sus características, los productos incorporan la tecnología StayDry, que favorece a una absorción rápida y una menor sensación de humedad; el control de olores aporta discreción y el indicador de humedad ayuda a reconocer el momento del cambio.
Prepararse para que el plan sea protagonista
Antes de salir, organizar la ropa, la hidratación, las pausas y los elementos personales reduce imprevistos. Para quienes presentan escapes, elegir una protección adecuada al tiempo y al tipo de actividad puede sumar tranquilidad. Si los episodios aparecen con frecuencia, deben evaluarse profesionalmente. La vitalidad después de los 65 puede expresarse de muchas maneras. Encontrar una actividad que genere entusiasmo, permita compartir y respete el propio ritmo es una forma concreta de seguir acumulando experiencias sin que una necesidad cotidiana determine la agenda.
Este contenido patrocinado fue elaborado con inteligencia artificial generativa y contó con la supervisión, edición y validación de un periodista de El Cronista.














