Entrevista

De Mendiguren, a fondo: la falta de dólares y su pedido de confianza al sector

Dos veces presidente de la UIA, el "Vasco" volvió a ser funcionario 20 años después. Aunque no de la magnitud de la de 2002, lo hizo en el medio de otra crisis. Cómo abordará dos grandes desafíos: la falta de dólares y la presión por tasas positivas

"¿Qué pasa en el Senado? ¿Fue Sergio?", pregunta, mirando de reojo la enorme pantalla que está a la otra punta de la mesa. Promedia la tarde de un miércoles y José Ignacio de Mendiguren, Secretario de Industria de la Nación, está lejos -muy lejos- de terminar su día. Horas antes, había recibido en esa misma sala a la embajadora de España por un convenio de cooperación en economía del conocimiento y su agenda seguía con más reuniones. Como el día anterior, cuando juntó a todos los eslabones de la industria automotriz -terminales, proveedores, concesionarios, sindicatos- para convocar a la mesa consultiva del sector. O poco antes, cuando recibió a la industria del vino, que peregrinó a su despacho de Diagonal Sur a pedirle un "dólar malbec" que descomprima su situación.

"Todos los días viene gente. Me piden todo", cuenta el "Vasco", como lo llaman propios y extraños. No lo dice con tono de reproche. Al contrario: ex titular, dos veces, de la Unión Industrial Argentina (UIA), en agosto cambió la presidencia del Banco de Inversión y Comercio Exterior (BICE) por la función -aunque no exactamente el mismo cargo- que ejerció en el gobierno de emergencia de 2002. Aunque no en la magnitud del colapso de la convertibilidad, la actual crisis corroe el entramado industrial, tensionado entre la recuperación de actividad -con una capacidad instalada del 69,1%, en junio, la industria creció 6,9% y alcanzó su mayor nivel desde, por lo menos, 2016, informó el Indec- y amenazas como la inflación, el cepo y las crecientes tasas de interés. "Sé los problemas que hay", reconoce De Mendiguren, quien se define a sí mismo como un empresario pyme textil. "Les pido a mis colegas industriales que tengan paciencia", subraya.

¿Qué lugar tienen las pymes en su gestión?

No voy a descubrir la importancia que tienen las pymes en el entramado industrial, en lo que significan en cuanto a generación de empleo. Un factor clave que tienen es la dispersión territorial. Las pymes están diseminadas por todo el país. Las empresas grandes, en cambio, están en torno a los centros urbanos, adonde está el consumo. Las pymes tienen una función insustituible. El empleo no se puede concentrar sólo en empresas grandes. Es imposible. Este es un entramado indispensable.

¿A qué apuntará su política para el sector?

Un eje es el fomento a las exportaciones. Actualmente, las pymes no pagan retenciones por los primeros u$s 500.000 de exportaciones y tributan el 50% por el otro medio millón. Estamos trabajando en más incentivos para las ventas al exterior. El segundo eje es el financiamiento. Conseguir un esquema de líneas de crédito que tengan una mirada federal y estratégica para potenciar las inversiones del sector. El tercero es el empleo joven. Estamos articulando con el Ministerio de Trabajo para potenciar el programa ‘Te Sumo', que ya incorporó más de 7000 jóvenes de 18 a 24 años a empresas pymes. Y el cuarto eje es la Industria 4.0 y la transformación digital. Tenemos programas que otorgan aportes no reembolsables, bonificación de tasas y capacitaciones técnicas. Impulsamos esta agenda tanto directamente como con cámaras, universidades y municipios.

¿Cómo ve al sector pyme hoy?

La pyme argentina tiene dos características: una adaptabilidad muy grande y una creatividad enorme. Yo soy pyme textil. Arranqué en 1974. En ese período, viví la inflación cero de Gelbard, que terminó en el Rodrigazo. Pasé a la Tablita de Martínez de Hoz y terminó en el Sigautazo. Después, el Austral y el Primavera: terminaron en la Híper. Más tarde, la Convertibilidad. Terminó en el 2001. Todo un período en el que nos trataron como si fuéramos cobayos de laboratorio: se probaba con nosotros cuanto invento macroeconómico existió. Con los mayores índices de ‘desdesarrollo' y una de las volatilidades macroeconómicas más importantes del mundo. Eso quiere decir que las pymes somos sobrevivientes por ese poder de adaptación a períodos en los que se pasaba de una economía cerrada a una apertura irrestricta, acompañada de retraso cambiario, que es lo que llamo el populismo financiero.

¿Por qué?

En la Argentina, siempre hay un período en el que todos somos millonarios en dólares, viajamos a Miami, compramos cuanto aparato electrónico existe en el mundo... Desde la política, esa estabilidad aparente gana elecciones. Pero hay algo que nunca falló. Los períodos de retraso cambiario siempre terminaron de dos formas: mal o peor. La Argentina se transforma en un país carísimo para exportar y baratísimo para importar. Esos saldos negativos de la balanza comercial se suplen con endeudamiento. Hasta que no prestan más. Ese día, explota. Y el péndulo empieza otra vez. La enseñanza de esto para las pymes productivas es que no hay magia. Una cosa son las finanzas, que son muy importantes para una economía, y otra el financierismo: creer que el dinero genera dinero en sí mismo, comprando bonos, arbitrando cosas... En un país, la producción es el árbol; el resto, sombra. Y acá, nos enamoramos de la sombra y se nos seca el árbol. Y pasó lo que tenía que pasar.

¿Qué pasó?

En cuatro años, no hubo un solo sector industrial que haya terminado mejor que como empezó. Récord extraordinario. Pero ya pasó. Miremos hacia adelante.

Miremos hacia adelante. ¿Qué ve?

Veníamos muy mal del Gobierno anterior. Estadísticamente, nos caíamos 40 pymes por día. No nos daban moratorias, nos embargaban las cuentas corrientes, el retraso cambiario nos mataba con la importación, las tarifas aumentaron tres veces y nosotros facturábamos la mitad. Terminamos mal. Después, vino la pandemia. Todos los gobiernos del mundo no dudaron en salir al rescate de sus economías. Ninguno dejó caer el nivel de actividad, cada uno emitió lo que pudo. La Argentina hizo lo mismo. Con una diferencia: los otros países entraron con economías estables, creciendo, sin inflación y casi sin pobreza. Nosotros, con una inflación del 54%, defaulteados en pesos -porque el Gobierno anterior ya les había metido un reperfilamiento-, obligados a refinanciar pasivos en dólares que eran impagables, sin reservas y con casi el 40% de pobreza. No podemos comparar.

La pandemia pasó y es entendible el esfuerzo. ¿Cómo se sigue, con problemas ya no tan relancionados con ella?

Es que es importante: tenemos unos puntos más de inflación por el esfuerzo que eso significó. A los Estados Unidos y Europa tampoco les salió gratis mantener sus economías. Lo están pagando con inflación. A nosotros también nos complicó salir a emitir. (Carlos) Melconian mismo decía: "Ahora hay que tirar baldazos; después vemos cómo desagota". No podíamos hacer otra cosa. Hoy tenemos problemas de inflación, es cierto. Pero tenemos 30.000 pymes vivas, que son las que nos permitieron crecer el año pasado y tener el nivel de actividad que mantuvimos hasta ahora. Esto lo digo como textil, como pyme. En la crisis, pedimos créditos baratos, moratorias, planchar tarifas... Se nos dio todo eso y hasta se nos ayudó a pagar los sueldos de 3,5 millones de personas, algo que nunca se nos hubiera ni ocurrido pedir. Conclusión: asistí al mayor rescate que se tenga memoria del sector público a las pymes. ¿Qué significa eso? Que en esa crisis, en esa confusión, hubo una decisión política hacia la pyme. Lo viví desde el banco (N.d.R.: el BICE).

¿Por qué el sector está como está, entonces?

Primero: la pyme respondió extraordinariamente. No hubo despidos, prácticamente. En el banco, dimos créditos al 70%. Todos para cambiar la matriz productiva. Cuando llegué, había 10% de incobrabilidad. Me fui con el 2,3%. Recibí el banco con $ 22.000 millones en contra. Nos fuimos con 1200 millones a favor. La gente pagó. Aumentamos 70% la cartera de financiamiento. Quiere decir que la pyme respondió. No es que recibió y no actuó. Los números están a la vista: crecimos 10,5% el año pasado, vamos con el 6% este año. Casi el 70% de capacidad instalada. Desde que asumí en la Secretaría, recorrí casi todas las provincias. Las economías regionales están funcionando, casi en pleno empleo. Ahora... ¿Qué pasó? Tenemos un problema de falta de dólares. Eso lo tenemos claro. Y estamos muy preocupados por el tema.

Lo paradójico es que es con año de exportaciones récord.

El año pasado tuvimos u$s 15.000 millones de superávit comercial. Este año, serán u$s 12.000 millones, u$s 13.000 millones, con u$s 90.000 millones o u$s 92.000 millones de exportaciones. Esto quiere decir que la economía está generando dólares. ¿Por qué faltan? Primero, porque el año pasado, al haber crecido en ese nivel, la demanda de insumos industriales creció. La matriz productiva de la Argentina -que es mi responsabilidad y lo que peleo por cambiar- tiene un nivel muy alto de insumos importados. Por cada punto que sube el producto, suben tres las importaciones. Tenemos que cambiar esa matriz.

Hay insumos que, por lo específico y la escala, se hacen en uno o dos lugares en el mundo. Y esta crisis desnudó la integración productiva que hay con el mundo, porque el faltante de un insumo de un proveedor del segundo o tercer tier obligó a parar toda una línea de producción porque no pudo entrar un producto químico clave para elaborar un insumo.

El problema es serio. Lo reconocemos. Estamos todos los días, junto con Comercio y el Banco Central, administrando los pocos dólares que tenemos para no parar estos ciclos. Vuelvo: el año pasado, importamos más por el crecimiento. Segundo: la brecha cambiaria hizo que muchos anticiparan importaciones porque pensaban que venía una devaluación brusca y salieron a stockearse. También hubo quienes triangularon con ilícitos y los estamos identificando. Y, después, nos pegó la energía, con el aumento del precio del gas. Ahí también hubo una decisión política: podríamos haber gastado menos gas y haber ido a racionamiento energético, como hace hoy Europa. Pero la decisión política fue que no se pare la producción. Tuvimos un costo mayor.

¿Cómo se sale?

Hay que incrementar muy fuerte las exportaciones. Lo estamos haciendo. Por ejemplo, a la industria automotriz le damos alivios fiscales por las exportaciones marginales porque necesitamos esos dólares. Los últimos tres meses fueron muy complicados, con una presión muy fuerte para devaluar. Eso habría sido una licuación muy importante del salario y se habría ido a precios. Salimos a tratar de achicar la brecha, que es clave para que esto no pase. Pero tratando de bajar el techo y no subir el piso abruptamente.

¿El dólar oficial hoy es competitivo?

El tipo de cambio oficial que tenemos, quizás, no es el mejor. Pero, cuando uno mira la línea histórica, tampoco es el peor: por eso, estamos exportando. Lo que no hay que cometer son esos errores de retrasarlo porque la brecha aumenta.

Usted es industrial. ¿Es realista obligar a una pyme a que sus proveedores del exterior la financien en dólares a 180 días?

Definitivamente, es un problema. Lo sabemos. Cuando uno fija un cupo en dólares... Después, casi como que hay que hacer un traje a medida para cada uno. Pero, insisto, esto es un problema coyuntural. Está claro que nadie puede tener ese nivel de financiamiento. Siempre recibo a las pymes, que vienen enojadas, con temas complejos. ¿Qué les digo? Que si, en plena crisis, el Gobierno nos dio todo para que estuviéramos vivos, ¿alguien puede creer que, si tuviera los dólares, no los va a querer dar? ¡No los tenemos! Pero vamos a estar al lado para buscar esa solución. Tienen que confiar. Tengo una fábrica de calzado. Tenía 15.000 pares en stock sin plantillas. Por una pavada, tuve todo el stock parado. Y tampoco sabía cuánto iba a poder ajustarlo porque ya estaba vendido. Sé los problemas que tuvo este tema.

¿Cómo se puede mitigar la falta de dólares?

Primero, con crédito. Hay una decisión. Tenemos que anunciar pronto un reordenamiento del crédito. Me peleo con el Banco Central, con el que sea, para tener una línea productiva. ¿Cuál era la política algunos años atrás? Tasas positivas, que las pymes jueguen con la tasa de mercado. Nosotros, en el BICE, dimos créditos con tasas por debajo de la inflación. ¿No sabíamos hacer los números? Sí, los sabíamos hacer. Pero también sabíamos que esa pyme que estaba saliendo de terapia intensiva, con una ayuda financiera razonable, hoy estaría dando empleo. Por supuesto, tenemos otro problema: a ese empleado, el sueldo no le alcanza por la inflación lo erosiona. Ese es nuestro próximo desafío. Por eso, a veces, les pido un poco de paciencia a mis colegas industriales.

Un mensaje de esperanza en plena suba de tasas.

Nosotros vamos a pelear. Soy consciente. En la crisis, no dijimos: ‘Arréglense como puedan'. Salimos al mayor auxilio, dejando claro que nuestro modelo va por la producción y el trabajo, no por la especulación financiera. Con la tasa, lo mismo. Cuando llegué al BICE, estaba entre 85% y 95% en pesos y 15% en dólares. Terminamos bajándola a 25-35% y 2%. Vamos a pelear por mantener eso, porque ese crédito no falte. Nos dio resultado. Lo de 2002 no fue mágico: se transformó a la mayor crisis social, política y económica en el periodo de crecimiento más largo de la historia argentina. ¿Por qué? Porque la Argentina tiene negocios: agroindustria, textil, metalmecánica. Tiene el mejor emprendedurismo del mundo. Y está la plata. Conozco a mis colegas: si les damos mercado y un poco de estabilidad, la economía no para. Todos tienen su canuto. Y lo ponen. Y, si no, se la piden a quien sea. Tenemos que darles eso. Que haya un marco de previsibilidad en lo político. Vamos detrás de eso. Por eso, les digo: "Confiá. Si en plena crisis no te solté la mano, no te la vamos a soltar ahora".

Cumplir con el acuerdo con el FMI lleva a pisar el freno. Y ustedes también necesitan pisar el acelerador para que no caiga la actividad.

Nosotros buscamos orden fiscal. Pero no para parar la economía, sino para mantener el nivel de actividad. ¿Dónde se ve la diferencia? En el salario. Para nosotros, no es sólo un costo. Es el motor del mercado. ¿Cuál es la gran diferencia entre esta negociación con el Fondo y las anteriores? Que ahora, propusimos ir a un plan de estabilización pero manteniendo el poder adquisitivo del salario. No quiero ajustar frenando, sino estabilizando y jugando al crecimiento. Hay dos formas de ir al equilibrio fiscal: bajar gastos o subir facturación. Hay que hacerlas juntas. No es una o la otra. Está claro que Sergio (Massa) está bajando los gastos improductivos. Pero no es esa sola la salida. La salida es disciplina en el gasto pero con un motor fortísimo a las exportaciones y la actividad.

Habló de las tasas de interés. Uno de los puntos del acuerdo con el Fondo es tener tasas de interés positivas. Eso impactará en el nivel de actividad.

Claro. Y ese es nuestro desafío. Tenemos debates internos. Es cierto que hay una obligación. En otros acuerdos, el Fondo pidió déficit cero ya. ¿Qué pasó? Sangre o fuego. Mirá cómo nos fue. Nosotros dijimos: ‘No. Vamos a ponernos en orden pero sin sacrificar crecimiento. Voy a bajar el déficit en un período que el crecimiento me permita ir bajándolo'. Nadie garantiza que, por naturaleza, ajustando vayas a crecer. Orden hay en el cementerio: los muertos están todos tranquilos. Esa es nuestra diferencia.

Si quiere fomentar exportaciones, un estímulo es sacar retenciones. Pero eso tiene alto costo fiscal.

Sí. Por eso, decimos que, si crecemos, podemos bajarlas sobre lo marginal. Si, con la situación social que tenemos hoy, te prometo que voy a bajar las retenciones, te estoy mintiendo.

¿Haberle dado un tipo de cambio diferencial al campo fue algo puntual? ¿O una muestra de por dónde podrían ir las políticas sectoriales? Después del ‘dólar soja', otros están golpeándole la puerta para tener el propio.

Todos los días: me piden el ‘dólar malbec', me piden todo... Lo del campo fue un caso muy especial. Estamos en emergencia. Fuimos sobre un sector del que podíamos obtener u$s 5000 millones. ¿Cuál otro nos puede dar eso de anticipo? ¿Cuál otro tiene menor impacto en la canasta alimentaria, porque la mayoría de la soja se exporta? Además, tenía 33% de retenciones; las economías regionales no tienen retenciones. Fuimos sobre eso en una emergencia. Estamos jugando a estabilizar las variables. Tenemos que bajar la brecha y conseguir dólares, orden fiscal y que no se pierda el poder adquisitivo del salario.

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